El café, esa rutina diaria que millones de personas repiten casi de forma automática cada mañana, se enfrenta a un desafío muy complicado de superar. El cambio climático ya no es una amenaza lejana y sin consecuencias y comienza a alterar las condiciones que durante décadas han permitido cultivar uno de los productos agrícolas más consumidos del planeta. La transformación no solo afecta a agricultores y regiones productoras, sino también a consumidores que podrían ver cómo cambian el sabor, el precio y la disponibilidad de la segunda bebida más consumida del planeta.
Durante años, distintas investigaciones científicas han advertido sobre este fenómeno. Los análisis climáticos coinciden en un diagnóstico preocupante, ya que si la tendencia actual de calentamiento global se mantiene, hacia mediados de siglo una parte sustancial de las áreas hoy aptas para el cultivo del café dejarán de serlo. No se trata de cambios menores, sino de reducciones potencialmente drásticas en la superficie cultivable, acompañadas por un desplazamiento geográfico de las zonas más favorables.
Temperatura, estrés térmico y calidad del grano
El café es especialmente sensible a las variaciones térmicas. La variedad arábica, responsable de la mayor parte de la producción mundial y apreciada por su calidad, requiere rangos de temperatura relativamente estrechos. Incrementos sostenidos provocan maduraciones aceleradas, alteraciones en el desarrollo del fruto y, en consecuencia, impactos directos en el perfil organoléptico del grano. En términos simples, las temperaturas más altas pueden traducirse en cafés de menor complejidad aromática y menor calidad al servirse en la taza.
A ello se suma la creciente irregularidad de las precipitaciones y la intensificación de fenómenos extremos. Sequías más frecuentes, lluvias torrenciales y olas de calor comprometen la estabilidad del cultivo. El estrés hídrico y térmico afecta tanto al rendimiento de las plantas como a la consistencia de las cosechas, aumentando la incertidumbre para los productores y la volatilidad en los mercados internacionales.
Plagas, polinizadores y desplazamiento geográfico
El calentamiento favorece la expansión de plagas, entre ellas el escarabajo barrenador del café, uno de los principales enemigos del cultivo cafetero. Paralelamente, la degradación de ecosistemas y la reducción de masa forestal inciden negativamente en las poblaciones de abejas polinizadoras. Las proyecciones apuntan además a un desplazamiento en altitud y latitud de las áreas óptimas. Muchas regiones tradicionales podrían perder competitividad climática, obligando a trasladar cultivos hacia zonas más elevadas o diferentes territorios.
De este modo, una proporción significativa de la producción mundial depende de pequeños agricultores, cuya estabilidad económica está estrechamente ligada al café. Si el clima sigue afectando negativamente al café, no solo perdermos calidad en nuestras cafeterías, sino que las economías más delicadas tambiénn van a sufrir mucho.
