La construcción de una narrativa donde el independentismo es equivalente al terrorismo etarra añade, desde hace un par de semanas, el retrato del independentista como una especie de delincuente salvaje llevado por una pulsión irracional y enloquecida que arrasará Catalunya. A la mayoría de diarios madrileños casi no les quedan palabras —sobre todo han agotado los adjetivos— para presentar de esta manera el secesionismo.

Para darse cuenta del alcance de la cosa, aquí va una lista de expresiones, no exhaustiva pero bastante descriptiva, que utilizan este martes, sólo este martes, los opinadores, sólo los opinadores, de un solo diario, El País, para hablar del conflicto catalán. Es este diario porque le tocó por sorteo, sin segundas. Cada párrafo corresponde a una columna, empezando por el editorial:

“Planes suicidas”, “absoluta irresponsabilidad”, “abismo”, “fractura social”, “rompería definitivamente la sociedad catalana en dos”, “extensión generalizada de la inseguridad jurídica”, “completa quiebra política, social y económica”, “líderes tan mesiánicos e inmorales”.

“Tejemaneje sentimental independentista”, “desafortunada violencia del 1-O —de la que ambas partes son responsables—”, “reduciendo el Estado de derecho a polvo y ceniza”, “lógica venenosa de la pureza nacional y la limpieza étnica”, “egoísmo económico y social seriamente equivocado”, “orgullo cultural y nacional desmesurado”, “ambición desnuda de los políticos locales”, “los argumentos catalanes a favor de la independencia producen risa y son imposibles de ser tomados en serio”, “ethos nacionalista tan regresivo y pasado de moda”, “Cataluña está traicionando precisamente los ideales de solidaridad e integración humana sobre los que se fundamenta Europa”, “la ley y la moral están de parte del Gobierno español”.

“Pucherazo sobrevenido tras un golpe parlamentario”, “locura”, “provocar el martirio de los dirigentes secesionistas para generar caos, violencia y sangre”.

“Instalados en la excitación”.

“Meterlo [a Puigdemont] en la trena”.

“En Cataluña hay dos factores estructurales que, de forma sistemática, han favorecido la creación de un marco mental de alejamiento, cuando no de animadversión, hacia el resto de España: la educación y los medios de comunicación públicos y subvencionados por la Generalitat”, “pluralidad impostada, distorsionada”, “la retahíla de falsedades que sustenta la opinión prevaleciente”, “ofensivo decálogo nacionalista, basado en el desprecio”, “circo del odio a España”.

“Falso mesías”, “agresión a la ley”, “paraíso republicano catalán”

“Destrucción”, “dirigentes irresponsables y frívolos”, “torcer el camino civilizado y liberal, democrático y pragmático”, “la capitalidad económica de Barcelona está arruinada”, “su prestigio internacional, en entredicho”, “su futuro aparece ya hipotecado”, “más provincia que nunca”, “rituales ejercicios de narcisismo y de petulancia”, “revolución hosca y siniestra”, “reinado de la mediocridad y la impericia”, “mitología autocomplaciente”, “todo se ha perdido”, “todo ha quedado dañado”, “dos resentimientos que se retroalimentan”, “instintos balcánicos”, “artefacto diabólico”, “peligro de muerte”, “Cataluña imaginaria e inventada”, “faz antieuropea e iliberal”, “dar sus zarpazos letales sobre la democracia española a la que detesta”, “acto irresponsable e inmoral”, “precipio”, “paso trágico”.

Al sortear el siguiente diario le ha tocado a El Español. El director, Pedro J. Ramírez, habla en su vídeoeditorial de "los nuevos nazis del ANC" y de los "propósitos criminales" de Puigdemont. Me he desanimado y no sigo más.

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