La finalización de la Sagrada Familia, una vez coronada la Torre de Jesús, está fijada en el plazo “de unos diez años” en cuanto a su verticalidad, es decir, de toda la operativa constructiva situada dentro de la finca que ocupa el templo expiatorio. Este es un “deseo” formulado desde hace algunos años por la Junta Constructora —a pesar de que pasan los años y el plazo continúa siendo de diez años—, pero que tiene la derivada de que todo aquello que queda fuera del solar queda fuera de las previsiones de finalización. De hecho, hay dos partes fuera del solar, por un lado, los voladizos de la fachada de la Glòria, que de momento no cuentan con los permisos municipales pertinentes y que limitan la actividad constructiva en el interior del solar; y, por otro lado, el acceso a la misma fachada desde la calle Mallorca.

De hecho, el conflicto de la escalinata es el mayor escollo con el que se encuentra la finalización integral del templo según el proyecto de Antoni Gaudí, que preveía un puente por encima de la calle Mallorca para salvar la diferencia de cota que hace que la puerta principal de la fachada de la Glòria quede a unos tres metros sobre el nivel de la calle. Como es sabido, la construcción del puente supondría derribar, al menos, el edificio que hay justo delante, un problema que se ha ido aplazando en los últimos cincuenta años, pero que ahora, con la construcción de la Sagrada Familia en la recta final, empieza a necesitar una solución urgente. Por eso mismo, el actual gobierno municipal se comprometió a encontrar la solución —aunque no necesariamente la ejecución— dentro de este mandato, al que le queda un año y dos meses para llegar a su fin.

En este contexto, la Junta Constructora ha defendido siempre la intención de construir la escalinata como parte del “proyecto de Gaudí”, y justo hace medio año asumía que el conflicto podría acabar en los juzgados. Es más, sobre la mesa siempre ha habido la posibilidad de incluir en la solución al conflicto el solar que la Sagrada Familia posee en la misma calle Mallorca entre Lepant y Marina, es decir, en la manzana de casas situada justo al lado de la que está amenazada de derribo, donde se podrían construir pisos para realojar a los vecinos afectados, una situación que, en todo caso, aplazaría el derribo hasta que los pisos estuvieran terminados.

Conversaciones “muy avanzadas”, según Esteve Camps

Ahora bien, si en septiembre la Junta Constructora no descartaba acabar en los tribunales, cosa que podría eternizar la situación, este martes, y en el marco de la presentación de la memoria de 2025, el consejero delegado de la Junta Constructora, Esteve Camps, ha dado un giro a la situación, anunciando que las negociaciones con el Ayuntamiento están, a estas alturas, “muy avanzadas”. “Parece que estamos cerca de un acuerdo”, ha reiterado Camps, que no ha querido dar más detalles sobre el contenido de estas negociaciones, indicando, eso sí, que tienen el compromiso del concejal de distrito del Eixample, Jordi Valls, de que “ningún vecino se quedará sin vivienda en el distrito”.

Maqueta de la Sagrada Familia finalizada. En primer plano, la fachada de la Glòria con la escalinata de acceso, con un puente sobre la calle Mallorca / Foto: Carlos Baglietto

Con todo, este optimismo exhibido por la Sagrada Familia contrasta con el Ayuntamiento de Barcelona, mucho más contenido. Así, fuentes municipales consultadas por ElNacional.cat a raíz del anuncio de Camps, se han limitado a señalar que las conversaciones sobre la fachada de la Glòria de la Sagrada Familia “se deben abordar con serenidad, rigor y profundidad, porque es un proyecto clave de ciudad y de país”, eso sí, teniendo como prioridad “las preocupaciones y las necesidades de los vecinos y las vecinas”, en especial “el derecho a la vivienda”. Es más, las mismas fuentes apuntan que cualquier acuerdo “deberá ofrecer una respuesta justa y efectiva a las personas afectadas, asegurando que nadie salga perjudicado”.

Los vecinos están “a la espera”

Y si el ayuntamiento se muestra cauto respecto a la inminencia de un acuerdo para resolver la cuestión de la escalinata, aún más escépticos se muestran los vecinos. “De momento a nosotros nadie nos ha comunicado nada”, apuntan fuentes vecinales de los edificios afectados consultadas por ElNacional.cat. “Estamos a la espera”, insisten unos vecinos que, más allá de lo que puedan acordar el templo y el Ayuntamiento, serán los que acabarán sufriendo las afectaciones del acuerdo. Todo ello, un conflicto a tres bandas que oscila entre el optimismo de la Sagrada Familia y el escepticismo de los vecinos, con un gobierno municipal cada vez con menos tiempo para encontrar una solución definitiva al conflicto.