Miquel Coll i Alentorn, nacido en Barcelona el 12 de mayo de 1904 y traspasado el 15 de diciembre de 1990, fue un hombre del siglo XX. Su historia de vida, aparte de conectar con la historia de la Escuela de Ingenieros de Terrassa, nos facilita elementos sustantivos para la comprensión de lo que fue la pasada centuria. En tiempo de la República, Miquel Coll Alentorn, a pesar de no ser uno de los fundadores del partido Unió Democràtica de Catalunya (UDC), figuró al lado de Manuel Carrasco Formiguera en el frente de lo que no dejaba de ser una pequeña organización. Una formación que se integraba en una corriente que tanto determinante tenía que ser en el conjunto de Europa antes y, sobre todo, después de la Segunda Guerra Mundial para bien que en Catalunya jugara un papel de segundo orden. Un segmento de la política democrática que tal vez no sintonizaba de lleno con el sentido último de la República, pero que se mostraba dispuesta a la cooperación por un marcado sentido democrático, institucional y nacional.

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Exlibris creado en 1987 por la diseñadora Teresa Costa-Gramunt, número 155 del conjunto de su obra // Fuente: Archivo de Teresa Costa-Gramunt

Si intentamos hacer una breve glosa del ideario y la filosofía política de Coll Alentorn nos encontramos con tres ejes principales. En primer lugar, se muestra como un político de una radicalidad nacional incontestable que se reclama heredera, en última instancia, de Enric Prat de la Riba. La clave, para Coll era fijar al sujeto de soberanía. Ser soberanos no era otra cosa que cumplir con los designios de la Providencia. La soberanía correspondía, por mandato divino, a la nación catalana y cualquier modalidad de articulación superior tendría que asumir este cemento de consistencia geológica. En los años republicanos, a pesar de aceptar el marco estatutario, se planteaba un horizonte confederal ibérico libremente pactado "sobre las bases de independencia política, interdependencia económica y fraternidad espiritual". Más adelante procedía a concretar el marco nacional que creía necesario, y factible en la medida en que lo asumieran los "naturales de estas regiones": las tierras de habla catalana, los Países Catalanes. El segundo de los rasgos que sobresalen en el corpus de ideas que sostiene Coll es la importancia otorgada a la cuestión social, en tanto conocedor directo, desde la condición de elemento técnico y directivo en el mundo laboral. Finalmente, si tenemos que señalar un último elemento definidor del corpus de doctrina de Coll, hay que señalar el de la decidida confrontación con la política laicista de los gobiernos del primer bienio republicano.

Ya en tiempo de la Dictadura franquista Coll Alentorn fue una de las figuras que promovió, siempre dentro de las posibilidades que ofrecían las circunstancias, la revitalización de los reducidos núcleos de activistas del partido en el interior, que lo representó en los organismos de colaboración opositora y que, durante la Transición y primeras décadas de la actual democracia, se situó en primera fila de UDC y, en nombre de esta y al abrigo de la cooperación con Convergència Democràtica de Catalunya y la consolidación dentro de CiU, ocupó roles de la más alta responsabilidad institucional en la vida autonómica.

Miquel Coll fue un político de una radicalidad nacional incontestable que se reclama heredera de Enric Prat de la Riba

Ingeniero y humanista, y de nuevo hambriento historiador, Coll Alentorn pasó a ser una figura pública en un país en qué proliferaban, cada vez más, los ejercicios de resistencia a un régimen que, en unos primeros momentos, había sido bien acogido por prohombres que ahora tenían que hacer del mecenazgo en empresas culturales de envergadura con el fin de evitar los efectos devastadores que la Dictadura podía tener sobre el mundo cultural que sostenía, al mismo tiempo, sus hegemonías políticas. Él siempre se situó en oposición a estas. Coll sobresalió en los ejercicios de recuperación de la actividad investigadora medievalística y de la tarea institucional, en el ámbito de la cultura, en los tiempos inaugurales y más oscuros del franquismo. Un trabajo que se prolongó hasta los primeros momentos de la Transición. Fue investigador de archivo y erudito, partícipe de algunos de los debates de mayor altura en relación a la condición de las grandes Crónicas medievales.

Pues bien, si enmarcan nuestro personaje entre estas dos coordenadas -acción política e historiografía- podría parecer el menos ingeniero de los protagonistas de esta serie. No obstante, Coll Alentorn no se entiende sin hacer notar la condición emprendedora, metódica y sostenida sobre la colaboración en los esfuerzos que reforzó en el paso por la Escuela de Ingeniería de Terrassa durante los años veinte del siglo pasado. Detrás del hombre político y el historiador, hubo un profesional apasionado que ocupó las horas y los días, a lo largo de los años, en la industria textil -en las colonias industriales de los valles fluviales o a las fábricas de Barcelona y la costa del Maresme-, un ingeniero que pasó con éxito complejas experiencias laborales y tuvo un papel clave en el asociacionismo de los ingenieros industriales y, en concreto, de los textiles.

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Cartel de Unió Democràtica de Catalunya // Fuente: La Vanguardia (26/04/1977)

Coll Alentorn pasó por varios talleres y fábricas radicados a Hostafrancs para acabar entrando, gracias al hombre que lo había tutelado en todo este proceso, Jaume Casals, representante de la casa inglesa Hetherington, de maquinaria de hiladura de algodón, quien lo recomendó en la casa Josep Sanglas y Hermano S. A. La condición de ingeniero se manifestó tan en el ejercicio directo de la profesión como en las iniciativas asociativas de la misma. En este ámbito, encontramos a Coll, desde el 1926 formando parte del núcleo de industriales textiles que, aun reivindicándose enfrente de los ingenieros industriales, impulsaron una asociación de defensa de intereses. Los trabajos cuajaron con la constitución de la Asociación de Ingenieros de Industrias Textiles de Catalunya. Son los primeros días de 1927. Coll Alentorn pasó a ser, como miembro de la junta directiva, el bibliotecario de la entidad que presidía Joan Gili Torres. La competencia con el asociacionismo de los ingenieros era, por momentos, feroz. No en balde estos llevaban tres cuartos de siglo, como mínimo, procediendo a dignificar, singularizar y articular su ámbito profesional y la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona contaba con una especialidad textil propia.

Coll i Alentorn abandonó las obligaciones directivas pronto, hacia 1928, pero mantuvo el compromiso con la Asociación y en las décadas de 1950 y 1960 lo encontraremos participando en varias actividades y encuentros. En aquellos momentos la Escuela de Terrassa diversificaba sus enseñanzas y asumía un cierto monopolio en la formación de ingenieros textiles. En 1965, finalmente, Coll Alentorn se incorporaba, como los restantes miembros de la asociación que él había contribuido a forjar, a la Asociación de Ingenieros Industriales de Catalunya al mismo tiempo que la Escuela pasaba a obrar como Escuela Superior de Ingenieros. Coll creyó siempre en la centralidad otorgada a unos estudios de ingeniería que les religaban con una industria que se había constituido en el hilo conductor de la prosperidad material de la Catalunya-ciudad. Un vínculo que se mantuvo, tanto en un caso como en otro, sobre el doble condición de ingeniero en ejercicio en sede fabril y de pieza clave en las prácticas de docencia científica-tecnológica y de presencia activa en las estructuras asociativas y reguladoras de la actividad de fabricantes e ingenieros. Más allá, como telón de fondo se sitúa la dimensión humanística y social puesta al servicio de un proyecto de nacionalización de presente y de futuro atendiendo al pasado como cemento, la condición democrática que constituye la raíz última (sea laica o católica) de la participación en la esfera pública, como lo es, hacia el final de sus días como al inicio del recorrido biográfico, la del mismo Coll Alentorn.

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