El Delta de l'Ebre es uno de los espacios más singulares de Catalunya. Un conjunto extenso de zonas húmedas, el mayor del país y uno de los principales de esta parte del Mediterráneo. Un territorio intensamente humanizado, caracterizado por las plantaciones de arroz, pero que mantiene un ecosistema muy rico, y que por eso ha sido declarado, desde 1986, Parque Natural. En el Delta encontramos grandes estanques rodeados de cañizares, suelos salinos con vegetación de juncos, desiertas playas de arena con grandes dunas... Un espacio ideal para ver la naturaleza, pero también para practicar deportes de aventura o para disfrutar de las especialidades gastronómicas locales.

Desembocadura del Ebre. Aerispixel. Wikipedia.

Qué ver

Es ideal visitar el Delta de l'Ebre en dos días. Podemos dedicar el primer día a la zona situada en el norte del río. Aquí sería imprescindible visitar el Ecomuseu, situado en el centro de Deltebre, donde se nos informa sobre los ecosistemas de la zona, pero también sobre las formas de vida tradicionales de la zona norte. Se puede visitar también, en la parte norte, caminando un poco, las dunas situadas cerca de la playa de Riumar. En coche, respetando las limitaciones establecidas, se puede visitar la punta del Fangar, una de las principales zonas de invernada de pájaros. Desde aquí se puede ir hacia la balsa de las Olles, o contratar una excursión en barca hacia alguna batea.

Faro del Fangar. Josep Renalies. Wikipedia.

Segunda etapa

Si se hace un viaje de dos días, se puede reservar la segunda jornada para visitar la zona situada al sur del río. Se recomienda empezar la ruta por la Casa de Fusta, un museo dedicado a las lagunas, que contiene una interesante colección ornitológica. Desde allí se puede empezar un buen paseo en bicicleta aprovechando el carril bici de la Encanyissada. La laguna de la Encanyissada es la laguna mayor del Delta, y en verano está llena de colonias de martinetes. En bicicleta también se puede visitar la laguna de la Tancada; desde las atalayas estratégicamente situadas suelen vérsese flamencos, patos y fochas.

Flamencos en el Delta de l'Ebre. Jordisanchez. Wikipedia

Un universo que viene y se va volando

En el Delta no quedan muchos mamíferos: ante la alta humanización han desaparecido los ciervos y los corzos, y quedan bien pocos erizos y nutrias. Pero en cambio la avifauna es extremadamente rica. Además de las especies locales, el Delta es una zona de paso para pájaros migratorios y los zoólogos consideran esta región como una prioridad en las políticas de protección del medio ambiente. Durante todo el año se pueden ver pájaros, pero el mejor momento es en octubre y noviembre. Hay decenas de miles de patos y de fochas que pasan cada año por la zona. Es, sin duda, la parte de Catalunya donde se pueden ver más patos: patos verdes, patos blancos... También se pueden ver garzas reales, garcetas, gaviotas de Audouin, águilas pescadoras... Pero los preferidos de los visitantes, sin duda, son los flamencos. Uno de los mejores lugares para contemplarlos son los miradores situados cerca de la laguna de la Tancada, en la parte sur del Delta.

Isla de Buda. Fotografía: Maria Rosa Ferré. Wikipedia.

Un paseo

Para los que quieran conocer la zona a pie, pueden hacer una pequeña ruta de un poco más de 5 kilómetros, saliendo desde Riumar, una urbanización del término municipal de Deltebre en la que se puede llegar fácilmente desde Tortosa. Desde el final del paseo marítimo de Riumar, donde se deja el coche, se va hacia el sureste. A medio kilómetro hay un mirador, desde donde se pueden contemplar las aves. Un kilómetro más adelante se pasa por el faro de Buda. Allí se deja el camino no asfaltado para tomar una vía asfaltada, marcada como GR99. Se pasa por numerosas instalaciones dedicadas a la pesca deportiva o a los paseos fluviales y marítimos. Un kilómetro más adelante nos encontramos al Muntell Gros o Muntell de les Verges. Es la duna más alta de la zona, desde donde se tiene muy buena vista del río y del delta. Desde aquí, podemos rehacer el camino por la misma ruta. La caminata dura poco más de una hora.

Espacio para el deporte

En el Delta de l'Ebre hay numerosas actividades preparadas para que los visitantes puedan disfrutar de deportes de aventura, especialmente en el mar y en el río. Numerosas empresas organizan cursos de submarinismo. También hay muchas posibilidades de practicar el piragüismo en las aguas del río. Los aficionados a la vela encuentran vientos muy favorables, especialmente en esta época veraniega: la oferta es muy grande, tanto para principiantes como para veteranos. Gracias a este viento, tiene mucho éxito el surf, pero también el kitesurf (el surf acuático, en que el deportista es estirado por la tracción de una cometa). Pero la oferta es muy diversificada: hay desde excursiones en barcas "de perxar" (que se desplazan por los pantanos mediante largas pértigas), hasta alquiler de embarcaciones a motor.

La gastronomía: hecho distintivo

Una de las especificidades del Delta del Ebro es su gastronomía. En el Delta se pueden degustar determinados productos que son inusuales en las mesas de otras partes de Catalunya. En primer lugar, hay ciertos productos típicos de la zona que no son muy frecuentes en otras partes. El más peculiar es, quizás, la anguila, con la que se va un fantástico arroz, pero también una sabrosa anguila con salsa. También es posible degustar las anguilas más pequeñas, las angulas, uno de los productos más apreciados y más escasos de la región. Pero hay otros platos que rara vez conocen los que no viven en la zona, y que vale la pena degustar. Entre estos hay que destacar los dátiles de mar, una concha bivalva típica de la zona (Lithodomus lithofagus). Otra concha muy apreciada son las "caixetes" (Arquea noae). Y en el Delta también se consumen las anémonas (alguien también las denomina fideos de mar u ortiguillas). Y los que no tengan problemas con los anfibios, también podrán degustar, como entrante, las finas ancas de rana.

Fiesta de la plantación del arroz. Fotografía: Biblola. Wikipedia.

Comida para los menos atrevidos

Aquellos que no quieran experimentar con la gastronomía, también podrán encontrar un plato a su medida. Los más clásicos pueden probar los diferentes arroces, como el "arroz a banda" o el rossejat, un arroz de pescado de un precioso color dorado. La materia prima, naturalmente, es el arroz estrella de la mediterránea: el arroz bomba del Delta de l'Ebre, caracterizado porque tiene una gran capacidad de absorción. También el marisco de la zona tiene merecida fama: los langostinos son los que tienen más prestigio, pero las galeras también son de un sabor refinado, aunque no tienen tan buena prensa porque acostumbran a tener poca carne. Y en temporada de caza, en el Delta preparan unos magníficos guisos de pato salvaje: una delicia poco frecuente.

Rossejat. Fotografía de Raul Moreno. Wikipedia.

Escoger dónde comer

Para los que no se quieran distanciar de la naturaleza ni siquiera para comer, una buena opción es ir a comer mejillones y ostras en las bateas situadas justo en medio de la bahía dels Alfacs. Es típico comerlos guisados en vino y acompañados de una copa de cava. Se puede llegar con golondrina desde Sant Carles de la Ràpida. Quizás uno de los mejores lugares para comer en la zona es Les Cases d'Alcanar, uno de los pueblos menos masificados por el turismo de la zona. Hay muchos restaurantes donde se ofrece la típica cocina de la zona: entre ellos se podría destacar el Bitácora, el Casa Ramon o Casa Esquerra. Y los que quieran pasar la noche en la zona, una buena opción es el hotel Cal Naudi, en Ulldecona. Un alojamiento muy acogedor con una gran terraza con vistas sobre el mar y sobre el Parque Natural. En su restaurante se ofrecen unos magníficos platos mediterráneos para cenar o para desayunar.

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