Muchas personas utilizan suavizante en cada lavado con la idea de que las toallas queden más suaves y agradables al tacto. Sin embargo, especialistas en limpieza doméstica y fabricantes de textiles coinciden en que esta práctica puede terminar arruinando las toallas antes de tiempo. Aunque el suavizante aporta una sensación de suavidad inicial, a largo plazo puede perjudicar la función principal de este tipo de prendas, que no es otra que absorber agua.
Las toallas están diseñadas para retener la humedad gracias a las fibras de algodón que las componen. Cuando estas fibras están limpias y libres de residuos, pueden absorber grandes cantidades de agua con facilidad. El problema aparece cuando ciertos productos de lavado empiezan a alterar la estructura de esas fibras.
El suavizante crea una capa que bloquea la absorción
El motivo principal por el que los expertos desaconsejan usar suavizante en las toallas es su composición química. Este tipo de productos contiene sustancias cerosas o siliconas que se adhieren a las fibras del tejido. Cuando se utilizan de forma repetida, estas sustancias crean una película alrededor del algodón. Esa capa provoca que las fibras pierdan su capacidad natural de absorber agua.

Con el tiempo, las toallas pueden volverse prácticamente hidrofóbicas, es decir, empiezan a repeler el agua en lugar de absorberla. Esto hace que, aunque la toalla parezca suave al tacto, en realidad seque mucho peor la piel después de una ducha.
Un efecto que empeora con cada lavado
Otro problema del suavizante es que su efecto se acumula con el paso del tiempo. Cada lavado deja un pequeño residuo en el tejido, y esa acumulación termina afectando tanto a la absorción como a la textura de la toalla. Como consecuencia, muchas toallas que se han lavado durante años con suavizante terminan volviéndose rígidas, ásperas y con un olor desagradable debido a la humedad que queda atrapada en las fibras.
Además, esa capa residual también puede atraer más suciedad y restos de detergente, lo que contribuye a que aparezcan manchas o malos olores. Por este motivo, los expertos recomiendan lavar las toallas únicamente con detergente y evitar el suavizante en este tipo de prendas. Así pues, de este modo se conserva mucho mejor la capacidad de absorción del algodón y se alarga la vida útil de las toallas durante mucho más tiempo.