Pablo-Ignacio de Dalmases acaba de publicar Viajes a Ifni. Tras las huellas de Santa Cruz de la Mar Pequeña (Sial Ediciones), un libro que quiere ser un repaso a las relaciones históricas entre España y el territorio del sur del Marruecos que durante algún tiempo fue provincia española. Dalmases, que es un gran conocedor del Sáhara Occidental, explora en esta obra un territorio que estuvo muy relacionado con el Sáhara español en el periodo colonial e incluso anteriormente. El gran mérito de Dalmases es hacer una elección de magníficos testimonios, de diferentes periodos y puntos de vista, y dejar que hablen por sí mismos.

El cómo y el porqué

En un libro tan exhastivo se explican muchísimas cosas sobre el modo en que España se apoderó de este pequeño enclave de la costa atlántica norteafricana. Se ofrecen datos sobre cómo se producen los primeros contactos a Ifni, cómo se cede el territorio España, cómo se discute largamente la ocupación, cómo se preparan conversaciones diplomáticas, como llega una guerra... Lo que cuesta mucho más de deducir, a través de la documentación escogida, es el porqué... En Ifni no había nada, nada de nada... Era un territorio que no era estratégico militarmente, ni políticamente, ni económicamente. La principal producción eran los higos chumbos. En más de 30 años de colonización la principal industria creada por los españoles fue una fábrica de gaseosas. Ni siquiera era fácil de llegar allí. Los problemas de comunicación eran constantes.

Por dinero, no

Es obvio que la colonización de Ifni no respondía a motivaciones económicas, tal y como argumentan algunos análisis materialistas. Los que propusieron, durante décadas, la ocupación del territorio, no presentaban argumentos económicos. Se apelaba, sobre todo, a derechos históricos, a vínculos con las Canarias, a frenar el expansionismo francés o, incluso, al simple derecho de conquista. A lo largo de los 35 años en que España dominó este territorio, no obtuvo nada bueno. Es más, los costes de mantenimiento del territorio fueron bastante elevados, especialmente en los últimos años, por el mantenimiento de una gran guarnición y por el gasto de construcción del gran teleférico. Y esto sin contar los elevados costes humanos. ¿Para qué conquistar este territorio? Por puro nacionalismo. No hay otra explicación. Algunos de los militares que habían participado en la ocupación se quejaban de que los nombrarían "fascistas imperialistas". ¿Había quizás otra definición posible?

Resistencia al abandono

Lo más sorprendente es que el abandono de este territorio tan improductivo dolió tremendamente al búnker franquista. El día de la votación en las Cortes del tratado de Fez, el 4 de enero de 1969, hubo 295 votos positivos frente a 66 negativos, pero 25 procuradores se abstuvieron de votar y 150 procuradores más ausentarse del hemiciclo. Una falta de consenso sorprendente en una institución como aquella. El desmantelamiento colonial afectó mucho a algunos prohombres franquistas. El fracaso de la descolonización guineana también pesó en el régimen. Franco no estaba dispuesto a desprenderse de ningún otro fragmento de continente africano. No lo haría. Pese a las presiones descolonizadoras de la ONU, el Sáhara se conservaría en manos de España. No se convocó el referéndum de autodeterminación que reclamaba a Naciones Unidas y, hasta que ya agonizaba el dictador, el Estado español no se desprendió del territorio. Pero sin ningún referéndum y sin dar la independencia a sus habitantes: se les entregó a Marruecos y a Mauritania de forma absolutamente ilegal.

Documentación variada

Dalmases ha dado un repaso exhaustivo, durante años, a la documentación sobre Ifni y el Sáhara. Y ha aportado alguna documentación muy curiosa, como la relativa al servicio de prostitutas creado en el enclave español. Parece ser que hasta 1956 los residentes en Ifni (mayoritariamente hombres) tenían acceso a prostitutas marroquíes. Pero con la guerra de Ifni eso cambió y el ejército tuvo que organizar el traslado de prostitutas canarias a Ifni. La presencia de estas peculiares "visitadoras" dejó un abundante rastro documental que Dalmases sigue con cuidado. En Viajes a Ifni se ponen muchos otros aspectos de la vida cotidiana en la colonia: la presencia por por todas partes de chinches y pulgas, la falta de entretenimientos, la durísima vida en las trincheras inactivas del frente, el trato de privilegio que daba el franquismo a los caudillos árabes, la poca operatividad del gran teleférico creado después de la guerra... Dalmases también rastrea la presencia de Ifni en los medios y desmiente así el tópico de "la guerra oculta". Incluso deja constancia de la presencia de actores y actrices españoles a Ifni para animar a las tropas durante el conflicto bélico. Eran encabezados por Marisol, que provocó el delirio de aquellos millares de hombres colgados en la colonia africana, y de Gila, que cogió su teléfono para retratar la absurdidad de la vida militar, en un marco incomparable para esta tarea.

Disputada Santa Cruz

La presencia española en esta zona se remonta a finales del siglo XV, cuando un noble canario construyó Santa Cruz de la Mar Pequeña, una fortificación en la costa africana para usarla como protección para las "cavalgadas" (expediciones militares para la captura de esclavos). No duró muchos años. Pero más tarde, en 1860, en los acuerdos de paz firmados tras la Guerra del África, Marruecos tuvo que ceder a España un territorio para fundar una pesquería en el sitio donde estaba Santa Cruz de la Mar Pequeña. El problema es que nadie sabía a ciencia cierta dónde estaba Santa Cruz de la Mar Pequeña. Hubo muchas dudas sobre el emplazamiento (hoy en día casi todo el mundo piensa que no estaba en Ifni, sino en Puerto Cansado, más al Sur). Y, además, conflictos diplomáticos retrasaron el la ocupación del territorio una y otra vez. Al fin, el territorio se pudo ocupar en 1934, en tiempos de la Segunda República. Niceto Alcalá Zamora estaba muy satisfecho con la conquista.

Guerra por nada

Ifni no formaba parte de Marruecos. Jurídicamente Marruecos era un protectorado dividido entre Francia y España sometido a la autoridad del sultán, pero Ifni era una colonia independiente, donde las órdenes del Makhzén, el Estado marroquí, no tenían valor. Por eso, cuando en 1956 España descolonizó la zona norte del protectorado de Marruecos, Ifni quedó en manos españolas. Eso no gustó al nacionalismo marroquí, que según las tesis de Allal el-Fassi, reivindicaba no sólo Ifni, sino todo el Sáhara, parte de Argelia, Mauritania e incluso una gran extensión del Mali. En 1957 estalló la guerra de Ifni: grupos paramilitares con el apoyo del ejército marroquí se enfrentaron a las fuerzas españolas y francesas en Ifni y Sáhara (hubo unos 400 muertos españoles y unos 8.000 árabes). En el desierto las "bandas armadas" marroquíes fueron frenadas gracias a la operación combinada hispano-francesa Teide-Écouvillon. En Ifni los españoles consiguieron replegar a sus fuerzas aisladas por los combates en el interior, pero perdieron el hinterland de la capital de la colonia. Nunca más lo recuperarían. Las trincheras quedarían a muy poca distancia de la capital. Pero España mantendría el control de la zona. Incluso establecería que Ifni era "una provincia española". Lo fue hasta 1969, cuando se decidiría devolver el territorio a Marruecos.

Monument als màrtirs de l'alliberament a Sidi Ifni. Foto: Abdeaitali (Wikimedia).

Lo único que se echa de menos

En esta excelente historia de una de las más desconocidas colonias españolas, sólo se echa de menos la documentación sobre la retirada española. Una documentación que hace algunos años sacó a la luz Guadalupe Pérez García en un artículo científico. Hubiera sido una magnífica traca final de un libro muy documentado. Guadalupe Pérez explica que el retorno a Marruecos de un territorio que era provincia española era contrario a todo el ordenamiento legal del momento, pero que el Consejo de Estado dictaminó que Ifni era tan sólo una provincia "de naturaleza funcional" (de broma, por decirlo de alguna manera). El ministro de Exteriores, Fernando María de Castiella, en una reunión secreta con una Comisión de las Cortes se encargó de preparar el terreno a la retrocesión. Castiella había sido un ultracolonialista, que en 1941, junto con José María Areilza, había publicado Reivindicaciones de España, un libro en que se argumentaban supuestos derechos históricos de España sobre grandes territorios africanos y se exigía que se ampliara el Imperio colonial franquista. Pero los años no habían pasado en vano, y en 1968 Castiella ya no era el que había sido, y puso sus conocimientos históricos al servicio de convencer a los procuradores de la necesidad de abandonar el territorio. Afirmó que Santa Cruz de la Mar Pequeña no había sido nunca una pesquería, sino un establecimiento para el tráfico de esclavos ("para conseguir mano de obra para las Canarias", explicó púdicamente). Afirmó que esta fortificación no estaba en Ifni, si no quizás en Agadir. Incluso argumentó que Capaz se había extralimitado y que había ocupado un territorio mucho mayor que el que establecían los tratados. En definitiva, que todo era mentira. Y finalmente, concluyó que el territorio no servía para nada, y que lo mejor que se podía hacer, era huir... El 30 de junio de 1969, finalmente, España abandonaba su penúltima colonia: quedaba el Sáhara.