Netlix ha sumado hoy ha su catàlogo Las leyes de la frontera, la adaptación de la novela homónima de Javier Cercas que ha rodado Daniel Monzón, y que nos lleva hasta la Girona del verano de 1978, una ciudad que vive dos realidades: la de la ciudad y la de los márgenes, la de las clases medias y la de las chabolas del otro lado del río. Una le daba la espalda a la otra, la otra trataba de sobrevivir como fuera, también a punta de pistola o de navaja. Como otras urbes del país, en Girona también había quinquis, los mismos que atemorizaban, y a la hora fascinaban, a tantos chavales de familias de clase trabajadora o, incluso, de buena casa. "Pasé la adolescencia en Valencia, y, desde la ventana de mi habitación veía unos descampados, donde a veces íbamos a jugar, y donde nos cruzábamos con los quinquis", explica Monzón, cineasta responsable de éxitos como Celda 211 (2009) o El Niño (2014). "En algunos los conocía y, claro está, a veces me atracaron. Eran figuras que de alguna manera representaban una especie de libertad porque vivían de forma muy diferente de la mía, me fascinaban y me daban miedo".

El lado oscuro

Daniel Monzón (Palma, 1968) no deja de destacar la conexión íntima que sintió con la novela de Javier Cercas ("la leí en una noche, no podía dejarla, sentía que había una película dentro y quería hacerla yo") y la alegría de haber podido rodar lo que define como "un relato de amor y de iniciación, una coming-of-age, que tiene, también elementos de thriller, que me permite hacer una reconstrucción de una época, rodar escenas de persecuciones y tiroteos, atracos en bancos y gasolineras... un gozo", afirma. Las leyes de la frontera es la historia de Nacho 'El gafitas', un crío de 17 años que cambia las buenas notas por las malas compañías, atrapado por el magnetismo de una chica relacionada con una banda de atracadores. Nacho, claro está, caerá rápidamente fascinado por el lado oscuro...

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Marcos Ruiz es Nacho 'El gafitas', el protagonista de Las leyes de la frontera

Una historia que engancha directamente con un tipo de cine que rompió moldes y provocó colas en las salas a finales de los años 70 y principios de los 80. El cine quinqui, cada vez más reivindicado por intelectuales, escritores, críticos cinematográficos y, también, directores de cine como el mismo Daniel Monzón, que, eso sí, pone unos cuantos matices a esta relación: "Me gustan las películas del género quinqui, pero no tendría sentido que yo hiciera una ahora, porque la grande fuerza que tenían, lo que las hacía especiales, era su aire casi documental, y el hecho de estar interpretadas por los mismos quinquis. Y, claro está, ahora están todos muertos por una sobredosis de heroína en las venas o en manos de la policía". Y el cineasta sigue explicándose: "En Las leyes de la frontera hablamos de alguien que desde el presente recuerda el momento más apasionando de su vida, un hombre que nunca más ha vivido una cosa tan intensa. Hace memoria de forma idealizada, y eso permite hacer una recreación romántica, elegante, sofisticada. Como yo mismo recuerdo aquellos tiempos".

Los quinquis están todos muertos por una sobredosis de heroína en las venas o en manos de la policía

Y esta ha sido la fórmula escogida por Monzón: ser extremadamente detallista, asegurarse para cada elemento que utiliza la película para el viaje en el tiempo de que propone. Si el cine quinqui tenía una estética sucia, y estaba rodado en 1.85; el director mallorquín apuesta por el scope ("de alguna manera se trata de supervitaminizarlo... hago el mismo con las persecuciones, por ejemplo, rodadas con un estilo áspero, pero que suenan en 5.1," dice entre risas), por los colores, por una estilización del subgénero.

Y añade una idea muy interesante, relacionando a aquella juventud que retrata la película con el de hoy: "Me he dado cuenta de que el público adulto revive la infancia o la adolescencia. Pero los chavales de hoy viven la película muy intensamente, porque comparten las pulsiones propias de la edad, tienen las mismas ganas que el protagonista de encontrar una nueva familia en un grupo de amigos, de sacar toda la adrenalina viviendo aventuras, follando como locos, enamorándose, o saltándose la ley, que es un deseo que cualquier adolescente ha sentido. Todo es una metáfora de la necesidad de rebeldía propia de los adolescentes. Por eso el público joven conecta de una manera que no me había planteado: con la imagen, con los colores, los coches, o la música. Al final, ellos escuchan en C. Tangana, que tiene sus raíces a la música que aparece a la película".

Perros de calle

Monzón continúa con el símil: "Ahora mismo los jóvenes viven en la incertidumbre laboral y económica, y resulta que llega una pandemia y se los demoniza porque hacen botellones. Están angustiados, y creo que con esta película se sienten representados. No digo que sean como los quinquis, pero sí hay una conexión entre aquellos tiempos y los que vivimos. Entonces salíamos del franquismo, había sensación de alegría y esperanza, de libertad libertad sin ira libertad, pero esta era la cara A del elepé. La cara B era la de los quinquis. Y eso lo explicaban aquellas películas, que mostraban la desesperanza, el no sentirse invitados en la fiesta, frustración que vehiculaban robando coches, haciendo atracos, viviendo deprisa deprisa, porque ninguno pasó de los 25 años".

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Laso leyes de la frontera, cine neoquinqui

¿Y cuáles son los títulos quinquis favoritos de un cineasta que, antes de dirigir, había sido muchos años crítico de cine de referencia? "Pues de entrada te diría que Deprisa, deprisa, que es una de las pelis más bonitas de Carlos Saura. Los filmes de Eloy de la Iglesia también me gustan: Navajeros, Colegas o El Pico. Y los de José Antonio De la Loma, que tenían un punto más moralista, pero no dejaban de lado aquellas persecuciones tan características. Pelis como Perros callejeros, Los últimos golpes de El Torete, Perras callejeras o Yo, el Vaquilla, que, por cierto, tenía de director de fotografía a Carles Gusi que también hace este trabajo a Las leyes de la frontera"!.

Monzón sigue hablando del género con entusiasmo: "El cine de quinquis es lo más parecido que tenemos en el western o en el cine de gánsteres, que cada uno a su manera glorificó la figura del delincuente. En el cine de quinquis también hay una épica, una mitificación de estas figuras".

El cine de quinquis es lo más parecido que tenemos en el western o en el cine de gánsteres

Estrenada hace unos días, Las leyes de la frontera ha sufrido los efectos de la acumulación de películas potentes del cine español en el mes de octubre. Al final se acaba jugando las algarrobas en una competencia feroz con Madres paralelas, con Mediterráneo, con Maixabel, con El buen patrón, y con las que vendrán. Y eso, de cara a las taquillas, se nota muchísimo, como apunta Monzón: "Es una pena que trabajos que suponen tres años de tu vida acaben coincidiendo en este tipo de embudo. Yo tiendo a buscar el lado bueno de las cosas y a ser optimista, y ojalá esta acumulación de películas interesantes tenga el efecto contrario a la matanza entre ellas, y la coincidencia haga que los espectadores se sientan empujados a volver a las salas, que se rompa la inercia, que haya un efecto llamamiento. Pero creo que seguramente habría mejores maneras para repartirnos dentro del calendario, que se esponje todo eso un poco, que haya más espacio para hablar a los medios de nuestras películas, con el fin de evitar este efecto embudo que acaba siendo bastante frustrante".