Tres mujeres, tres caminos vitales y una amistad que vuelve a ponerse a prueba. Las Bárbaras, la última producción de La Brutal y Bitó, hace parada en el Teatre Borràs hasta el 8 de marzo con un potente relato feminista que combina humor, dolor y una mirada sin concesiones a las contradicciones de varias generaciones de mujeres. Escrita por Lucía Carballal y dirigida por David Selvas, la obra nace como una catarsis personal y se construye a partir del reencuentro de tres amigas que, a raíz de la última voluntad de Bárbara, confrontan visiones sobre el trabajo, la maternidad y el patriarcado, desde el feminismo de los años 70 hasta el de hoy. Sobre el escenario, María Pujalte, Cristina Plazas y Francesca Piñón, con Berta Gratacós en un papel tan simbólico como musical, dan vida a unas protagonistas complejas, pioneras y profundamente humanas. Con ellas hablamos de amistad, de renuncias, de herencias emocionales y de aquellas preguntas incómodas que aún hoy no tienen una única respuesta.

¿Cómo os conocisteis? ¿Os conocíais de antes? ¿Habíais trabajado juntas?
Francesca: No, no nos conocíamos.
¿Y qué tal?
Francesca: Muy bien.
María, tu personaje habla en castellano, pero es una obra que se habla, mayoritariamente, en catalán. ¿Cómo lo llevas?
María: Pues ahora empiezo a hablarlo un poco. Pero no tengo ningún problema. Había trabajado ya con David Selvas. Y bueno, la verdad es que me apetecía mucho repetir. Y cuando me llamó para este texto de Lucía Carballal, me hizo mucha ilusión y me dijeron que Cristina y Francesca hablarían en catalán y no tuve ningún problema.
¿Hablas gallego en casa?
No, yo soy castellanoparlante. Mi lengua materna es el castellano. Lo que pasa es que hablo gallego porque soy gallega, pero lo aprendí de mayor.
Cristina, tú tampoco eres catalanoparlante, ¿no? Creía que eras valenciana, pero he visto que naciste en Madrid.
Cristina: Sí. No sabía decir nada. Me parecía que “pollastre” era un insulto. Yo aprendí el catalán en Valencia, con 21 años, desde el amor. No sé si me hubiera pasado en Galicia, supongo que sí. Me encontré con un grupo que utilizaban la lengua y después descubrí que Valencia no era un lugar donde todo el mundo hablara valenciano. Pero fue una experiencia, bueno, yo estoy muy agradecida al catalán, mucho.
La obra habla de renuncias y de feminismo. ¿Qué renuncias habéis hecho vosotras en la vida?
Francesca: Ahora mismo no soy muy consciente, pero sí, siempre hay renuncias. Los caminos te llevan por diferentes situaciones y tienes que elegir y a veces tienes que renunciar a cosas.
Maria: Son elecciones.
Francesca: Quizás hay más elecciones que renuncias en la vida.
Cristina: La complejidad de la vida es poder tener la opción de elegir, porque si estás eligiendo una cosa estás renunciando a otra. A menudo, pienso que estaría bien que me lo dieran hecho. Me gustaría no tener que elegir yo todo el tiempo. Pienso mucho en mi personaje porque creo que se ha equivocado en la vida, pero suerte tiene de las amigas.

Las tres protagonistas repasan su vida, quizás sea cuestión de hacer un repaso a nuestra propia vida para darnos cuenta, ¿no?
Francesca: Sí, es así. Ayer vino una señora y me dijo: “Ostras, esto me ha tocado mucho. Y me ha hecho plantearme a qué he tenido que renunciar yo misma". Porque había una época en que te casabas, eras joven y tenías que tener hijos y la vida te lleva a eso. Ahora las cosas han cambiado y sí que es verdad que en nuestra época dependía mucho de la persona.
María: Sí, ¿o de la familia, no? Yo no vivía esa presión, pero por la generación que nos tocó vivir te preguntaban: "¿Bueno, cuándo te casarás?"
Francesca: También es verdad que en nuestro círculo y en el mundo de la cultura es diferente. Yo nunca me he sentido presionada, pero es verdad que el público, que son personas de nuestra edad, sí me han hecho la reflexión de que la obra les ha hecho replantearse cosas.
María: Es lo que refleja la obra. Hay muchas vidas diferentes, con muchas realidades diferentes y se tiene que reconocer que no solo hay una manera de vivir la vida.
Francesca: Y esto es muy interesante porque la obra no juzga a nadie. Hablamos de los hombres, pero sin juzgarlos.
Ahora que habláis del feminismo, ¿vosotras cómo entendéis el feminismo? ¿Y con qué contradicciones os encontráis?
Francesca: Es que yo lo entiendo como lo que se tiene que ser, porque el feminismo es igualdad.
María: Para mí es sinónimo de ser demócrata. Si yo soy demócrata, tengo que ser, inevitablemente, feminista. Si miramos el mundo tal como lo tenemos, es muy necesario continuar siendo feministas. Y ser feminista ni me convierte en una persona buena ni perfecta.
¿Os gustan vuestros personajes? ¿Con qué os identificáis?
Francesca: A mí me encanta Encarna. Yo también soy bastante cuidadora de los amigos y de la familia. Me gusta cuidar a la gente.
María: Supongo que lo que más me gusta es que tengo muchas contradicciones también. Son estas cosas que le pasan a la Susi, ella es muy rápida y brillante con el verbo y muy rápida. También tiene una evolución dentro de la función y acaba hablando de sus propias contradicciones. Acaba con un ataque de sinceridad y busca mucho la amistad, hermanarse con sus amigas, que es uno de los puntos más importantes de la vida y de la obra.

¿Vuestras madres, tías o mujeres de la familia la han visto? ¿La obra os ha ayudado a entender las decisiones que han tomado a lo largo de la vida?
Francesca: Yo pienso mucho cuando estoy en la función con mi madre, que ya no está. Y han venido mis hermanas y les ha encantado. Mis hermanas son más jóvenes y no creo que hayan hecho renuncias. Mi madre supongo que sí.
Cristina: Conversaciones clarísimamente de renuncias, yo he tenido muy pocas con mi madre o mis tías. Creo que antes se hacían más renuncias que ahora.
María: Yo creo que a mi madre le hubiera gustado muchísimo esta función, muchísimo. Y además, creo que hubiéramos hablado mucho de esto. Creo que no lo vivía como una renuncia, lo vivían como el hecho de que han tenido una vida plena y maravillosa, y la presión social era mucho más alta porque se daba por hecho. Ahora tengo dudas de que mi madre hubiera tenido hijos o hubiera llevado una vida tan convencional, porque no era una mujer nada convencional.

¿Sois madres? Y si no lo sois, ¿habéis tenido que renunciar a ello por vuestra carrera?
Francesca: No, yo en mi caso no he tenido nunca la necesidad. Yo tenía claro que no lo quería ser.
Cristina: Al principio pensaba que nunca sería madre y cuando apareció el deseo, por suerte estaba a tiempo, no como le pasa a mi personaje. Pero también reconozco que cuando tuve a mi hija, me gustó tanto y fue una experiencia tan maravillosa, que dije: “Hubiera tenido más”, pero ya era tarde biológicamente, era tarde con la vida que ya había elegido. Yo había elegido una vida que también me interesaba mucho y que necesitaba mucho tiempo para dedicarle a este oficio.
¿Cuál es para vosotras la finalidad de la obra? ¿Que la gente venga a pasárselo bien o que la gente se vaya reflexionando con estos temas tan profundos?
Francesca: No es incompatible. Quizás vienen y se lo pasan bien, y encima, después van a cenar y hablan de la obra y de lo que ellas han vivido.
Cristina: Estoy bastante de acuerdo. También pienso que pasártelo bien mirando una función te ayuda también a que esa reflexión sea más ligera. En la función todo lo que hace reír tiene un trasfondo bastante fuerte. Tengo la sensación de que después de ver Les Bàrbares, a la gente le es fácil hablar a través del humor de cosas mucho más profundas.

¿Cómo resumiríais la obra con una palabra o una frase?
Cristina: Amistad. Pura amistad, ¿no?
En la obra hay una canción de Julio Iglesias. ¿Os habéis planteado quitarla?
Cristina: Es que la canción no es de Julio Iglesias, la cantaba él y la popularizó, pero realmente no la compuso Julio Iglesias. Claro que nos ha hecho pensar cosas, supongo. Bueno, no hemos hablado claramente de este tema, pero yo no soy de las que dice: "El artista está por encima".
María: A mí me parece que no tiene ningún sentido sacar la canción de un espectáculo que ya está hecho. Ahora, probablemente adquirirá otro significado esta canción. Esto también forma parte de nuestro crecimiento personal y como sociedad replanteárnoslo.
