En Espluga del Francolí, en la Conca de Barberà, el Museu de la Vida Rural nos acerca a la vida cotidiana del campesinado, que hasta no hace mucho (en términos históricos) constituyó la mayor parte de la población catalana. Muchos museos históricos están consagrados a la vida de las élites políticas o intelectuales, pero hay que tener en cuenta que hasta las primeras décadas del siglo XX la mayor parte de los catalanes vivieron en el campo. La Fundació Carulla, promotora del museo (que se encuentra en la casa solariega de la familia Carulla), intenta que no se olvide este pasado. El Museu de la Vida Rural quiere ser, sobre todo, un homenaje al campesinado catalán, el de antes, y el de nuestros días. Durante el mes de agosto está abierto de 10h30 a 14h y de 16h a 18h30, de lunes a sábado, y el domingo no abre por las tardes (los otros meses cierran los lunes). La entrada para los adultos es de 6 €, pero hay descuentos disponibles.

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Un museo moderno de cosas antiguas

En 2009 el Museo de la Vida Rural se amplió y se convirtió en un gran museo de 5.500 m2, con vocación de incorporar formas museográficas muy modernas. Acumuló un gran fondo de piezas, clasificadas en 12 secciones. La parte más notable, sin duda, es la dedicada a los objetos antiguos. Muchos de ellos están dedicados al cultivo en sí: arados, azadas, horcas...  Hay instrumentos que si bien no son directamente utilizados en el cultivo, están vinculados a la vida del campesino. Porque una parte importante del museo está consagrada a explicar como era la vida en el campo antes de la electricidad y como eran las actividades profesionales complementarias a la agricultura (leñadores, herreros, carpinteros...). En 2012, en otra ampliación, se construyó una nueva sala donde se exponen los carros antiguos, una de las colecciones más atractivas del museo (incluye desde un carro funerario hasta el carro de recogida de leche). Pero no todo queda en la agricultura del pasado: en el Museu también se quiere explicar cómo la industrialización afectó a la agricultura. Por eso, junto a las piezas antiguas, manuales, hay sofisticada maquinaria agrícola. Y todavía dispone de 14.000 piezas en su reserva.

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Fomentar el interés por el tema

El Museu intenta fomentar el interés por el campesinado presentando las piezas de la forma más atractiva posible, siguiendo técnicas museográficas modernas, bajo el principio que no se tiene que renunciar a los lenguajes más innovadores, por el hecho de explicar cosas del pasado. De esta forma incorpora 30 audiovisuales de producción propia, se incorporan dioramas, se pueden oír grabaciones de testimonios orales e, incluso, se reproducen los olores de la vida tradicional en el campo... En el edificio anexo se dispone de un huerto ecológico y un jardín de hierbas aromáticas y medicinales. El Museu de la Vida Rural también contribuye a dinamizar la vida cultural de Espluga de Francolí, y durante el verano ha preparado una amplio programa de actividades, con actividades para todos los públicos, desde talleres para niños, proyecciones, catas de vinos...

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Madre migrante, de Dorothea Lange, 1936. Cortesía de la Library of Congress.

Las fotos de las consecuencias del desastre ecológico, en l'Espluga

Este museo, además de presentar aspectos de la vida del pasado, organiza en su piso inferior exposiciones temporales que tienen que ver con el tema del museo, pero a veces de forma más tangencial. Es una ocasión de dejar espacio a la pintura, la fotografía, el arte contemporáneo... Quién visite el Museu de la Vida Rural este verano tendrá la posibilidad, además, de ver la exposición The Dust Bowl. Cuando la naturaleza se rebela (que estará expuesta hasta el 5 de enero). Se trata de una reflexión sobre los peligros de las malas prácticas agrícolas sobre la naturaleza, a partir de un conjunto de fotografías sobre el Dust Bowl, la catástrofe ecológica y humanitaria que tuvo lugar en las Grandes Llanuras de Estados Unidos, en plena depresión provocada por el crack del 29. Centenares de miles de personas se vieron obligados a dejar sus casas por una rápida desertización del territorio provocada por el mal uso de la tierra. Era el precedente de los refugiados climáticos que, si las cosas no cambian, podrían inundar el planeta en las próximas décadas. La exposición incorpora imágenes chocantes procedentes de la Library of Congress, como las de Dorothea Lange o Arthur Rothstein, con el fin de reflejar los costes humanos de la catástrofe. Además, en la Sala Maria Font este verano se muestra una exposición de fotografías de Toni Moreno sobre los pueblos de la Conca de Barberà.

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Niño protegiéndose la cara del polvo, Oklahoma. Arthur Rothstein, 1936. Cortesia de la Library of Congress.

Etnología, y más

El Museu de la Vida Rural, muy merecidamente, forma parte de la red de museos etnológicos. Las colecciones que expone documentan de forma minuciosa las formas de vida del campesinado catalán (haciendo referencia, también, a sus formas de pensamiento y a su vida social). En un momento en que los ciudadanos cada vez se encuentran más alejados de los alimentos que consumen, y en que no paran de circular mitos sobre alimentos milagrosos, es imprescindible que la gente vuelva a ser consciente del vínculo que le une con la tierra, y del papel central que ocupa todavía, pese a todo, el campesinado que nos alimenta. En este sentido, la tarea de este museo es realmente estimulante, y suele ser muy bien valorada por los visitantes. Hay gente que en toda su vida nunca ha visto una azada. Eso no puede ser, pero en el Museo de la Vida Rural se puede resolver fácilmente.

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