Barcelona, 23 de abril de 1456. Hace 570 años. El Dietari de la Generalitat consignaba el acuerdo adoptado por las Corts —la máxima representación política de la sociedad catalana de la época—, que proclamaba a san Jorge patrón del Principat de Catalunya y de los condados de Rosselló y Cerdanya. Aquella anotación decía: “Aquest die fonch feta crida pública per la ciutat de Barchinona que la festa de sent Jordi fos colta generalment per tothom, com la Cort General del principat de Cathalunya, qui de present se celebre en la claustra de la Seu de la dita ciutat, ne hagués feta novament constitució”. Pero en aquella primera diada, hace casi seis siglos, ¿ya estarían presentes las rosas y los libros? ¿San Jorge, la princesa y el dragón se solaparon sobre unas celebraciones cívicas y culturales preexistentes? ¿O fue al revés?
¿De quién es patrón san Jorge?
San Jorge no es solo el patrón de Catalunya. Lo es también de otros países, como Inglaterra, Portugal, Lituania, Georgia o Aragón. Y lo es de ciudades que en otra época fueron estados independientes, como Génova, Venecia, Milán o Hannover, o capitales de antiguos dominios vinculados o no a poderes externos, como Nápoles o Ferrara. Incluso lo es de ciudades como Alcoi o de pueblos como Banyeres de Mariola, ambos en el País Valencià. En todos los casos, san Jorge sería proclamado patrón durante los siglos finales de la Edad Media. Pero en Catalunya —y a diferencia de estos otros países o antiguos estados independientes— san Jorge adquiriría la condición de patrón principal. A partir de aquí, la cuestión es: ¿por qué los catalanes eligieron a san Jorge como su patrón? Y, sobre todo, ¿qué significa "patrón principal" y por qué solo ostenta esta categoría en Catalunya?
¿Por qué los catalanes eligieron a san Jorge como patrón principal?
Mucho antes de la proclama de las Corts de 1456, san Jorge ya era una figura importante en el imaginario de la sociedad medieval catalana. A finales del siglo XI y en el transcurso de la Primera Cruzada en Tierra Santa (1096-1099), san Jorge había sido proclamado patrón de la caballería cristiana. En esa cruzada no había caballeros catalanes, pero poco después, durante la empresa militar catalana más importante de los siglos XI y XII —la conquista de los valles bajos del Ebro y del Segre (1105 – 1149)—, la caballería militar catalana, probablemente por mimetismo, lo proclamaría su patrón. Cuando las Corts de 1456 lo elevaron a la categoría de patrón principal; es decir, el santo que era designado protector de la nación, ya hacía tres siglos que lo era de la caballería militar catalana; es decir, del estamento nobiliario, uno de los tres poderes del régimen feudal catalán.
¿Por qué el patrón de la caballería militar se convierte en el patrón de la nación?
Sin embargo, en el contexto histórico de la proclama (1456), este eje caballería militar-protección de la sociedad no estaba tan claro, ya que el país estaba sumido en un convulso escenario que enfrentaba a las clases privilegiadas (nobleza militar y latifundista y oligarquías urbanas) con los sectores más humildes de aquella sociedad (maestros y jornaleros de los gremios y campesinos de remença). Solo por este motivo, elevar la figura del patrón de la caballería a la categoría de patrón del conjunto de la sociedad resulta, cuanto menos, curioso. Pero, por otro lado, un simple vistazo al paisaje sociológico de esa Catalunya en crisis lo explica. El consenso viene porque las clases populares todavía creían posible la existencia del caballero mítico que hacía gala de las tradicionales virtudes del mundo de la caballería: la desinteresada protección y defensa de los más débiles.
¿Qué fue antes, la diada de Sant Jordi o la tradición de regalar la rosa?
La investigación antropológica explica que, en la cultura de las sociedades antiguas de nuestro territorio (siglos V a. C. a III a. C.), la rosa y la espiga simbolizaban la pasión y la fecundidad, respectivamente. Y que dichos elementos eran protagonistas en las fiestas de apareamiento y de reproducción que se celebraban en el punto central de la primavera. Con la posterior evangelización (siglos II d. C. a X d. C.), la Iglesia promovería el solapamiento de esta fiesta pagana con una celebración del santoral cristiano. San Jorge reemplazaría las fiestas antiguas de apareamiento y de reproducción por una manifestación más acorde a la moral cristiana: el deseo de un cortejo o la renovación del compromiso a través de la rosa y de la espiga. Por lo tanto, la tradición de regalar la rosa, aunque no esté documentada hasta el siglo XV, es anterior a la institución de la diada.
¿Qué fue antes, la diada de Sant Jordi o la tradición de regalar un libro?
En cambio, la asociación entre la celebración de la diada y la tradición de regalar un libro es relativamente moderna. El primer Día del Libro es de 1926. Pero el primero coincidente con la diada de Sant Jordi es de 1930. Es decir, casi cinco siglos después de que las Corts declararan a san Jorge patrón y protector de Catalunya. Un dato importante para quienes, en una exhibición de imbecilidad supina —entendida esta desde la filosofía que la conceptúa como la difusión de ideas de tono y contenido despreciables— reclaman la reducción del día del patrón y protector de Catalunya a una simple fiesta del libro. O no es tal cosa, sino que quizás se presenten como los efluvios hediondos del dragón, la bestia que san Jorge mató y que, en ese imaginario medieval, representaba la peste, la guerra y la hambruna que amenazaban la nación —personificada en la princesa—.
