París, 15 de noviembre de 1700. Luis XIV de Francia coronaba a Felipe V como rey de las Españas. Sí, tal como suena. Con un golpe de fuerza hacían efectivo el dudoso testamento de Carlos II, el último Habsburgo hispánico, y se proclamaban reyes de medio mundo. Un curioso mapa de la época, cartografiado en la corte de Versalles, revela la auténtica ambición de Luis XIV: crear una especie de Commonwealth borbónica (rollo comida familiar de Navidad), con la presencia de todas las figuras del belén. El caganer y el cuñado incluidos. Los Borbones se expandieron por media Europa. En París, en Nápoles y en Parma fueron destronados durante el siglo XIX. Pero en cambio, en Madrid se perpetuarían en el trono y se convertirían en reliquias de una cultura intemporal que ha traspasado la barrera de los siglos.

El union de la France te del Espagne sueldos un même degré (1700), obra de Nolin. Fuente Cartoteca de CatalunyaL'union de la France et de l'Espagne sous un même degré (1700), obra de Nolin / Fuente: Cartoteca de Catalunya

La remota divisa borbónica: "París bien vale una misa"

Per entender como los Borbones alcanzan el poder, tenemos que conocer la vida y milagros de Enrique, el primer Borbón que pone las nalgas en el trono de París (1589). Entonces, Francia estaba gobernada por la caduca estirpe Valois; pero usurpar el trono requería una inversión formidable. En una serie de guerras de saqueo, mal llamadas de religión (1562-1598), todos los lobos de Francia se lanzaron a una sanguinaria carrera. Y los Borbones se entregaron con un entusiasmo delirante: amasaron una gran fortuna robando, saqueando y asesinando a miles de personas; y Enrique, líder del partido protestante y señor del bolsillo más lleno de França- fue coronado con una frase que tiene la categoría de divisa: "Paris bien vaute una messe" ("Me importa una mierda lo que digan de mí").

El sospechoso testamento

Ciento once años más tarde, Luis XIV utilizaba de la divisa de su antepasado, y daba carta de legitimidad a un testamento que, muy probablemente, era más falso que unduro sevillano. Según las fuentes historiográficas, Carlos II -el último Habsburgo hispánico- firmó el testamento a favor de Felipe de Borbón, proclamó "me duele todo" y expiró. Una curiosa y sospechosa secuencia de hechos -más próxima a un chiste desvergonzado que a un asunto de estado- que las cancillerías europeas no se tragaron, y que provocaría el estallido de la Guerra de Sucesión hispánica (1701-1715). Efectivamente, Carlos II era un auténtico despojo humano (sobre todo en los últimos años de su vida), y era imposible creer que el trazo firme de la firma era obra de aquel cadáver viviente.

Felipe V

Felipe V llegó a sus nuevos dominios acompañado por una sórdida sombra de falsificación que lo perseguiría siempre. Y eso explicaría el odio enfermizo que, sobre todo durante el conflicto sucesorio, proyectó contra catalanes, valencianos y mallorquines. Sin embargo, en cambio, sus excesos en la corte han pasado -naturalmente, de forma deliberada- más desapercibidos. No obstante, nadie niega que la casa de Felipe V fue un auténtico manicomio. Y lo que era peor: los escándalos lo habían convertido en el perplejo hazmerreír de todas las cancillerías de Europa. En las postrimerías de la Guerra de Sucesión, por ejemplo, mientras se decidida -al más alto nivel- concluir anticipadamente el conflicto, la reina proclamó que "lanzaría a sus hijos por el balcón de palacio, antes que perdonar a los catalanes".

Coronació de Felip V. Font Musée de Versailles

Coronación de Felipe V / Fuente: Musée de Versailles

Maria Gabriela

Gabriela de Saboya, la primera esposa de Felipe V y la que amenazaba lanzar a los hijos por el balcón, no desmereció nunca al rey. Tenían una relación obsesiva -una brutal adicción al sexo- que traspasaba todos los límites. Cuando menos, decía muy poco de su cultura higienista. En ocasiones Felipe se vestía con la ropa sucia de Gabriela, y en otros "andaba desnudo ante extraños; se pasaba días enteros en la cama en medio de la mayor suciedad, hacía muecas y se mordía a sí mismo, cantaba y gritaba desaforadamente, y alguna vez pegó a la reina". Cuando Gabriela enfermó (oficialmente de tuberculosis) y se le llenó el cuerpo de ganglios supurantes, Felipe se siguió acostando con ella como un poseso. Y después del luctuoso desenlace, consta que mantuvo relaciones sexuales con el cadáver de la reina.

Luís, el heredero deseado

Luís, primogénito de Felipe y Gabriela, heredó las adicciones y las perversiones de los padres; y mucho antes de ser coronado ya se había convertido en un personaje habitual de los ambientes más sórdidos de Madrid. Desde los trece años de edad, era el mejor cliente de los peores prostíbulos. Las fiestas desenfrenadas de sexo y alcohol, precedidas de las carrerillas entre la guardia real y el heredero (en una siniestra réplica del juego del gato y el ratón), se convertirían en una escena habitual; que no eran tan sólo el chismorreo popular de la Villa y Corte, sino también el chiste recurrente en las cancillerías europeas. En aquel tragicómico escenario la abdicación forzada de Felipe (1724) en favor de Lluís sólo evidenciaba que las pintas que llevaba el rey eran más calamitosas que el currículum que presentaba el hijo.

Felipe V y Gabriela de Saboya. Fuente Wikimedia Commons

Felipe V y Gabriela de Saboya / Fuente: Wikimedia Commons

Luis y Lluisa

Luis I murió prematuramente a los 17 años (1724), siete meses después de ser coronado. Oficialmente murió de viruela; y, extraoficialmente, de una infección por unas venéreas. Pero, durante aquellos pocos meses, no desentonó en absoluto con la cultura disoluta y estrambótica que habían importado los Borbones. A alguien lo describió como Fogoso como su madre, lascivo como su padre, caliente como su madrastra y masturbador como su pederasta”. Durante su efímera etapa de gobierno, conservó sus costumbres de juventud. Pero la revelación definitiva sería su esposa. Su prima Lluisa de Orleans -nieta, también, de Luis XIV- protagonizó monumentales escándalos que dejaban a Felipe V -el suegro- como un niño de pañales.

Lluís I y Lluïsa de Orleans. Fuente Wikimedia Commons

Luiis y Lluiisa de Orleans / Fuente: Wikimedia Commons

Luisa, la borracha

Efectivamente, de tal palo tal astilla. María Luisa, Borbón de los pies a la cabeza, se reveló como un compendio de virtudes: borracha hasta la extenuación, blasfema sin traba, de soberbia detestable, y adúltera compulsiva. La prematura muerte de Lluís -su marido y protector- precipitó su ruina; y Felipe V -reveladoramente sin recambios posibles en la familia y otra vez en el trono- e Isabel Farnese -la segunda esposa de Borbón-, la facturaron a París con portes pagados. Luisa tuvo una corta estancia en Madrid, pero tan intensa que su huella quedaría marcada por los siglos de los siglos en las cortinas de palacio. En cambio, los restos de los excrementos, aseguran que los limpiaron.

Imagen principal: La familia de Felipe V / Fuente: Wikimedia Commons

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