Brugués Mitjans (Gavà, 1964), licenciada en Derecho por la Universidad de Barcelona cursó el máster en Derecho de Cataluña en la Universidad Autónoma de Barcelona. Es abogada de la Generalitat. En el año 2015 debutó como novelista con El ventall finès (Tres i Quatre, 2015), un relato de historias de amor ambientadas en diferentes épocas, algunas de ellas en momentos previos a la Guerra Civil, vinculadas por una serie de personajes fineses, la ciudad de Barcelona y un abanico artesanal muy valioso. En el año 2021 publicó la segunda novela Quan el destí conspira a favor teu que cuenta la historia de Laura y cómo una experiencia laboral precaria abre la puerta a algunas intrigas del pasado. Y ahora sale a la luz Los herederos de la codicia, una novela que cuenta cómo la familia Torras-Miralles ve tambalear su mundo privilegiado cuando el patriarca, enfermo, decide revelar secretos del pasado que desencadenan tensiones por la herencia, abriendo heridas que solo se pueden cerrar afrontando la verdad.
Como miembro del Cos d’Advocacia de la Generalitat de Catalunya es también coautora de varios libros especializados en temas jurídicos editados por Fòrum d’Advocacia de la Generalitat, dirigidos a la preparación de los temarios para el acceso al Cuerpo de Abogacía y al Cuerpo Superior de la Generalitat. En esta entrevista hablamos de la relación que tenemos las personas con el dinero, las herencias, los diferentes arquetipos de personajes que aparecen en la novela y de si existen o no las clases sociales o de si son un invento de la sociedad.
De entrada, lo que más me ha sorprendido de la cubierta del libro es tu nombre. ¿De dónde viene el nombre Brugués?
Viene de Nuestra Señora de Brugués, que es una ermita que hay en el término municipal de Gavà, yo soy nacida en Gavà, y es un nombre que se pone mucho a las niñas que son del municipio. La leyenda dice que un pastor encontró esta figura dentro de una bruguera. El nombre bruguera derivó a bruguers, se acabó perdiendo la r. Y es una talla del mismo siglo que la de Montserrat, pero en lugar de ser negrita es morenita. Tiene también la bola en una mano y en lugar de tener al niño en el regazo como la virgen de Montserrat lo tiene de pie. Se parece mucho a la Virgen de Montserrat.
¿Y hay muchas Brugués aquí en el país?
Mira, hace poco mis hijos quisieron mirar el Instituto de Estadística de Cataluña cuántas había y resulta que solo somos 21.
Hablemos de la novela que acabas de publicar. Es la tercera, ya. ¿Qué historia se esconde detrás de Los herederos de la codicia?
Esta novela trata los secretos que esconde una estirpe de la alta sociedad barcelonesa, de un pasado que es muy terco y que quiere reivindicarse y venir a su presente. Esta terquedad tiene un detonante, que es el amor que el patriarca siente hacia su amada. Pero claro, la trama va mucho más allá, porque, es verdad que en la primera y segunda novela quizás hay un denominador común que son los secretos de familia, pero en esta novela he querido ir más allá y he querido tratar la manera en que nos relacionamos con el dinero. Y para hacerlo he tenido que crear esta sociedad de personajes en la que, por un lado, hay una estirpe con mucho dinero, y por el otro hay una estirpe con cero dinero.
Esta ansia por tener, disponer o acaparar esta herencia ha sido el terreno de juego perfecto para entender qué es la codicia
En esta novela todo gira alrededor de una herencia millonaria. ¿Por qué has elegido esta temática?
Porque nosotros somos herederos, no solo de riquezas materiales, también de creencias. Cuando heredamos un piso, por ejemplo de una abuela, más que el piso de la abuela heredamos sus miedos, sus creencias, la manera en que nos hemos relacionado con el dinero. Quién en su casa no ha oído decir: “Vigilad que los ricos han hecho el dinero robando, uy trabajando uno no se hace rico”. Lo que hemos oído todas las mujeres por un sesgo de género, “Vigila, que si sobresales mucho, ya sabes lo que dice el dicho, un clavo que sobresale, recibe un martillazo”. Esta ansia por tener, disponer o acaparar esta herencia ha sido el terreno de juego perfecto para entender qué es la codicia. Es decir, para mí la codicia no es querer como dice el diccionario, con ansiedad con riquezas materiales, de una manera desaforada, sin control, sino que uno es codicioso porque se siente pobre. Es una visión de perspectiva de escasez. Si tú te sientes rico, no eres codicioso. Con la codicia no hay propósito, simplemente hay sensación de no tener nada. Y este terreno de juego de la herencia me ha permitido trabajar los cuatro arquetipos que diseñé de donde nacen todos los personajes.
Quien tome esta historia con ilusión, encontrará personajes que se venden por dinero, los hay que compran amor disfrazado, los hay que se hacen gigantes, y los hay otros que se hacen pequeños...
¿Cuáles son estos arquetipos?
El primer arquetipo es el acumulador, que no es porque sea avaro, el acumulador es el que retiene el dinero por miedo. Y este es el caso de un personaje central, que es el Carles Torras. Después está el rebelde antidinero, que es como el antisistema, que demoniza a los ricos, pero en el fondo desea el dinero de una manera más desaforada. Es el caso del personaje de Pedro. Él no quiere dinero, pero tampoco quiere facturas y quiere tomar una vía rápida para ascender socialmente. Después está el personaje de éxito, el que asocia cifras o metros cuadrados de eslora con su identidad. Vale lo que mide su barco. Cuando este arquetipo pierde esto, la pérdida es desoladora, porque lo pierde todo. Y el último arquetipo es el canal consciente, que entiende que el dinero es para compartir, para fluir, lo intenta gestionar de una manera saludable, podríamos decir que es el caso del personaje de Josep. Quien coja esta historia con ilusión, encontrará personajes que se venden por dinero, los hay que compran amor disfrazado, los hay que se hacen gigantes, y los hay que se hacen pequeños...
Ahora que me hablabas de estos arquetipos de personajes, ¿puede ser que los catalanes seamos, históricamente hablando, del primer arquetipo?
Absolutamente. Esto de acumular, de no gastar, de ser prudente... Sí, sí.
¿Por qué crees que somos así?
Es lo que hemos heredado. Nuestros padres y abuelos ahorraban porque perdieron mucho. Ellos sufrieron una Guerra Civil, sufrieron una posguerra, situaciones muy complicadas. Lo que pasa es que tenemos que ser conscientes de que tenemos que sostener la riqueza de otra manera, desde otra perspectiva. Yo vengo del mundo de la opositora y me acuerdo con el primer examen del cuerpo de abogacía, lo encontré tan y tan difícil, era un examen de 8 horas, y estuve a punto de levantarme y abandonar. No me veía capaz de hacerlo. Era muy joven, tenía los niños muy pequeños y los ingresos en casa eran cortos. ¿Qué me hizo quedarme? Mis hijos. Pensé que quizás les daría una vida diferente de la que yo tuve.
Para mí el dinero no te transforma. El dinero lo que hace es que amplifica tu yo real. Lo que no has podido ser y realmente eres, te lo revela. Poseer mucho dinero te hace caer tu máscara
Dicen que para conocer bien a una persona tienes que observar cómo gestiona una herencia.
Estas situaciones que he ido viendo a lo largo de mi vida son las que me han motivado a escribir esta tercera novela. Para mí el dinero no te transforma. El dinero lo que hace es que amplifica tu yo real. Lo que no has podido ser y realmente eres, te revela. Poseer mucho dinero te hace caer tu máscara. Eres quien ya eras. No te cambia.
Yo no creo en las clases sociales, yo creo que las clases también son otra ficción que hemos creado como sociedad
En la novela reflejas dos posiciones sociales, hay dos familias, la de clase alta, la burguesía barcelonesa, y después la de clase baja, de la Marina del Port, de la Zona Franca. ¿La intención era explicar una historia de clases?
No, no, no, no. Yo no creo en las clases sociales, yo creo que las clases también son otra ficción que hemos creado como sociedad. Como tenía que demostrar diferentes maneras de relación con esta herencia, tenía que generar diferentes tipos de personajes con clases sociales muy diferentes.
Aunque no es una historia de clases, sí que hay un enamoramiento entre un personaje de clase altay uno de clase social más baja, la criada. Las historias de amor imposible nos enganchan mucho. Me recuerda a Mirall Trencat, de Mercè Rodoreda. ¿Te has inspirado en la gran novelista catalana?
Es verdad que es rodorediana, pero para mí es más Jane Austin. Y he creado un personaje de clase baja muy potente, con una riqueza personal inmensa, absolutamente focalizada, que no se deja pisotear, muy decidida, muy preparada y que fuera más bien el de la clase alta el que se adaptara.
He visto personas de la alta sociedad que, para mantener unos ritmos de vida fuertes en el ámbito laboral, consumían droga
En esta historia pasa de todo. Hay asesinatos, suicidios, una violación, enamoramientos, test de ADN, drogas, relaciones extramatrimoniales... ¿Hay algún hecho o una experiencia personal que te ha influido a la hora de escribir la trama?
No, no, pero sí que he visto personas de la alta sociedad que, para mantener unos ritmos de vida fuertes en el ámbito laboral, consumían droga.
¿Y cómo te has inspirado a la hora de construir los personajes?
Antes de escribir hago unos cuadros de Excel en los que defino personajes, a partir de estos cuatro arquetipos de los que hablábamos. Pero hay personajes que se me van de las manos, que se reivindican. Que yo les he reservado un papel muy pequeño, pero caray, se me hacen grandes. Para mí el personaje más querido de la novela es Mayte.
¿Crees que los personajes están condicionados por su origen social, o tienen margen para romperlo?
Absoluto margen. Pueden romper lo que quieran.
Quizás el ejemplo es Carmen, ¿no?
Absolutamente, sí. Yo vengo de una familia sin recursos y, claro, para mí estudiar fue como el gran...
¿El ascensor social?
Absolutamente. Estudiando, estudiando, y con eso sí que hay una similitud.
Los diálogos destacan porque realmente hacen muy creíble la historia. ¿Te ha costado encontrar el tono?
Ha habido dos tonos que me han costado un poco. Uno es el diálogo entre los jóvenes. Y el otro el registro del traficante de drogas. Aquí me ha ayudado mucho un curso de novela negra que hice en la librería Ona. Entonces me adentré en el mundo de la novela negra y me ayudó mucho a construir giros y las expresiones que he usado.
¿Cambian las relaciones entre los personajes cuando entra en juego la herencia?
Sí, claro, de repente hermanos que prácticamente ni se hablaban, encuentran un leitmotiv, “vamos todos a una”. Pero eso lo hemos visto todos muchísimas veces.
Como te decía, creo que la novela tiene detalles Rodoredianos. Pero me has dicho que te has inspirado en Jane Austin, ¿qué referentes literarios tienes?
Tengo poco tiempo libre para leer, porque el trabajo me ocupa muchas horas y me tengo que actualizar con el tema jurídico, leo muchas sentencias. De Jane Austen lo he leído todo. Me gusta mucho porque describe a una mujer muy maltratada socialmente en el siglo XIX, pero a la vez una mujer muy fuerte y muy potente. Al final no es el contexto en el que vives, sino cómo tú realmente reaccionas o te comportas. Y leo libros de todo, sobre todo libros de economía. Ahora estoy leyendo El valor de la atención de Johann Hari, que habla de por qué nos distraemos tanto con las redes sociales. Y aquí me ha hecho mucha gracia porque habla de cómo leer ficción parece como algo de menos valor, parece que leer ensayo o libros de autoayuda es mejor, es más intelectual. Pero me ha hecho gracia porque hay un momento en que él habla de un informe hecho por la Universidad de Toronto en que un psicólogo, un tal Raymond, habla de que hizo un estudio entre lectores de ficción y lectores de no-ficción. Y las conclusiones que sacó son que los lectores de ficción eran mucho más empáticos. Conectan mucho más con las personas, incluso con las miradas. Y decía que la ficción es la gran máquina de fabricación de realidad virtual. Y eso te genera riqueza porque cuando tú te encuentras a estos personajes en el mundo real, empatizas mucho más con ellos. Y me hizo gracia. Tanto que Josep Pla decía que la novela de ficción era como un segundo género! Ahora resulta que tiene efectos beneficiosos.
Escribo en la franja de cuatro a seis de la mañana. Esto me viene de la época opositora
Tienes poco tiempo para leer. ¿Cómo te las arreglas para escribir la novela?
Escribo más que leo, ahora. Primero, cuando empiezo una novela empiezo muy poco a poco y escribo en mi tiempo libre y vacaciones. Pero llega un momento en que la novela ya no la puedo soltar, que es tan potente, tan fuerte y todo ya nace y lo tengo que ir sacando, que escribo en la franja de cuatro a seis de la mañana. Esto me viene de la época opositora. Como las últimas oposiciones las hice con niños pequeños, aquello era un desmadre y cuando llegaba del trabajo y había terminado con las cenas y las bañeras, yo estaba destrozada. Y entonces me levantaba a las cuatro, la casa estaba en silencio y estudiaba de cuatro a siete.
Caramba. ¿Qué te hace más feliz tu trabajo como abogada o escribir novelas?
Ahora escribir novelas.
¿Te planteas en algún momento relegar el trabajo de abogada o reducir horas para poder dedicarte más plenamente a la escritura?
Reducir horas no puedo, porque es un trabajo de responsabilidad del Tribunal. Hay una parte del trabajo que me atrapa mucho, que es la parte de ayudar, de impartir justicia. Y eso es lo que ahora es mi superglú. La agencia tributaria hace las cosas mal, vamos a ayudar al ciudadano, esta parte de servicio público siempre la he tenido muy acentuada. Y no puedo reducir, porque es un puesto de responsabilidad, tengo un equipo de gente y no puedo reducir horas. Pero si pudiéramos vivir solo de escribir, sí que lo iría dejando.
¿Has recibido reacciones diferentes según el contexto social de los lectores y lectoras?
No tengo feedbacks todavía.
¿En algún momento te has planteado un final alternativo para esta herencia?
No, porque hago finales redondos. No soporto que me dejen con un final abierto.
No hace falta que a las mujeres, los hombres nos pongan los techos de cristal, nos los ponemos nosotras mismas
¿Tienes alguna idea para la próxima novela?
Sí. Quiero hablar de cómo nos limitan las creencias. Cómo nosotros nos ponemos nuestros propios techos de cristal. No hace falta que a las mujeres nos los pongan los hombres, nos los ponemos nosotras mismas. Y quiero plantear qué haríamos si nuestra vida fuera una novela, qué haríamos si nos dejaran arrancar páginas. ¿Lo haríamos? ¿Asumiríamos las consecuencias?
¿Cómo te imaginas el próximo Sant Jordi?
El próximo Sant Jordi me hace mucha ilusión poder estar en una mesita, poder recibir a las personas. Es que Sant Jordi es muy bonito. Yo lo había vivido durante muchos años como lectora, pero hace 3-4 años que lo he vivido como escritora y es un momento único y de conexión con el lector.
