En la avenida de Pedralbes de Barcelona se esconde una de las obras menos conocidas de Antoni Gaudí, pero también una de las más reveladoras para entender el inicio de su trayectoria. Se trata de los Pabellones Güell, situados en la entrada de la antigua finca de la familia Güell, la mayor parte de la cual forma parte actualmente de los jardines del Palacio Real de Pedralbes. En la actualidad y con el nombre de Pabellones Güell se conservan diversos elementos de uno de los accesos a la finca, con la puerta, la casa del guarda, las caballerizas y un picadero, construidos por Gaudí entre 1884 y 1888.

Desde la calle, el elemento que más sorprende es la gran puerta de hierro forjado presidida por un dragón intimidante. No se trata de una figura decorativa cualquiera: representa a Ladón, el dragón que vigilaba el mítico Jardín de las Hespérides, donde Hércules robó la manzana de la inmortalidad. La referencia proviene del poema épico La Atlántida de Jacint Verdaguer, una obra que inspiró la simbología del conjunto de los Pabellones Güell. Con la boca abierta y el cuerpo en tensión, el dragón vigila todavía ahora la entrada de este jardín legendario.

A pesar de su importancia, los Pabellones Güell han sido durante años un espacio poco visitado. Ahora, en el marco del Año Gaudí, ElNacional.cat hemos podido acceder y descubrir de cerca tanto los jardines como la casa del guarda, una de las construcciones tempranas del arquitecto.

Any Gaudí 2026 pavellons Güell / Foto: Carlos Baglietto
La entrada a los Pavellons Güell, con la Casa del Guarda y la reja con el dragón Ladón / Foto: Carlos Baglietto
Any Gaudí 2026 pavellons Güell / Foto: Carlos Baglietto
La Casa del Guarda incluye un mirador sobre el acceso a la finca Güell / Foto: Carlos Baglietto
Any Gaudí 2026 pavellons Güell / Foto: Carlos Baglietto
Exterior de la Casa del Guarda desde el jardín / Foto: Carlos Baglietto

La visita permite interpretar algunos de los recursos que acabarían definiendo la arquitectura gaudiniana. Entre los detalles más curiosos está la letra G que identifica a la familia Güell, un símbolo que Gaudí volvería a utilizar años más tarde en el Park Güell. También aparece la característica combinación de materiales que tanto lo distinguiría: ladrillo visto, cerámica, hierro forjado y pequeños cristales de colores.

En el interior de la casa del guarda, el visitante descubre una edificación de planta es poligonal coronada por una cúpula hiperbólica, una solución estructural que anticipa las innovaciones que Gaudí desarrollaría posteriormente. Dentro encontramos una chimenea central y ventanales alargados que aportan luz al espacio. Además, un pequeño mirador se abre hacia el patio de acceso, ofreciendo una perspectiva privilegiada de la entrada monumental.

Los Pabellones Güell son, un pequeño universo gaudiniano a menudo eclipsado por los grandes iconos del arquitecto. Precisamente por eso, su redescubrimiento tiene un encanto especial. Esta primavera, con la apertura al público mediante visitas guiadas en el marco del Año Gaudí, será una oportunidad perfecta para explorar uno de los rincones más singulares —y menos conocidos— del patrimonio modernista de Barcelona. Y el consejo es claro: vale la pena dejarse sorprender.

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