La actual división de Barcelona en diez distritos, vigente desde 1984 y formulada, entre otros, por el recientemente fallecido Jordi Borja, supuso crear un nuevo modelo de administración interior de la capital de Catalunya que, por un lado, se actualizaba en el marco de la reanudación democrática y, por el otro, reivindicaba el legado de los antiguos municipios del llano, agregados a Barcelona a partir de finales del siglo XIX y en un proceso que no culminaría hasta mediados del siglo XX, sustituyendo los impersonales números romanos que se habían utilizado anteriormente para definir los distritos por denominaciones claras y reconocibles —Gràcia, Sant Andreu, les Corts…—. La división en distritos, ampliada por la definición de los setenta y tres barrios oficiales adoptada en 2003, configura la actual organización interna de la ciudad.
Ahora bien, en ningún sitio está escrito que esta división sea eterna ni inalterable, y más teniendo en cuenta que a lo largo de la historia reciente Barcelona ha cambiado la distribución de distritos diversas veces, siempre con la voluntad de mejorar la gestión y administración de la ciudad. Cambiar los límites de los actuales distritos, incluyendo uno nuevo, es precisamente la propuesta que hace Jesús Burgueño, doctor en Geografía por la Universitat de Barcelona, experto en temas relacionados con la división territorial de Catalunya y de España, toponimia e historia de la cartografía. En la reciente obra Fites, creus i noms de lloc. Els termes de Barcelona i dels municipis agregats (Ajuntament de Barcelona, 2025), el autor propone modificar el actual reparto de distritos, redefiniendo los límites y pasando de los diez actuales a once. Este undécimo distrito, con permiso de Palestina, sería el del Poblenou.
Una propuesta con cambios en la mayoría de los distritos
La obra de Burgueño es, de hecho, un amplio estudio sobre las delimitaciones territoriales de Barcelona y los municipios que se han ido agregando con el tiempo, completa o parcialmente, con un amplio soporte cartográfico y toponímico, centrado principalmente en los hitos que delimitaban las fronteras municipales, la mayoría ya desaparecidas, pero es en el epílogo donde el autor formula su propuesta de nueva división de los distritos, sustentada precisamente en las aportaciones de carácter histórico, social y geográfico que aporta el grueso del libro citado, que a menudo hace referencias a incongruencias territoriales nunca lo suficientemente bien resueltas y también a localizaciones erróneas, con bastantes discrepancias entre las administraciones responsables.


"No crec que sorprengui ningú, en el marc del present llibre, que l'autor opini que la història plurimunicipal de Barcelona va tenir massa poc pes en la solució adoptada finalment", afirma Burgueño en el libro en referencia a la actual división de distritos, para añadir que "en quatre dècades s'han vist moltes transformacions urbanístiques que fan oportú anar pensant en una actualització de les demarcacions establertes". La propuesta solo mantiene intactos los actuales distritos de Ciutat Vella y Sants-Montjuïc y prevé cambios en el resto, algunos de los cuales serían incluir los barrios del Baix Guinardó y Can Baró en el distrito de Gràcia y la Trinitat Vella en Nou Barris, como también rebautizar Sarrià-Sant Gervasi como Sarrià, Sant Gervasi y Vallvidrera.
Así sería el nuevo distrito del Poblenou
Ahora bien, el cambio más sustancial es el que afectaría el actual distrito de Sant Martí, que quedaría dividido en dos: "És lògic que els antics grans municipis de Barcelona restessin dividits en dos districtes cadascun: Barcelona en Ciutat Vella i l'Eixample, Sant Andreu de Palomar en Sant Andreu i Nou Barris. Per què no Sant Martí de Provençals en Sant Martí i el Poblenou", se pregunta Burgueño, que propone una divisoria entre los dos distritos en la Gran Via, con toda la parte de mar para el nuevo distrito, que incorporaría la porción del Fort Pienc (Eixample) por debajo de la estación del Nord. Para Burgueño, los barrios por debajo de la Gran Via tienen una "personalitat diferenciada", que se demuestra en el hecho de que cinco de los seis barrios actuales "inclouen la referència al Poblenou en la seva denominació".
En esta singular propuesta, el lado montaña de la Gran Via sería para un distrito de Sant Martí recortado, pero que crecería con incorporaciones importantes: el barrio de la Sagrada Família, actualmente en el Eixample, pero históricamente perteneciente a Sant Martí, y partes de Navas y la Sagrera, que dejarían de formar parte de Sant Andreu. También el complejo del Hospital de Sant Pau se incorporaría a este nuevo distrito de Sant Martí. Todo ello supondría que Sant Martí pasaría de una dimensión de 10,41 km² a 5,33 km², y de una población de 253.000 habitantes a 212.000, mientras que el nuevo distrito del Poblenou tendría 7 km² y 123.709 habitantes. El libro incluye un plano con esta propuesta.
Un libro que refleja la Barcelona plurimunicipal
Más allá de esta propuesta de replanteamiento territorial, la obra Hitos, cruces y nombres de lugar es un compendio de la historia plurimunicipal de Barcelona que recoge el proceso de creación de la gran Barcelona actual a través de los cambios en los límites, pero no a través de la historia política y social de las agregaciones, como es habitual en esta temática, sino abordando los cambios topográficos y la huella que ha quedado a través de hitos y cruces de término. Burgueño lo hace, además, a partir de una vasta documentación, importante soporte cartográfico y una exposición milimétrica —quizás demasiado académica para el público general— de las variaciones que ha habido a lo largo del tiempo.
Otro valor a destacar es el alcance global de la obra, que no deja de lado las agregaciones menos conocidas, al contrario, las reivindica. Es este un punto importante en la historia de las agregaciones, que a menudo se limitan a las de los municipios del llano —les Corts, Gràcia, Sant Andreu de Palomar, Sant Gervasi de Cassoles, Sant Martí de Provençals y Sants en 1897, Horta en 1904 y Sarrià en 1921—, olvidando las otras agregaciones parciales —l'Hospitalet de Llobregat, Santa Coloma de Gramenet e incluso el Prat de Llobregat—, así como las agregaciones previas de Vallvidrera y Santa Creu d'Olorda, y también los intentos de agregación o desagregación entre diferentes sectores de los antiguos municipios, como el del barrio del Taulat respecto de Sant Martí, que estaría en el origen de la propuesta de un undécimo distrito para el Poblenou.