En la confluencia del Portal de l'Àngel con la calle de la Cucurulla, en el corazón del barrio Gòtic, encontramos un importante elemento patrimonial, la fuente de Santa Anna, la fuente pública más antigua de las que se conservan en la ciudad. En este Barcelona Exprés os explicamos su historia.

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Para empezar, explicaremos que la fuente de Santa Anna entró en funcionamiento en el año 1356, de manera que es más antigua que otras fuentes históricas como la de Santa Maria, de 1403, y la de Sant Just, de 1427, las tres de estilo gótico. Estas tres fuentes formaban parte, durante la edad media, de la red que suministraba agua desde las minas de Collserola a las fuentes públicas de la ciudad y también a las instituciones políticas y religiosas del momento.

En cuanto a la de Santa Anna, su función histórica era la de suministrar agua para beber, pero inicialmente no estaba pensada para personas, sino para caballos. Prueba de ello es que en un lateral se conserva la parte más antigua de la fuente, que originalmente era un abrevadero para las bestias. De hecho, este abrevadero es la única parte original que se conserva, porque en 1819 se remodeló completamente el resto de la fuente y adoptó esta forma de base octogonal que nos ha llegado, aunque solo con cinco caras, porque la construcción de un edificio adosado hizo desaparecer o, al menos, ocultar, el resto. Todavía más tarde, en 1918, se añadieron sus características más visibles actualmente: los jarrones de piedra superiores y los paneles cerámicos de colores.

Estos paneles, diseñados por el pintor y ceramista Josep Aragay, contienen imágenes de mujeres que van a buscar agua y motivos florales. De hecho, el encargo le fue de maravilla a Aragay, que justo había hecho una estancia de un año en Italia para estudiar las técnicas de decoración mural, una estancia que, además, había sufragado el Ayuntamiento de Barcelona por medio de una beca. Las baldosas policromadas fueron hechas en la fábrica Pujol i Bausis en Esplugues de Llobregat. En cuanto a los jarrones que coronan la fuente, no son los originales, sino que son una restauración de principios del siglo XXI hecha a partir de moldes conservados en el Museu Municipal Josep Aragay de Breda.

En todo caso, la misma estética colorista del conjunto ha convertido la fuente en otro punto de atracción turístico del barrio Gòtic de Barcelona, donde es habitual ver visitantes haciéndose fotografías. Ahora bien, más allá del valor patrimonial y artístico de todo el conjunto, incluido el abrevadero, también sería bueno que sirviera para beber agua, a pesar de que actualmente está fuera de servicio. ¡Lástima!