El pasado 2 de junio, el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, definió la remodelación de la terminal de autobuses Barcelona Nord, ubicada en el ámbito de la histórica estación ferroviaria del Nord, como la de "un pequeño aeropuerto", una definición que hacía referencia a las "lógicas" de la nueva terminal de pasajeros, con servicios centralizados en la planta baja, en un espacio por donde pasan unos tres millones de pasajeros anuales. Con todo, esta reinauguración, que ha tenido un coste de catorce millones de euros y unas obras que empezaron a finales del 2024 y que todavía no se ven acabadas del todo, no convence a parte de los vecinos del Fort Pienc, que conviven con un espacio que genera ruidos y polución a todas horas: "Esta estación no debe estar aquí".
La estación de autobuses se ha renovado de puertas adentro, pero para los vecinos no ha supuesto mejoras con respecto a la relación con su entorno, el barrio del Fort Pienc, en el distrito del Eixample. Así lo exponen representantes vecinales que lamentan que la renovación implique que esta estación tome "un protagonismo que en principio no estaba previsto". Jordi Casanovas, miembro de la Associació Veïnal Fort Pienc apunta, en declaraciones a ElNacional.cat, que la estación, situada junto a equipamientos y edificios residenciales, es una fuente de ruidos y contaminación: "A toda hora llegan servicios y en la estación los motores están encendidos no solo en el momento de arrancar, sino mucho antes para que estén refrigerados".
Casanovas también apunta que los planes de la administración para hacer nuevas terminales de autobuses, como la de la Sagrera o la plaza Espanya, supondrán "mínimo siete, ocho o diez años antes de ver ninguna de estas estaciones", y por eso denunció que "la única gran estación es la que nos estamos comiendo en el barrio del Fort Pienc", ya que además de los ruidos generados por la propia terminal, está el paso constante de autobuses por el barrio, "todo un recorrido por las calles: Alí Bei, Roger de Flor, Casp, Sardenya...", que genera un "volumen insoportable" de ruido.
Una guardería junto a la estación
Aún más, justo al otro lado de la calle Alí Bei, enfrente de la terminal, que en todo caso está hundida, se sitúan varios equipamientos, entre los cuales una escuela de primaria y una guardería. Meritxell Ortiz, miembro de la Comissió d'Entorn Escolar i Medi Ambient de la AFA de la Escola Fort Pienc, apunta, también en declaraciones a este medio, que la presencia de la terminal genera contaminación: "Ecologistes en Acció pusieron unos aparatos de medición y el resultado de 2025 es que somos la segunda escuela de Barcelona más contaminada, la séptima de Catalunya y la número veintiuno del Estado, esto es una afectación directa de contaminación para los niños".
Ortiz sostiene que la contaminación atmosférica "afecta a todo el mundo, pero a los niños aún más", para añadir que, además, existe la contaminación acústica, "cada vez que echan marcha atrás, el pip, pip, pip constante, la salida por la rampa, el claxon". "Todo esto los niños lo van oyendo y lo van interiorizando", insiste, para apuntar que genera "déficit de atención". De hecho, estos ruidos no se detienen por la noche, ya que aunque no hay salidas, sí que hay llegadas, y por eso lamentan que la renovación se haya vendido como "un gran avance". En este sentido, Casanovas apunta que la transformación quizás ha traído "beneficio para los usuarios, pero al barrio no aporta nada".
"Cada día se producen robos de maletas"
Además de los problemas de ruidos y contaminación atmosférica, Casanovas señala un tercer problema, el de la delincuencia: "Aquí cada día se producen robos de maletas". Según este portavoz vecinal, el modus operandi de los ladrones es el de esperar la llegada de autobuses y, cuando abren los maleteros, "cogen la primera maleta, salen corriendo, se van hacia interiores de manzana que hay aquí cerca, que es un lugar más escondido, y allí revientan la maleta, abren y cogen lo que quieren". Por eso mismo piden también un "refuerzo de la vigilancia en el exterior, en los muelles de los autobuses".
Ante esta situación, Ortiz es explícita en cuanto a la principal demanda: "Esta estación no debe estar aquí". "En las grandes ciudades europeas las estaciones de autobuses no están tan céntricas, no la tenemos que tener aquí", insiste, para apuntar que "no se han aportado soluciones", como la de derivar la flota hacia vehículos eléctricos o modificar las rampas de entrada y salida "para no afectar directamente a la escuela". "Al contrario, parece que todo es una gran ventaja, que se ha conseguido un pequeño aeropuerto aquí en el centro y no se está mirando en absoluto por el ciudadano y por los niños que tenemos justo delante de esta estación". "Nos sorprende y estamos totalmente en desacuerdo en que se diga que es un pequeño aeropuerto, porque los aeropuertos, ni los grandes ni los pequeños, no están en medio de la ciudad", remacha Ortiz.
Respuesta municipal: "Un entorno más ordenado y con más actividad cívica"
A pesar de las quejas, el hecho es que Barcelona cuenta ahora con una estación de autobuses más moderna y con más vigilancia, que ha comportado "un entorno más ordenado y con más actividad cívica", según apuntan fuentes de B:SM (Barcelona de Serveis Municipals, empresa pública que gestiona la terminal Barcelona Nord) consultadas por ElNacional.cat, que añaden que la transformación de la estación de autobuses Barcelona Nord "ha supuesto una renovación integral orientada a reforzar la seguridad, mejorar la experiencia de los usuarios e integrar mejor el equipamiento con su entorno vecinal". En este sentido, las mismas fuentes apuntan que la estación dispone ahora de "nuevos sistemas de videovigilancia 24 horas con análisis inteligente, una mejor supervisión de los espacios, vigilancia presencial y coordinación permanente con los cuerpos de seguridad, con refuerzos específicos en momentos de gran afluencia".
Además, apuntan que el dispositivo de seguridad se completará con "la instalación de detectores de metales en el acceso", insistiendo en que la reorganización de los accesos, con entrada principal única por la calle Nàpols, "permite un mejor control de los flujos, facilita la prevención de conductas incívicas y favorece la coordinación operativa con la Guardia Urbana por la proximidad física y la relación directa con los vigilantes de seguridad". Asimismo, apuntan que desde el distrito del Eixample, "se mantienen reuniones periódicas con entidades del Fort Pienc para escuchar demandas, trasladarlas y estudiar posibles mejoras". Finalmente, en cuanto al ruido, recuerdan que "los avisadores acústicos de marcha atrás son obligatorios por seguridad y no se pueden eliminar, pero la reorganización de los flujos y operativas tiene también como objetivo reducir la necesidad de estas maniobras y, en consecuencia, minimizar las molestias acústicas asociadas".
