A finales del siglo XVI los Países Bajos neerlandeses (la mitad norte) se independizaron de la monarquía hispánica e iniciaron un despegue, impulsado por una dinámica clase mercantil que convirtió aquel pequeño país en una potencia económica y militar. A mediados del siglo XVII, Catalunya estaba sumida en una profunda crisis, causada —en buena parte— por la monarquía hispánica, y las clases dirigentes del país giraron la mirada hacia el Atlántico europeo.