Anna Maria Martínez Sagi es una escritora olvidada de tiempo de la República, que escribió periodismo en catalán y en castellano y que hizo poesía (básicamente en castellano). Pero además de escritora, fue muchas más cosas: pionera del feminismo, lesbiana perseguida, directiva del F.C. Barcelona, reportera en la columna Durruti, miembro de la Resistencia francesa contra los nazis, profesora de español de François Mauriac... Ahora podremos conocer su obra a través de La voz sola, una antología esmeradamente elaborada por Juan Manuel de Prada, quien en 2000 ya había escrito el reportaje Las esquinas del aire: en busca de Ana María Sagi. La voz sola se enmarca en la colección Obras Fundamentales de la Fundación Banco de Santander, que trata de recuperar a autores olvidados. Este lunes por la tarde se presentará al público en el Liceu, con la presencia de De Prada, la consellera de Cultura, Mariàngela Vilallonga, y Maria Teixidor, del F.C. Barcelona.Sagi en finales de los años 20. Archivo Juan Manuel de Prada

Post-mórtem

Una parte importante de este libro ha sido guardada durante mucho de tiempo. La voz sola incorpora un poemario inédito que dedica muchos poemas a unas vacaciones que Sagi hizo en compañía de su amante, la escritora Elisabeth Mulder. La poeta, que ofreció su obra a De Prada, le pidió que no se publicaran estos versos hasta 15 años después de su muerte, para no revelar a los familiares de Mulder la vida secreta de esta. Ahora De Prada publica La voz sola, y anuncia que próximamente publicará las memorias de Martínez Sagi, un libro que probablemente dará mucho que hablar.

Una mujer fuera de serie

Sagi nació en una familia burguesa de Barcelona que le hablaba en castellano (aprendió el catalán con la sirvienta que la cuidaba). Pero muy pronto se distanció de sus padres y, sobre todo, de su tiránica madre. Sus preocupaciones sociales la llevaron muy pronto a empatizar con los obreros y, no sólo a ayudarlos, sino también a reclamar sus derechos... En los años 30, tal como la define De Prada, fue "una celebridad" que se popularizó con sus artículos en Las Noticias y en La Rambla (un diario que daba mucho protagonismo al deporte, en la línea ideológica de ERC, dirigido por Josep Sunyol, más tarde presidente del Barça). Estuvo en contacto con las intelectuales catalanas más famosas de la época, como Anna Murià. Fue catalanista, aunque escribía en castellano porque la habían educado en esta lengua (su catalanismo se atemperaría en el exilio). Su primer libro, Caminos (1932), fue muy bien recibido en Madrid y la llevó a colaborar con la revista ilustrada Crónica.

Sagi periodista en los años 30. Archivo Juan Manuel de Prada

En los años 30, cuando hacía de periodista. Archivo personal Juan Manuel de Prada.

Lesbiana perseguida

En 1932 escribió su segundo poemario, marcado por su relación con la escritora Elisabeht Mulder, entonces viuda y con un hijo. Ambas llegaron a pasar unas vacaciones de Semana Santa a Mallorca, que para Sagí fueron míticas y marcaron toda su obra. Pero la madre de Sagi obligó a la ruptura de la pareja; la relación entre madre e hija no se recuperaría nunca. La relación con Mulder se rompió, pero Sagi quedó marcada para siempre por su amante: continuaría enamorada de ella hasta su muerte, de una forma obsesiva, enfermiza. Tras la ruptura con la amante y con la familia Sagi se fue a vivir sola, ganó oposiciones al Ayuntamiento y empezó a simpatizar con la CNT.

En clave feminista

Sagi se sumó a las reivindicaciones feministas, tanto desde los diarios generalistas (sobre todo La Rambla) como desde círculos femeninos (sobre todo, el Club Femenino de Deportes, que aspiraba a divulgar el deporte entre las clases populares). Fue una firme defensora del sufragio femenino y en sus artículos no faltan invectivas contra los que no eran favorables a las reivindicaciones de las mujeres. Al mismo tiempo, fue una gran deportista (venía de una familia de deportistas). Practicó el tenis, el lanzamiento de jabalina, el remo, el esquí... Entró en la junta del F.C. Barcelona, siendo la primera mujer en formar parte de su directiva. En 1931 llegó a ser campeona de España de atletismo. Participó en ciertos círculos feministas y estableció una buena relación con la periodista y escritora Rosa Maria Arquimbau. Pero fue muy crítica con el feminismo, sobre todo porque acusaba a las mujeres de falta de solidaridad entre ellas. En 1936 se marchó con la Columna Durruti y desde el frente de Aragón, hizo unas crónicas de guerra muy combativas que De Prada considera "muy valiosas".. Incluso resultó herida en la guerra.

Sagi en finales de los cincuenta posando cono su coche. Arch. Juan Mnuel de Prada

Martínez Sagí en los años cincuenta. Archivo personal de Juan Manuel de Prada.

Exilio

No se sabe exactamente cuándo se marchó Martínez Sagi al exilio, pero se sabe que gracias a la protección de sus contactos familiares se libró de los campos de refugiados del Rosellón. Vivía en París en el momento de la ocupación nazi y se sumó a la Resistencia. Al acabar la guerra se dedicó a la pintura ambulante e incluso al diseño de fulares. Años más tarde optó por el cultivo de hierbas medicinales para la industria perfumista. Más tarde se fue a Estados Unidos donde se dedicó a dar clases de francés y de español en la Universidad de Urbana, en Illinois. En el exilio seguió escribiendo poesía, mucha, inspirándose en sus frecuentes viajes por varios lugares del mundo, en la nostalgia de la tierra perdida y, sobre todo, en el amor nunca recuperado de Mulder.

Rechazada

A finales de los años sesenta Sagi empezó a preparar su retorno y escribiría mucho. Empezaría a viajar de vez en cuando a España, e intentó hacer realidad el retorno glorioso a la tierra natal. Pero su poemario Laberinto de presencias, publicado en León en 1969 y lleno de poemas inspirados en Mulder, pasaría desapercibido. Sería un anticipo de lo que le pasaría al retorno a España. En 1977, tras la muerte de Franco, decidió instalarse en Catalunya. Pero la vuelta fue más dura de lo que esperaba. El mundo intelectual la ignoró y sólo Destino la entrevistó un par a veces. Elisabeth Mulder parece ser que no quiso saber nada de ella. Aunque Sagi consiguió una modesta pensión que le permitió sobrevivir sin problemas, no pudo publicar ningún otro libro: le llovieron las cartas de rechazo de las editoriales. Por despecho, se desvinculó de la vida literaria, deportiva e intelectual catalana. Amargada y cada vez más arisca, dejó de escribir y "se enterró en vida" (cómo dice De Prada) en Moià, donde nadie la conocía. En 2000 moriría en una residencia de ancianos de Santpedor, olvidada de todos.

Sagi en los años 50

Anna Maria Sagi en los años 1950.

Persiguiendo a un fantasma

De Prada se enteró de la existencia de Sagi, ya hace 20 años, a partir de la lectura de una entrevista que le había hecho César González-Ruano a los años 1930. Le sorprendió una mujer que en esa época se proclamara republicana, feminista, sindicalista... Picado por la curiosidad, el escritor buscó datos sobre ella, y encontró muy pocos, más allá de alguno de sus libros de ella. Pero finalmente descubrió que estaba viva y que vivía en Moià. Y a pesar de que ella era reticente a hablar de sí misma, De Prada consiguió ganarse su confianza y sacarle muchas informaciones. El mismo día que acabó un libro sobre ella, Las esquinas del aire, y que lo envió al editor, le llamaron para comunicarle que Sagi se había muerto. La relación intelectual con esta escritora no acabó aquí. Si en 2000 De Prada escribió un ensayo biográfico basado en las declaraciones de Sagi, ahora ha intentado hacer una obra diferente, y a su antología le ha añadido un largo prólogo, en el qué ha intentado contrastar mucho más las fuentes (a pesar de que reconoce que a partir de 1937 la vida de la autora se vuelve más turbia, y que habría que revisar archivos de Francia y de Estados Unidos).

¿Ressurrecció?

La colección Obra Fundamental, que ya consiguió recuperar del olvido otros personajes, como la misma Elisabeth Mulder, apuesta ahora por sacar a la luz la vida y la obra de Anna Maria Martínez Sagi. De Prada ha conseguido recuperar a un personaje fascinante, que refleja una generación perdida para la cultura catalana, por el corte que implicó el franquismo. Quizás Martínez Sagi no es una autora que entre al canon literario, pero su trayectoria vital justifica interesarse por su vida y obra. Sin duda, sus memorias generarán todavía más interés.

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