Glasgow, algún día del mes de enero de 1792. Hace 234 años. La fábrica textil Springfield Cotton Works, propiedad de los "Tobacco Lords" William Todd y Robert Muir y situada en los muelles de Kingston, introducía la máquina de vapor como fuerza motriz. La máquina de vapor de la Springfield fue la primera en una fábrica de Glasgow, pero no fue la pionera de Escocia. Seis años antes (1786) la Kennetpans Distillery de Clackmannan (a las afueras de Stirling) había introducido, por primera vez en Escocia, una máquina de vapor en la cadena de producción. Pero, aun así, la Springfield se anticipaba cuarenta y un años a la fábrica Bonaplata, de Barcelona, que sería la primera en Catalunya y en la península ibérica en introducir el revolucionario sistema motriz (1833).
¿Qué representó la introducción de la máquina de vapor en las fábricas de Glasgow?
La máquina de vapor cambiaría radicalmente la fisonomía de las fábricas y de las ciudades fabriles, como Glasgow o como Barcelona. "The Dear Green Place" (el querido lugar verde), como se conoce popularmente Glasgow, transitaría de las hilaturas de lana y de lino y de la manipulación del cuero hacia los hilados de algodón y de muselinas de gran calidad. Es la llamada "Época Dorada" fabril (1792–1850), que multiplicaría la industria textil de la ciudad: pasaría de la escasa docena de molinos de hilar de 1792 a las 52 fábricas en 1818 y a las 107 en 1831. Este dato es muy importante, porque revela que mientras en Glasgow, en 1831, había más de 100 fábricas que ya habían introducido el vapor como fuerza motriz, en el conjunto de la península ibérica no había ninguna.
¿Qué pasaba, mientras tanto, en Barcelona?
Esto no quiere decir que los centros fabriles catalanes (Barcelona, Reus, Mataró) se hubieran quedado detenidos en el tiempo. Todo lo contrario. Durante la época prevapor (siglo XVIII–1833) la fabricación catalana se había especializado en la producción de indianas, un tejido de algodón estampado que causó furor en medio mundo. La fabricación y comercialización de indianas impulsaría aquellas primeras acumulaciones de capitales que explican la posterior Revolución Industrial catalana. Pero con la introducción del vapor como fuerza motriz (1833) pasaría lo mismo que en Escocia unos años antes. El vapor aceleraría la mecanización del proceso del hilado, y la indiana —próspera en otra época y saturada en aquel momento— dejaría paso al algodón para vestir y para ropa de cama.
¿Qué hizo la máquina de vapor con Glasgow?
La máquina de vapor transformó radicalmente Glasgow. En el año 1792 (incorporación de la primera máquina en la Springfield) tenía 70.000 habitantes y ya era el primer centro urbano de Escocia (Barcelona, en aquella fecha tenía 105.000). Pero durante el siglo XIX multiplicaría por 10 su población. En 1900 rozaba los 800.000 habitantes, y en 1912 superaba el millón de residentes y se había convertido en la "Second City of the Empire" (la segunda ciudad del Imperio británico) solo por detrás de Londres. Y por delante de Liverpool, Manchester y Birmingham —los grandes centros fabriles de Inglaterra— e incluso de Calcuta, la ciudad más poblada de la India británica. Durante este periodo (1792–1912), Barcelona pasó de 100.000 a 600.000 habitantes.
¿Cómo cambió la fisonomía de Glasgow?
Las explosiones urbanísticas de Glasgow y de Barcelona tienen ciertas y curiosas coincidencias. El modelo casa-fábrica de la Barcelona de finales del siglo XVIII (como la fábrica Gònima, construida entre las, entonces, yermas y despobladas calles del Carme y del Hospital) inspiraría, de alguna forma, los "tenements" (las casas populares) de los nuevos barrios industriales de Gorbals, Maryhill y Oatlands, en la orilla del río Clyde. Y el Eixample barcelonés de Cerdà conocería en Glasgow su particular versión, engullendo los pequeños pueblos de los alrededores como Anderston, Calton, Govan y Partick. Aquella expansión, como en Barcelona, crearía dos modelos residenciales claramente diferenciados: el "tenement" destinado a albergar las clases obreras y el "tenement" de las nuevas élites burguesas que recuerda los pisos de la derecha del Eixample barcelonés.
Los "tenements" obreros de Glasgow: una marca de identidad social
Los "tenements" de las élites burguesas se situarían sobre el plano con una disposición ortogonal (barrios del "West End") idéntica al Eixample de Barcelona. Incluso los del "Southside" fueron planificados con jardines en el interior de las manzanas (el sueño que Cerdà no consiguió hacer realidad). Pero junto a las fábricas y a los astilleros se construirían otro tipo de "tenements" que iban destinados a las clases obreras, y que se convertirían en una marca de identidad social. Eran bloques de viviendas de tres o cuatro alturas construidos con "sandstone" (piedra arenisca de color rosado) y de una superficie muy limitada (1 o 2 habitaciones) que recuerda a los "cuartos de casa" de la Barceloneta, que aparecen en la misma época (finales del siglo XIX).
¿Por qué los "tenements" obreros "fabricaron" una cultura de clase?
El sociólogo Paul Willis, profesor de la Universidad de Cambridge, es el investigador que, probablemente, ha descrito mejor las pautas conductuales que explican la fabricación de la cultura de la "working class" (la clase obrera británica surgida con la Primera Revolución industrial). Willis explica que, en un escenario marcado por la inexistencia del ascensor social (las épocas victoriana y eduardiana, hasta 1945, coincidiendo con el final de la II Guerra Mundial y el principio del fin del Imperio británico), las familias de clase obrera no contemplaban un horizonte de progreso social a nivel individual. Progenitores y vástagos obreros aceptaban como un hecho natural que la forma de vida de las generaciones que se sucedían estaba, invariablemente, vinculada a la fábrica, al astillero o a la mina donde ya trabajaba el padre de la familia.
La "working class", los "pubs", el Celtic y el Rangers
Willis ve —y no sin razón— una forma de dominación y aculturación (las élites económicas sobre las clases populares o, si se quiere, una réplica de los conflictos de 1707 que explicamos en la primera parte de este reportaje). Y esta fractura nos conduce a la existencia de los "pubs" como centros catalizadores y proyectores de la cultura de la "working class"... y a la creación de las dos grandes instituciones futbolísticas de la ciudad y del país: los Rangers (1872), fundado por los obreros que Willis llamaría "totalmente aculturados" por el sistema (monárquicos y unionistas) y su contraposición, el Celtic (1888), creado por trabajadores disidentes de la idea social y política victoriana (republicanos y nacionalistas escoceses) de aquella Gran Bretaña que inmortalizaría la célebre serie televisiva contemporánea "Upstairs and Downstairs".
"Descubrir" Glasgow y el sur de Escocia
No obstante, Glasgow y el sur de Escocia son mucho más que los "tenements", los "pubs" y la histórica rivalidad "Celtic–Rangers". Aunque estos elementos son auténticas instituciones sociales que contribuyen a entender la compleja historia moderna y contemporánea escocesa. Pero para aquel lector o lectora que tiene un verdadero interés en conocer esta Escocia viva y real, alejada de los tópicos (de los kilts, de las gaitas y de los monstruos del lago Ness), Experiències ElNacional.cat, Viatges Viñolas y el autor de esta pieza han creado y organizado un viaje para descubrirla. Puede consultar las condiciones y puede inscribirse en el reportaje "Glasgow y Edimburgo con Experiències ElNacional.cat, Viatges Viñolas y Marc Pons".
