La red de Metro de Barcelona abre, de lunes a jueves de las cinco de la madrugada hasta la medianoche; los viernes, el horario de cierre se alarga hasta las dos de la madrugada, y los fines de semana se mantiene abierto toda la noche de sábado a domingo. Este es el Metro que ven los millones de usuarios que lo utilizan, con 480 millones de validaciones en el año 2025, más de un millón al día, pero hay un Metro que no se ve, el que se despierta cuando la ciudad duerme y aprovecha el limitado espacio, entre la medianoche y la hora de apertura, para aprovechar este margen horario para llevar a cabo tareas esenciales.

Una de estas tareas es la de mantenimiento de toda la red y el parque móvil, pero otra parte, también esencial, es la limpieza para mantener las instalaciones en buen estado higiénico, tanto las partes públicas que ven los usuarios, como las dependencias de acceso restringido a los trabajadores. No en vano solo en el servicio de limpieza del Metro de Barcelona trabajan 800 personas, una cifra bastante significativa si se tiene en cuenta que en la red de Metro hay 3.500 profesionales de plantilla de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) y el contrato de limpieza, junto con el de seguridad, es de los más significativos después de la compra de trenes.

Aún más, de estas 800 personas, un 80%, es decir unas 640 personas, trabajan en el turno de noche, que es cuando se aprovecha para hacer limpiezas integrales de las estaciones y de los interiores de los trenes, una tarea imprescindible para conseguir que, según datos del estudio de Percepción del cliente, realizado anualmente por TMB, los usuarios valoren con un 8 sobre 10 la limpieza de trenes y estaciones, con un 7,9 respecto a los trenes y un 7,8 respecto a las estaciones. En este contexto, TMB ha sacado a licitación el nuevo contrato de limpieza para los próximos cinco años, hasta 2031, con un presupuesto global de 200 millones de euros.

El Metro cierra, pero no se detiene

Y es que a partir de las doce de la noche, a medida que los metros llegan a las estaciones terminales, la red de Metro va cerrando puertas a los usuarios, pero en ningún caso se detiene. Al contrario, bajar la persiana del Metro es el pistoletazo de salida de toda una operativa que se repite cada noche en diferentes puntos de la red con el objetivo de asegurar al máximo posible la limpieza. Antes, sin embargo, están las tareas diurnas, que ocupan un 20% de esta plantilla de 800 personas, y que se centran en vaciado de basuras, barrer y limpiar los suelos de los trenes en las estaciones terminales, así como intervenciones de urgencia, como limpieza de vertidos de líquidos o sólidos. También se limpian las dependencias internas y la cabina del jefe de estación.

Todo el servicio de limpieza implica destinarle un millón de horas de trabajo anuales, pero es por la noche cuando hay el gran grueso y se efectúan tareas de limpieza integral. Así cada línea dispone de dos equipos de diez personas que van limpiando progresivamente las estaciones con el objetivo de hacer una limpieza integral de cada estación al menos una vez al mes. En las más reducidas, como la de Liceu (L3) este trabajo se puede hacer en una jornada, pero en otras, el trabajo se alarga al menos dos jornadas. Por ejemplo, la estación de Vall d’Hebron de la L5 tiene una superficie a limpiar de 18.000 metros cuadrados, entre vestíbulos, andenes, dependencias, escaleras y ascensores y accesos desde la calle, y esto sin contar la parte que corresponde a la L3. De hecho, en las estaciones de intercambio están delimitadas las fronteras entre líneas, ya que la limpieza de cada parte corresponde a equipos diferentes.

Un operario utiliza una máquina rotativa para limpiar las instalaciones de la estación de la L5 de la Vall d'Hebron / Foto: Carlos Baglietto
Una máquina autónoma limpia sin necesidad de operarios el andén de la L5 de la estación de la Vall d'Hebron / Foto: Carlos Baglietto
La limpieza integral incluye también los elementos situados en la calle, como en este caso la caja del ascensor de acceso / Foto: Carlos Baglietto
Limpieza de las barandillas de las escaleras de acceso, que también se someten a rociados de agua a presión / Foto: Carlos Baglietto

Máquinas de todo tipo, entre rotativas, fregonas mecanizadas e incluso maquinaria autónoma se utilizan para limpiar estos espacios según la singularidad de cada estación. Por ejemplo, en la estación de la L5 de la Vall d’Hebron, que es de las más modernas de la red, se usa una máquina autónoma que, como una roomba gigante y con asiento para conductor -opcional- incluido, hace la limpieza del andén sin necesidad de un operador. Queda atrás el tiempo en que a los servicios de la limpieza se les llamaba la brigada del agua, porque se veían en la necesidad de acarrear cubos de agua continuamente para poder limpiar, mientras que ahora los suelos se friegan con sistemas más automatizados y que ahorran agua

La limpieza integral incluye, asimismo, el uso de agua a presión para las escaleras de las bocas de Metro, que son las que más se ensucian, ya que están situadas a la intemperie. También se limpian ascensores y escaleras automáticas, así como pasamanos, cristales y todo el resto de elementos que forman parte de una estación de Metro. Otros trabajos más específicos, como la limpieza de techos, que a menudo implican la instalación de andamios, se hacen al menos una vez al año en cada estación. 

La limpieza de trenes y del patio de vías

La limpieza no se limita a las estaciones, sino que también implica el interior de los trenes, que, en este caso, se limpian diariamente, incluso los fines de semana, pero en este caso se aprovecha la menor frecuencia para hacer las tareas fuera de andén, aunque no se evita al cien por cien que haya convoyes que, después de toda una noche de sábado, a primera hora de domingo aún no se hayan limpiado, a pesar de que precisamente esa noche hay un refuerzo de la limpieza. Para la limpieza del interior se utilizan fregadoras automáticas y otros elementos para asegurar la higiene, pero además una vez al año se hace la limpieza integral de todos los trenes. 

Una fregadora automática en uso para limpiar el interior de un tren de la L5 en la estación de la Vall d'Hebron / Foto: Carlos Baglietto
Limpieza de la cabina del conductor de un convoy de la L5 / Foto: Carlos Baglietto
La limpieza del interior incluye la higienización de toda la zona de usuarios / Foto: Carlos Baglietto

En cuanto al exterior de los trenes, esta operativa se hace aparte, en túneles de lavado específicos situados en los depósitos de cada línea. En el caso de la L1, con un túnel más moderno situado en Bellvitge, se lavan exteriormente seis trenes al día, mientras que en el resto de líneas la frecuencia es de tres al día. En las limpiezas de los andenes, además, también se limpia lo que se denomina el patio de vías, es decir, aquella parte de vía visible desde el andén más quince metros dentro del túnel en cada sentido, donde se retiran elementos que hayan podido caer o directamente se hayan tirado a la vía. Esta limpieza del patio de vías se hace quincenalmente en la mayoría de las estaciones, y semanalmente en aquellas estaciones situadas en zonas de ocio

Un nuevo contrato hasta 2031

En cuanto al nuevo contrato, este se prevé para el período 2026-2031 para cubrir la limpieza de estaciones, trenes y dependencias corporativas de las líneas convencionales de Metro, los tramos de la L9 y L10 Norte y Sur, funicular y teleférico de Montjuïc y el Tramvia Blau dividido en seis lotes y ya incluye la previsión de nuevas estaciones de la L9 que ya deberían estar plenamente funcionales en 2028. El presupuesto, de más de 200 millones de euros en cinco años incluye 188 para el servicio general de limpieza y 20 millones más en 12 contratos específicos, como los de limpieza de grafitis o retirada de vinilos.

La presidenta de TMB, Laia Bonet, y el consejero delegado, Xavier Flores, en la estación de Metro de Vall d'Hebron de la L5 / Foto: Carlos Baglietto

Este nuevo contrato incluye criterios de sostenibilidad, eficiencia y mejora ambiental, como el uso de fregadoras y robots automáticos que permiten reducir el consumo de agua en un 80%, lo que supone un ahorro de 2,7 millones de litros de agua al año. También se reduce el uso de productos químicos y, también como novedad respecto al contrato actual es la demanda de mejora de las frecuencias de limpieza en profundidad, incluidos elementos de difícil acceso como techo y rincones, de las estaciones y los trenes, incluyéndose decapado, encerado y limpieza de techos. 

En la presentación de esta licitación, la presidenta de TMB, Laia Bonet, ha destacado que la limpieza “es una tarea desconocida por los usuarios, pero esencial”, ya que permite “garantizar un servicio de limpieza e higiene adecuado a la demanda creciente”. Por su parte, el consejero delegado de TMB, Xavier Flores, ha recordado que una máxima de este servicio es que “cuanto más limpio está, menos se ensucia”, y es precisamente por eso que más de 600 personas trabajan de madrugada para asegurar el máximo de limpieza posible.