En Barcelona, la oferta de teatro sáfico sigue siendo escasa. A pesar del impacto y la buena acogida de montajes como Escenas de una separación en el Teatre Maldà o Una luz tímida de Àfrica Alonso en el Teatre Condal, las historias protagonizadas por mujeres que desean mujeres todavía ocupan un espacio minoritario dentro de la cartelera teatral catalana. Por eso, la llegada de Permagel al Espai Texas no solo despierta expectación por el prestigio de la obra original, sino también porque pone en el centro una voz femenina queer compleja, incómoda y alejada de los tópicos habituales.

Basada en la novela homónima de Eva Baltasar (Barcelona, 1978) —convertida ya en una de las autoras imprescindibles de la literatura catalana contemporánea—, la obra nos introduce en el mundo interior de una mujer marcada por el desencanto, la incomodidad con el propio cuerpo y una mirada ferozmente crítica sobre las relaciones, la familia y el deseo. El término "permafrost" hace referencia a la capa de tierra permanentemente congelada que se encuentra en las regiones más frías del planeta: una imagen poderosa que funciona casi como una metáfora emocional de la protagonista, una mujer aparentemente fría, que se autodefine como una lesbiana suicida, inmovilizada afectivamente y acostumbrada a sobrevivir protegiéndose del mundo exterior. Pero, bajo esta superficie helada, laten la fragilidad, el dolor y la necesidad de amar y ser amada. Este equilibrio entre dureza y vulnerabilidad es precisamente uno de los grandes retos interpretativos que asume Maria Rodríguez Soto (Barcelona, 1986), una de las actrices más sólidas y versátiles de su generación que ha protagonizado grandes éxitos cinematográficos, como las aclamadas Els dies que vindran, Mamífera, Casa en flames o Frontera, entre otras. 

Hablamos con la actriz sobre el reto de trasladar al escenario una voz literaria tan íntima y particular, sobre la responsabilidad de representar ciertas identidades sobre la escena, sobre cómo afronta las críticas y sobre la precariedad laboral en el mundo de la interpretación.

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Maria Rodríguez Soto en una escena de Permagel / Foto: Cedida

¿Qué es lo que más te impactó cuando leíste Permafrost por primera vez?
Su lenguaje poético novelísticamente y también la crudeza y el sentido del humor que tenía para hablar de un tema como el suicidio. Eso me impactó mucho y pensé que era muy interesante, porque hay tanto tabú alrededor de eso que cuanto más clarificadores seamos, mejor será y más herramientas tendremos para poder hablar de este tipo de problemáticas.

Cuando leías el libro, ¿pensabas que podría acabar siendo una obra de teatro?
Me leí el libro cuando me llamaron para proponerme este proyecto. Entonces, sabiendo que estaba Victoria Szpunberg detrás, pensé: "Sí, puede serlo". Es un gran soliloquio, es como una línea temporal de pensamientos que van y vuelven, van y vuelven; y creía que se tenía que hacer un gran ejercicio dramatúrgico; cambiar la estructura era necesario para que fuera escénicamente interesante.

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Maria Rodríguez Soto durante la representación de la obra Permagel, del libro homónimo de Eva Baltasar / Foto: Cedida

¿Y de Eva Baltasar habías leído ya otros libros?
De Eva no había leído... Después he empezado a leer más cosas, pero no, tengo que decir que no, que la descubrí por Permafrost.

¿Y cómo describirías su literatura?
Pues como bastante única. Quiero decir, tiene un mundo interior que es capaz de trasladarte a un lugar muy potencial. Tiene una poética sencilla, que es la que a mí me gusta. Porque es una sencillez que te llega de una manera muy directa y eso es algo que me gusta mucho de los escritores, que pueden conectar con mucha gente.

¿Hay algún fragmento del libro que no sale en la obra, sobre todo alguna escena sexual? ¿Por qué crees que la directora ha decidido suprimirlo? ¿Era demasiado explícito para el público catalán?
Yo creo que no tiene nada que ver que el público catalán no esté preparado para escuchar escenas sexuales, ni mucho menos. Pero creo que tanto Albert como Victoria se han querido centrar mucho en este retrato familiar que hace que este personaje esté como esté, porque en el fondo también es un espejo de la sociedad donde ella no se siente integrada. Y creo que eso le daba mucha más fuerza al personaje; y escénicamente, era más interesante como para poder profundizar dentro de la interpretación. Creo que va más por una cosa de construcción de una dramaturgia y que tenga sentido teatral.

Pero el final a mí me queda mucho más claro en la obra de teatro que en el libro, que tuve que volver atrás para entender lo que estaba pasando

Supongo que mucha gente se habrá leído el libro antes de venir a ver la obra, evidentemente la estructura es muy diferente, pero ¿crees que hay algo que les llame la atención o que digan "esto en el libro está mejor o en el teatro está muy bien adaptado"?
No lo sé, es tan subjetivo que cada uno pensará lo que quiera pensar. Pero el final a mí me queda mucho más claro en la obra de teatro que en el libro, que tuve que volver atrás para entender lo que estaba pasando; y creo que aquí hemos querido ser más explícitos que Eva.

En el teatro, necesitas un espacio y en este caso es un espacio que no aparece hasta el final del libro.
Exacto. Esto también ha sido muy interesante. Creo que en el ámbito dramatúrgico también se entra en el epicentro donde ella empieza a sentir un poco de empatía o alguna emoción relativa a algún familiar. Se han querido vincular mucho con el aspecto familiar y con los vínculos que ella tiene y cómo los explica y cómo los juzga a la vez.

Evidentemente que las mujeres lesbianas se tienen que sentir identificadas, como todas las personas que forman parte de esta sociedad.

Hay muy pocas propuestas teatrales con temática sáfica (lésbica), más allá de Permagel. Hasta hace poco se estaba representando Escenes d'una separació en el Maldà y hace un par de años Una llum tímida en el Condal.  ¿Crees que es importante que las mujeres lesbianas se sientan representadas en el teatro?
¡Absolutamente! ¡Por favor, sí! Evidentemente, las mujeres lesbianas se tienen que sentir identificadas, como todas las personas que forman parte de esta sociedad. Por suerte, yo creo que ahora hay muchas más mujeres que están llegando a la dirección y a la dramaturgia y a la escritura y que están a primer nivel porque las han dejado estar ahí, no porque no lo estuvieran antes, entonces esto también se ve en los escenarios, por suerte, y en las películas. Por lo tanto, bravo.

¿Eres consciente de la poca oferta que hay? No sé si me puedes decir alguna obra que hayas visto recientemente donde la protagonista sea lesbiana.
No. Ahora mismo me pillas en bragas. Literal. Lo tendría que pensar, tendría que hacer bastante prehistoria teatral, dentro de todo lo que he visto o leído.

Este espacio es muy privilegiado porque tienes al público al alcance. De hecho, hay momentos en los que te acercas a las butacas y da la sensación de que quieres incluir al público dentro de la obra.
Sí, además, veo las caras de miedo y os tengo que decir que hay algo que por dentro pienso "no os preocupéis porque no tendréis que hacer nada", pero me gusta jugar con esta cosita de "¡que vengo!". Porque también creo que tiene bastante que ver con el personaje, que es muy provocador, creo que es uno de los motores también que la caracterizan y que es parte de su esencia. Es muy guay esta sala, el público está al alcance y a veces pisan el escenario. Yo hacía mucho tiempo que no hacía teatro con tanta proximidad y me he dado cuenta de que lo echaba mucho de menos porque se habla diferente, es desde otro lugar, todo es mucho más directo y hay como una comunión más grande.

Estaba muy cagada por hacer un monólogo sola, porque a mí, una de las cosas que más me gustan del teatro, es trabajar en equipo

¿Y es muy complicado tener las dos graderías? ¿No hay una parte del público que se pierde cosas?
No, porque yo creo que reparto bastante a diestro y siniestro. Hay bastante juego y también lo hemos montado siempre aquí. Hemos tenido el privilegio de poder ensayar aquí cada día. Es verdad que yo cuando empecé a hacer pases, los hacía para Iván y para Victoria y para la gente del equipo, que eran tres o cuatro. Entonces, el primer día que vino público y que vi la reacción de la gente, para mí fue muy impactante tenerlos tan cerca. Pero ahora pienso que sin ellos no sería lo mismo, porque es una propuesta muy enfocada al público. Que la creamos un poco entre todos. También me siento juzgada haciéndolo como personaje, quiero decir, hay muchas réplicas que yo encajo y que las digo como justificándome, incluso, con el público. Y creo que este es el diálogo interesante que hemos conseguido.

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Maria Rodríguez Soto, la protagonista de la adaptación teatral Permagel / Foto: Cedida

¿Y el hecho de estar sola en el escenario, cómo lo llevas?
Es que no sé cómo explicarlo. Estaba muy cagada por hacer un monólogo sola, porque a mí, una de las cosas que más me gustan del teatro, es trabajar en equipo. He trabajado en equipo porque, evidentemente, he tenido un proceso de ensayos. Hay algo que hace que los primeros tres minutos estoy bastante cagadita, pero después me dejo fluir y no me doy cuenta y ya estoy al final de la obra. Y es bastante magnífico. Creo que tiene mucho que ver con el texto de Eva, con la dramaturgia de Victoria y de Albert, y después también con cómo hemos jugado desde dirección e interpretación.

¿Te da margen para improvisar?
No, es todo bastante cuadrado, pero también hay algo del teatro que cada día es una representación nueva, porque si cada día la hiciéramos igual también sería muy aburrido. Y también el público, que cada día es diferente. Soy la maestra de ceremonias y el público me tiene que seguir a mí. Pero hay días que ríen mucho, hay días que ríen muy poco y entonces hay algo que dentro de la partitura que hemos marcado con Victoria, aquí hay ciertos grados donde yo puedo ir jugando más o menos.

Este espacio también te permite ver mucho al público. El día que vinimos, te aplaudían de pie. ¿Cómo es eso de ver las caras y que la gente se emocione, y esté gustando tanto que hayáis tenido que prorrogar el espectáculo?
Es un regalo,porque hacer teatro no es fácil, es difícil, estás muy expuesta, a mí me encanta, para mí es un regalo, para mí la vida de funciones es la mejor vida que hay. Tú trabajas por la tarde tus horitas y te vas a dormir con una sala que te ha aplaudido después de una función. Y cuando va bien y te sientes cómoda en el escenario y ves que esta comodidad traspasa a la platea, es un regalo, me siento muy afortunada. Además, hemos trabajado con un texto muy potente y de primerísima calidad, y eso ha sido un gustazo.

Hace poco has interpretado La reina Lloba, y leí alguna crítica que no era tan buena como las de Permagel, ¿esto te afecta? ¿Lees las críticas, habitualmente?
Sí, claro que sí, claro que me afecta. Intento que no, pero es inevitable. Ya no por ti, sino también por la gente de tu alrededor que te quiere. Forma parte de nuestro trabajo, estamos expuestos, y yo soy muy consciente de que he tenido dos obras de teatro muy seguidas, y que es normal que la gente hable de ellas y haga críticas. Te tengo que decir que han sido dos espectáculos que se han llenado de manera increíble, quiero decir que estoy muy contenta. Y es curioso porque las críticas malas hacen mucho daño, y las buenas hacen bien, pero no dura tanto en el tiempo. Entonces es mucho mejor no leerlas, y decir: "Escucha, ¿a la gente le está gustando?, ¿estamos llenando teatro?, pues ya está.

¿Cómo te lo has hecho para estudiar y prepararte estas dos obras tan seguidas?
Pues currando como una burra y estudiando cada día. Como si hiciera unas oposiciones. He estudiado como una loca desde noviembre. Es lo que hay. Ahora llevo muchos años muy bien y estoy supercontenta, pero también he vivido la otra cara, y supongo que hay cosas que no te puedes evitar sacar de dentro, de decir: "Aprovecha la ola porque nunca sabes cuándo se podrá acabar". Si son proyectos que me interesan y son proyectos que me motivan, pues intento decir que sí, la verdad.

Mamífera, Frontera, Els dies que vindran, Casa en flames, o sea, encadenas éxito, detrás de éxito. ¡Todos te quieren en su proyecto!
Toco madera. Tengo mucha suerte con los proyectos que me tocan. Ahora vengo de hacer dos series que encuentro que son increíbles, he nacido con una flor en el culo.

El sector está muy precarizado y hay gente buenísima que no tiene las oportunidades que yo he tenido

Pero esto no es suerte.
Hay parte de suerte, hay parte de trabajo y supongo que también hay parte de talento. Y de ser currante y estar también en el lugar adecuado en el momento adecuado. Y esto es importante tenerlo en cuenta. Yo siempre intento tocar mucho de pies en el suelo, quiero decir que hay muchos factores en esta vida que te llevan a los lugares. Y, evidentemente, los que dependen de mí los trabajo muchísimo, pero hay otros que no. El sector está muy precarizado y hay gente buenísima que no tiene las oportunidades que yo he tenido. Y esto es así. Tenemos que ser muy conscientes de que tenemos que abrir castings y tenemos que abrir las puertas porque nos perdemos talento.

¿Qué obra teatral, serie o peli fue la que te disparó?
Yo creo que fue Els dies que vindran. Porque, lamentablemente, o lastimosamente, en teatro es muy difícil explotar de la manera que se explota en el ámbito audiovisual. Quiero decir que tú puedes ir trabajando a escala teatral, pero, hostia, es complicado ahorrar teatralmente hablando, porque tienes que tener mucha suerte. Tú haces dos espectáculos al año en teatros públicos, pero tu sueldo a final de año quizás son 22.000 euros o 25.000 euros. Entonces, en el ámbito audiovisual, la exposición es tan heavy que yo creo que Els dies que vindran me colocó en un lugar que en Catalunya ya me conocían, porque hacía mucho teatro, pero en el ámbito español no me conocían tanto. Y Casa en flames me ayudó a explotar en el ámbito mediático.

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Maria Rodríguez Soto y David Verdaguer en la película Els dies que vindran

Para acabar la entrevista, ¿nos puedes explicar proyectos laborales de futuro?
Ahora, a finales de junio, empiezo a rodar una película que me hace mucha ilusión, que es Mare de Sucre, una obra de teatro que hicimos en el Teatre Nacional con Clàudia Sadó, que iba sobre una mujer con diversidad funcional que quiere ser madre. Y Clàudia ha conseguido los recursos y la producción para poder hacer la película, y eso me hace mucha ilusión.