La media de tiempo que se pasan en Barcelona los cruceristas que no pernoctan en la ciudad es de 4 horas y media. Es un dato de un informe oficial del Puerto de Barcelona que impresionó a los alumnos de Diseño de Elisava, la Escuela Universitaria de las Ramblas de Barcelona. Y decidieron organizar una exposición sobre este hechos, 4,3 horas, aprovechando las fotografías que los propios turistas cuelgan en Instagram (mezcladas con alguna fotografía propia, infiltrada entre ellas). El resultado es una muestra en que se evidencia dos realidades que a menudo se dan la espalda, pese a que están en contacto evidente. Esta exposición, situada en el vestíbulo del Palau de la Virreina, está integrada dentro de la BCNegra, dedicada este año al Puerto de Barcelona. Se podrá ver hasta el 31 de enero.

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Los tempos del turista

Hay datos oficiales sobre lo que hacen los cruceristas en las 4 horas y pico de estancia en la ciudad. En base a encuestas de instituciones oficiales se sabe que el 52,3% pasea en mayor o menor medida. El 32,6% va de compras. El 38,5% escoge visitar atracciones culturales y monumentos. Un 22,2% dedica su tiempo a comidas. El 3,7% opta por acercarse a las atracciones turísticas; y un 3,6% lo hace en visitas organizadas. Un 2,3% cogen el bus turístico o hacen otras rutas turísticas. El 1,9% se detendrá a tomar un café, beber una copa o picar alguna cosa, y un porcentaje equivalente irá a visitar a algún pariente, amigo o conocido. Un 1,3% se dedicará a la fotografía; y un 0,9% no se va lejos del puerto y se queda rondando por la playa o el paseo marítimo. No consta si en estas 4 horas y media ligan o no (quizá no, porque el crucerista suele viajar en pareja). La exposición se ha organizado en base a estos datos. 100 fotografías ilustran cada una de estas actividades, vistas con ojos de gente diferente de la que se preserva el anonimato. Y unos pocos textos contextualizan el impacto del turismo sobre la ciudad.

4,3 horas exposicio cruceristas elisava Pedro Vicente

Foto: Pedro Vicente.

Previsible

Los turistas llegan por el puerto, una Barcelona completamente desconocida para los barceloneses, porque a menudo es muy inaccesible (pese al fuerte impacto que tiene en la ciudad). Después, su vida recurrirá un circuito paralelo al de los ciudadanos. La Barcelona que viven estos rápidos turistas es muy reducida. A través de las fotografías de Instagram se repiten una y otra vez los mismos escenarios de la fachada marítima, las Ramblas, el paseo de Gracia, la vuelta turístico y poco más... En realidad, son bien pocos los que visitarán la ciudad en compañía de algún barcelonés (son excepcionales las fotografías en que los cruceristas interactúan con alguien que no sea crucerista o camarero). Los alumnos han constatado el rechazo que genera el turismo entre algunos barceloneses, que contrasta con el atractivo que la ciudad genera entre los turistas: más del 95% recomendaría a sus amigos que la visitaran.

De la paella a Colón

Las imágenes que se ven a la exposición a menudo son muy recurrentes, porque muchos turistas seguirán de forma mecánica las mismas rutas. Es constante la imagen de Colón, desde diferentes ángulos, pero también es recurrente la paella (a veces acompañada de una sospechosa sangría). El bus turístico es un referente muy repetido. Pero de vez en cuando sale algún icono que los turistas valoran mucho y que pasa desapercibido por muchos ciudadanos, como El cap de Barcelona, de Roy Lichstentein. Lo que no faltan, nunca, son las ostentosas bolsas de compras de las marcas más lujosas, cuantas más bolsas, parece que se encuentra más gusto en el viaje. Y está muy presentes, obviamente, los selfies: si el viaje tan sólo dura 4 horas y media, hay que hacer muchas fotografías para poder revivirlo continuamente y estirarlo en el tiempo. En cualquier caso es obvio que para los cruceristas Barcelona es un escenario, grandioso, pero un simple escenario; parecen tener un interés mínimo por sus habitantes.

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Mirándoselo desde las Ramblas

La escuela de diseño e ingeniería Elisava está en las Ramblas y no puede ser impermeable al turismo. Eso lo percibieron muy pronto los 11 alumnos de máster de fotografía, procedentes de diferentes partes del mundo, que se han implicado en el proyecto, tutorizados por la profesora Natasha Christia. Desde septiembre, en que iniciaron el curso, estuvieron diseñando todo el proyecto: documentándose, escogiendo el método, buscando fotografías, diseñando la exposición... Todo el proyecto ha sido realizado por ellos. Y fueron ellos los que se dieron cuenta que más que fotografiar a los cruceristas, una cosa no siempre fácil, lo más adecuado en este caso era recuperar las imágenes colgadas a las redes sociales. Además del incontestable valor pedagógico y artístico de esta actividad, Christia apunta que ha ayudado a los estudiantes que acababan de llegar a integrarse en Barcelona y a ver la ciudad de otra forma.

El mosaico de otra Barcelona

La instalación de los alumnos de Elisava refleja otra ciudad, muy a menudo ajena a la de los residentes. El puerto de Barcelona está lleno de silencios y la mayoría de los ciudadanos se mantienen completamente de espaldas a su realidad. Por eso vale la pena dejarse caerse por el vestíbulo de La Virreina y ver la ciudad, ni que sea por unos minutos, con otros ojos. La exposición no es óptima, porque hay dificultades para ver con claridad todas las imágenes por su pequeño tamaño, pero vale la pena echar una ojeada a lo que es vivir Barcelona con sólo 4,3 horas. Quizá después veamos a los cruceristas con otros ojos. O no.

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