El Pony Pisador está de moda. Y no, no hablamos de la taberna que recibe este nombre en el universo fantástico de El Señor de los Anillos, sino de una banda barcelonesa que combina la solemnidad del folk —y de varias músicas tradicionales de todo el globo— con la retórica y la estética del meme. El resultado: unas melodías contagiosas que mezclan modalidades de canto como el yodel o el bluegrass con sonidos tan ignominiosos como el 'suuuuuuuu' de Cristiano Ronaldo, por ejemplo. Tan esperpéntico como divertido.

Después de ganarse la estima del público con el sencillo Tot és part de ser un pirata, este febrero el grupo formado por Adrià Vila, Miquel Pérez, Guillem Codern, Martí Selga y Ramon Anglada ha estrenado Jaja Salu2 (Guspira Recuerds, 2021), un álbum, a diferencia de los anteriores, escrito y cantado íntegramente en catalán en que doblan la apuesta por el humor absurdo y que cuenta con la colaboración de sus oyentes.

"Al principio nuestra única voluntad era hacer música, el humor simplemente era un elemento interno del grupo, un factor que nos animaba cuando nos encontrábamos. Poco a poco, sin embargo, se ha convertido en una parte muy importante, hasta el punto que ahora podemos decir que nos dedicamos a la música folk y también al gag sonoro. Los memes no sólo sirven para promocionar lo que hacemos, han tomado una gran magnitud y ahora tienen la misma importancia que la parte musical", explica Miquel Pérez, responsable del violín, las percusiones y algunas voces.

"La gente se piensa que los que hacemos folk vivimos en algún tipo de burbuja, pero no es así. Nuestra manera de hacer tiene más que ver con la edad que tenemos —entre la veintena y la treintena— y la ciudad donde vivimos que con la música que tocamos. Aplicar nuestro código al folk probablemente es extraño, pero nosotros somos así, son nuestras bromas y el público las ha recibido de manera familiar", dicen.

Reducción al absurdo

¿Pero en qué consiste este humor? Más allá de la faceta graciosa que puede exhibir en los conciertos o en las redes, si El Pony Pisador se ha ganado la etiqueta de grupo divertido es gracias a unas letras absurdas que han cautivado a miles de oyentes en Spotify y YouTube. La banda, por ejemplo, ha dedicado una canción al municipio de Su, en el Solsonès, porque el nombre de la villa suena igual que el lamentable alarido que Cristiano Ronaldo regaló al público de la Gala del Balón de Oro en 2014, una expresión que se ha convertido en el grito de guerra de la banda. "A Cristiano Ronaldo le haría feliz escuchar nuestra música. De hecho, nos gustaría que colaborara con nosotros, sólo tendría que decir su mítico suuuu", afirman haciendo cachondeo.

El grupo, además, también se ha permitido el lujo de publicar una docena de canciones breves, grabadas durante el confinamiento, en las que el estilo y la temática van por caminos muy diferentes. Así, el último álbum incluye canciones como El meu pare és un formatge; Eustaqui, l'Equinoderm esquiador La balada de Nils Olav, un tema, este último, que habla de pingüinos porque, simplemente, así lo quiso uno de los usuarios que seguía a uno de los directos del grupo por YouTube. "Nuestra interacción con la audiencia online ha aumentado muchísimo desde el confinamiento. Tenemos una comunidad de mecenas con diferentes niveles de suscripción, con grupo de Whatsapp y de Discord. Antes hacíamos una canción y no sabíamos quién la escucharía y qué efecto generaría. Ahora tenemos toda una familia detrás, sabemos muy bien qué piensan de nuestra música y también hemos podido hacer procesos de creación conjunta", explica Pérez.

Una buena manera de entender la idiosincrasia del grupo, heredero de referentes humorísticos como Astérix, Monty Python o La Trinca, es conocer como escogió la portada de Jaja Salu2. ¿Estudio de diseño, ilustradores de referencia u obras de arte renacentistas? Pues no: la banda abrió un concurso en que los usuarios tenían que hacer su propuesta con el Paint para, después, votar la más lastimosa, que finalmente fue la escogida.

Un estilo único

Hablar de El Pony Pisador, sin embargo, también implica hacer referencia a unos registros al alcance de muchos pocos grupos del continente. Bajo la etiqueta de "música de hobbits", los miembros de la banda dominan técnicas y modalidades de canto como el yodel, los sea shanties, el bluegrass o el canto tuvano; unos estilos que combinan en las canciones del último álbum y que también han querido explicar en tutoriales de YouTube. De hecho, es así, gracias a internet, como ellos aprendieron estas técnicas, originarias de lugares como el Tirol, Irlanda o Mongolia.

"Es importante saber que nuestros estudios musicales no nos han servido tanto, hemos tenido que desaprender muchas cosas. Guillem y Adrià, por ejemplo, empezaron a tocar el banjo y la mandolina en el segundo ensayo. La mayor parte de la música que hacemos la hemos aprendido a tocar gracias a El Pony", explican.

De aprendices a referentes. Antes de acabar esta entrevista, los músicos quieren enviar un enigmático mensaje a sus fans: "Zigurat, pistil y esqueix". Quizás es una referencia que se nos escapa o quizás, simplemente, es una nueva muestra de lo que son: cinco jóvenes barceloneses tan divertidos como inclasificables.

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