1. Atención a la revuelta popular contra el sensacionalismo, la insensibilidad y el oportunismo. Es imposible ya esconder o rebajar la ira y la incomodidad de la gente con el trabajo de los periodistas. Por correo electrónico, en los espacios de comentarios, en los canales de mensajería o vía redes sociales, hicieron saber sus demandas: no queremos explotación de la sangre ni de los cadáveres; no queremos el lenguaje exagerado que llama "caos" al despliegue policial, "histeria" a una reacción racional de fuga, o "paranoia" al incremento de atención ante el peligro, como explica, exactamente, Salvador Cardús.

La línea era muy fina, la sensibilidad muy alta y el marcaje de los lectores, al hombre. Especialmente respecto a fotografías y vídeos. Todos entendemos que la información, especialmente la imagen, nunca es neutra. Según como, informa o denuncia, pero también es propaganda, comunica contenido visceral, invade la intimidad, sobreexpone el dolor, el miedo, la rabia, la crueldad. El terrorista manipula estos sentimientos con el apoyo de la curiosidad, cierto, para provocar terror, inseguridad, pánico a un riesgo imaginario, imprevisible, fuera de control. Este es el camino que utiliza para conseguir sus objetivos. Según lo que publica, el medio contribuye a todo eso.

El mismo Col·legi de Periodistes ha topado con esta revuelta ciudadana, que no admite ponerse de perfil, como se ha interpretado su comunicado, en le que pide genéricamente "un periodismo ético y de calidad", apela a principios indeterminados y no señala cuáles son los comportamientos infractores que motivan su comunicado. A la revuelta se han sumado también algunos periodistas:

Esta movida popular, que difícilmente aflojará, ha hecho reaccionar a dos parroquias que habitualmente van más del brazo del periodismo: políticos y empresas. Estos son algunos ejemplos:

2. No difundir indiscriminadamente imágenes de un atentado en las redes sociales. Lo explica muy bien C. Otto en El Confidencial. Al hacerlo puedes entorpecer la investigación, difundir mentiras y rumores, revelar la identidad de una víctima a los suyos, herir sensibilidades y crear alarma innecesaria.

3. La gente se entrega a ayudar y los medios lo explicamos poco y mal. Con una excepción ejemplar: BuzzFeed, que ya el jueves por la tarde publicó el reportaje "14 actos de pura bondad tras el atentado para amar todavía más Barcelona", donde reúne iniciativas solidarias que la generosidad y la inventiva de las personas pusieron en marcha desde este jueves por la tarde. Como estas, entre otras:

Una simple búsqueda en redes sociales ofrecía muestras conmovedoras de la actitud solidaria de tanta gente anónima. La lista sería infinita:

4. El periodismo del resentimiento tiene poco vuelo. Algunos columnistas no evitado torcer los hechos y asociar el atentado con el soberanismo, con mayor o menor intensidad. También los editoriales de El País y de El Mundo, en los que se insinúa sin muchas precauciones que el Govern, obsesionado con la causa independentista, no ha atendido a nada más y es responsable de no proteger suficientemente a los ciudadanos.

El País incluso se felicita de que Rajoy esté al frente de las operaciones de respuesta al ataque terrorista, sin advertir que cuando publicó ese editorial, Rajoy ni había llegado a Barcelona. Entre la hora del atentado (16.50) y la comparecencia de Rajoy en Barcelona pasan más de siete horas. Entretanto, el Govern y los Mossos, a los que ni menciona, estaban al pie del cañón, como la gente ha sabido reconocer espontáneamente:

El Mundo acusa al Govern de haber favorecido la presencia de radicales islámicos con su "política de acogida", motivada por "intereses electoralistas vinculados al independentismo". Nada dice del veto del Ministerio del Interior a los Mossos en la coordinación de la lucha antiterrorista europea, que no comparte información contraterrorista y los ha ignorado durante semanas.

Entre los columnistas destaca Arcadi Espada. Cargado de resentimiento, atribuye la responsabilidad del atentado a los que llama "coquetos": “Los incalificables burgueses de Barcelona que llevan años supurando una grotesca fábula sobre la libertad, (...) tipos y tipas de pueblo, toscos como sus mandíbulas, incultos como sus campos, cuya pasión nacionalista y xenòfoba (...), los últimos de la clase, los más guarros del pupitre, que se han alistado a la Revolución (...) los más irresponsables de mis colegas (...) los cobardes”. En resumen: que estos "coquetos", tal vez toda Catalunya, tienen el atentado que se merecen y la culpa es solo suya.

Otros columnistas no evitan decir lo mismo, con menos bilis. Lluís Bassets arranca mal cuando dice, sin argumento, que "los debates que más han polarizado a la sociedad española en los últimos meses son las funciones de la policía autonómica y el modelo turístico que conviene a Barcelona". Bueno. "La sociedad española" aún está saliendo de la peor crisis económica desde 1959, vive los episodios de corrupción más graves de la democracia y padece una crisis constitucional de caballo, por citar solo algunos "debates" que quizás "polarizan" más que los mencionados por él. Pero le viene bien para tachar de "frívolos" a los soberanistas y sembrar sospechas sobre la capacidad de los Mossos; los mismos que han sido alabados por el Departamento de Policía de Nueva York (seguramente, con mayor criterio que el columnista en estos asuntos) y por tantos otros en todo el mundo por su labor de estos días.

Otros columnistas de menos nombre (Rubén Amón, Hermann Tertsch, Isabel Sansebastián, etc.) y algunas informaciones en ABC y La Razón no se privan de insistir en que Catalunya es la comunidad donde el salafismo yihadista tiene más presencia, como queriendo poner en duda, una vez más, a los Mossos y, de paso, al Govern. Es cierto, pero tiene más jugo: Ceuta y Madrid están casi a la misma altura, basta con consultar los datos. Da la impresión de que se quiere generar la idea de que hay que retirar las competencias de Interior a la Generalitat. Otros opinadores vinculan los episodios de rechazo al turismo, algunos violentos, con el ambiente que ha favorecido los atentados del jueves. Sin pruebas.

5. Aprender de los Mossos a informar en las redes. Todos estos periódicos, estos columnistas, ¿buscan clics y seguidores? Pues les conviene aprender una lección de la policía catalana, que en un solo día, de jueves a viernes, ha hecho saltar su cuenta de Twitter de 150.000 a 240.000 seguidores:

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