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Tagliacozzo (antiguos Estados Pontificios y, desde hacía unos meses, reino de Italia), 8 de diciembre de 1861. Hace 165 años. Un pelotón de bersaglieri (tiradores) del ejército regular italiano fusilaba a Josep Borges i Granollers, exgeneral carlista y, en aquel momento, jefe de un grupo de combatientes catalanes y valencianos al servicio del rey Francisco II de las Dos Sicilias, destronado y expulsado por Garibaldi a finales de la Segunda Guerra de Unificación de Italia (1859-1861). Borges había sido capturado poco antes por los bersaglieri después de que sus propios aliados —los briganti (bandoleros) napolitanos— delataran expresamente su posición.

Mapa de Italia durante la acción de Borges (1860-1861). Fuente: Universidad de Bari

Borges fue ejecutado sin miramientos porque durante su estancia en Italia había desplegado una corta pero intensa y exitosa campaña contra las tropas del flamante reino de Italia (de los generales Garibaldi, Cadorna y La Marmora), con el objetivo fijado en restaurar la independencia del reino borbónico de las Dos Sicilias. Borges moriría sin cumplir su compromiso; pero, actualmente, pasado más de un siglo y medio, en las zonas rurales del sur de Italia su figura ostenta la condición de héroe popular. ¿Quién era este catalán que combatió el movimiento unificador italiano? ¿Quiénes eran sus compañeros catalanes y valencianos? ¿Quién lo reclutó y por qué tuvo aquel final trágico?

¿De dónde venía Josep Borges?

Borges había nacido en 1813 en Vernet, un pequeño pueblo cercano a Artesa de Segre (la Noguera), en el seno de una familia de propietarios agrarios de ideología tradicionalista. El estallido de la Primera Guerra Carlista (1833) movilizó a todos los hombres de la familia a favor de la causa del pretendiente carlista, y la evolución del conflicto marcó el destino de cada uno. Su padre, Antoni Borges, por ejemplo, fue capturado en Santa Maria de Meià y fusilado en Cervera (1836). Él, en cambio, resistió los embates de las partidas liberales de Capell y de Niubó —en Les Garrigues y en La Segarra— y, al concluir el conflicto, consiguió huir con vida hacia el exilio (1840). Poco antes, el sanguinario conde de España (Charles d'Espagnac) —capitán general carlista en Catalunya durante la contienda— lo había ascendido a coronel (1839).

Representación de Josep Borges, publicada dos meses después de su muerte (1862). Fuente: Revista L'Illustration

¿Quién reclutó a Borges para combatir en Italia?

Espagnac, muerto en un acto de venganza en 1839, fue relevado por Tristany, que pasó a dirigir el frente catalán durante la Segunda Guerra Carlista (1846-1849). Borges volvió del exilio, se puso a sus órdenes y obtuvo el ascenso a general de brigada. Pero aquella reedición del conflicto no le fue más propicia que la primera: una vez terminada (1849), regresó al exilio francés. Cuando le retiraron la pensión (1860), se ofreció al papa Pío IX, que veía amenazados los Estados Pontificios por el avance imparable de las tropas unificadoras italianas. Con la negativa del pontífice se cerró una puerta, pero se abrió otra: la del rey Francisco II de Nápoles —depuesto por Garibaldi (1860)—, que lo reclutó para poner orden en la resistencia borbónica napolitana.

¿Quién acompañó a Borges a Italia?

Según la investigación historiográfica del doctor Martorell Pérez, Borges marchó a combatir a Italia acompañado de un séquito de fieles catalanes y valencianos que compartían con él la ideología tradicionalista y foralista propia del carlismo catalano-valenciano (la recuperación de los fueros abolidos en 1707 y 1714). Estos acompañantes eran los catalanes Forn, Novella, Vila-sana, Llaudet, Capdevila y Lafont, y los valencianos Marginet, Cambra y Queralt, todos ellos con una amplia experiencia bélica. A finales de 1860 desembarcaron en Calabria (en la punta de la bota) y, siguiendo las instrucciones del depuesto Francisco II, lograron sumar a la causa borbónica napolitana varias partidas de bandoleros (briganti), frontalmente opuestas a la presencia militar del norte.

Fotografías de Garibaldi, Cadorna y La Màrmora, generales de la unificación italiana. Fuente: Wikimedia Commons 

¿Qué pasó con Borges en Italia?

Inicialmente, Borges tuvo éxito en la tarea de encuadrar las partidas de briganti dentro del ejército borbónico napolitano. Muy pronto, sin embargo, surgieron los primeros conflictos. Los briganti eran refractarios al rigor y a la disciplina de un ejército convencional: eran grupos integrados por elementos acostumbrados a la cultura de la bandosidad, y la relación entre Borges —que pretendía convertirlos en unidades militares formadas y disciplinadas— y los cabecillas de aquellas partidas se tensó hasta romperse. Carmine Crocco, el jefe de los briganti más poderoso, temido y sanguinario, sentenció a Borges y filtró su posición a los bersaglieri. Borges fue capturado en la Grotta di Luppa (en las montañas de los Abruzos) el 30 de noviembre de 1861.

¿Y qué fue de Crocco?

Después de haber entregado a Borges a los italianos, Crocco perdió la confianza del Estado Mayor borbónico. Acorralado, huyó a Roma y se ofreció al papa Pío IX para dirigir un regimiento pontificio y hacer frente a Garibaldi. Sorprendentemente, el papa ordenó su detención y enjuiciamiento, y lo condenó por el asesinato de cientos de religiosos. Crocco pasó casi una década en el corredor de la muerte, hasta que Roma fue ocupada por las tropas de Víctor Manuel II (el 20 de septiembre de 1870). Fue nuevamente juzgado y condenado a muerte —entonces por la justicia italiana— pero, a diferencia de Borges, le conmutaron la pena capital por la reclusión perpetua. Murió en el presidio de Portoferraio (en la isla de Elba) el 18 de junio de 1905, cuarenta y cuatro años después de Borges.

Retratos del papa Pío IX y del rey Francisco II de Nápoles, Fuente: Wikimedia Commons (Grande)