El filósofo Cicerón se vio involucrado en política. En un tiempo convulsos para la República romana, aquel que inicialmente se había posicionado en favor de la aplicación estricta de la ley, acabaría dando apoyo al magnicidio. Pero finalmente su implicación en los asuntos políticos le costaría la vida. Josep Maria Pou se interroga sobre este personaje, y sobre las frágiles fronteras entre la justicia, la ley y la ética a través de la obra Viejo amigo Cicerón de Ernesto Caballero, que este lunes se estrenó en el Teatre Romea con dirección de Mario Gas y con la participación de Bernat Quintana y Miranda Gas. Esta obra ha sido patrocinada por Estrella Damm y se podrá ver hasta el 10 de noviembre; las entradas se pueden adquirir a través de la página web del Romea.

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El retorno de Cicerón

Dos jóvenes estudiantes están elaborando su trabajo de final de grado sobre Cicerón, pero no se ponen de acuerdo sobre el perfil del filósofo: ¿fue un intachable ejemplo moral o un simple oportunista? ¿Evolucionó con sus convicciones o se aprovechó de la situación? ¿Su intransigencia era una forma de expresar su ambición? Mientras discuten este asunto llega un extraño personaje, que se presenta como el mismo Marco Tulio Cicerón. Los dos jóvenes acabarán poniéndose en la piel de Tirón, el esclavo y confidente de Cicerón, y de Tulia, su hija muerta prematuramente, de parto. Y a partir de esta catarsis, va saliendo a la luz un Cicerón mucho más complejo de lo que inicialmente se pensaba. Un hombre íntegro, pero arrepentido por algunos errores del pasado y preocupado, también, por cosas mucho más próximas. Un Cicerón muy humano, con debilidades, pero con grandes virtudes.

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Pensador en tiempo de conspiraciones

Esta es una obra de un fuerte contenido político, que pone en duda las convicciones de los diferentes personajes y, al mismo tiempo, las del público. ¿Hay que garantizar el cumplimiento de la ley a toda costa? ¿La voluntad popular puede imponerse a los mecanismos legales? ¿Puede imponerse una tiranía de forma democrática? ¿Cuándo alguien tiene derecho a sublevarse? Las preguntas se acumulan y se enhebran. En unos tiempos agitados como los actuales, muchos esperarían encontrarse con respuestas mágicas, claras, diáfanas... Pero en realidad Caballero (y Pou) abren un debate sin soluciones mágicas. Incluso introduce un nuevo elemento de complejidad: ¿cuál es el deber de la persona hacia su círculo más inmediato cuando este es contradictorio con el deber hacia la república? Cicerón se ve sometido, también, a un conflicto de cariz personal: ¿puede poner en peligro a su familia para mantener sus convicciones? ¿Es justo que las personas que le son más próximas sufran por una decisión que él considera coherente? Del Romea se sale con más preguntas que certezas. Y eso, sin duda, es bueno.

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Recital de dramaturgia

Viejo amigo Cicerón se estrenó en julio en el Festival Internacional de Teatro de Clásico de Mérida, y ahora gira por diferentes ciudades del Estado. Y aterriza, justamente, en el Romea, que ahora dirige el mismo Josep Maria Pou. Esta pieza de Ernesto Caballero es una obra de lucimiento para el actor principal, que usa tan sólo a los otros personajes como muletas. Y Pou se siente muy cómodo en un papel que da pie a multitud de matices. Unas proyecciones de los políticos críticos con Cicerón (que reflejan al mismo tiempo sus remordimientos) no consiguen intensificar el ritmo dramático, sino más bien el contrario. Pero a pesar de todo, Pou acaba saliendo adelante con excelencia de un recital dramático que parece escrito, justamente, para unos días como estos.

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