Antoni Falgueras (Barcelona, 1948) y Meritxell Falgueras (Barcelona, 1981) son padre e hija. Él como maestro bodeguero y ella como comunicadora y sumiller, representan la cuarta y la quinta generación de El Celler de Gelida, un establecimiento tradicional del barrio de Sant, condición que justifica su elección como pregoneros de la Mercè 2026 en el marco de la Capitalidad europea del comercio local que Barcelona ostenta este año. Todo ello, una oportunidad más para reivindicar el comercio de proximidad y emblemático en una ciudad que ve como muchos establecimientos de toda la vida bajan la persiana para dar paso a comercios no arraigados en la ciudad.
De cara al pregón, que tendrá lugar el 23 de septiembre, padre e hija preparan un acto que para Antoni debe servir para reivindicar los licores tradicionales y el valor de los comercios especializados y que, según Meritxell —colaboradora habitual de ElNacional.cat— tendrá una dimensión especial, ya que "se podrá oler, degustar y palpar". Ambos se toman este compromiso con la ciudad como una manera de rendir homenaje a los barceloneses y barcelonesas que han hecho ciudad subiendo la persiana cada día, y en especial, como apunta ella, recordar "aquellas mujeres tenderas que, aparte del trabajo de la tienda, cuando acababan también tenían el de casa".
Primero de todo, el día que les ofrecieron el pregón, ¿fue un sí inmediato o se lo tuvieron que pensar un poco?
Antoni Falgueras: Cuando Xavier Marcé, que es cliente de casa, me dijo que me tenía que decir una cosa, pensé: "Quizás es que le hemos dado un vino que no le ha gustado", y me propuso esto. Yo dije: "No, no, me has hecho contentísimo que lo hayáis pensado, pero no me atrevo, y además, Barcelona se merece una cosa mejor". Y le dije que no. Y en casa, cuando lo dije, un descalabro. Y al cabo de cuatro días me telefoneó el señor alcalde y, claro, recibir una llamada del señor alcalde.
Que llame el alcalde ya son palabras mayores.
A.F.: Eso mismo. Me quedé parado, y me dijo: "Toni, ¿te he pedido alguna vez algo? No. Pues te pido esto". Y, claro, no le pude decir que no. Y lo único que le dije fue: "Yo solo no me atrevo, porque no es mi oficio. Y si lo hago con Meritxell, que ella de esto sabe, así sí". Y dijo: "Cuarta y quinta generación, pues ya va bien".
Y Meritxell, ¿la propuesta de añadirte te pareció bien?
Meritxell Falgueras: Sí. Es que cuando nos dijo que no lo hacía porque se le hacía grande y le daba vergüenza, le dije: "A ver, ¿cómo les podemos decir a mis hijos, que justo en aquel momento tenían que hacer el final de curso, que se tiene que ser valiente, que te tienes que atrever, si su abuelo no lo hace con el ejemplo?"
¿Cómo se plantea un pregón a cuatro manos? ¿Ya lo tienen preparado? ¿Qué me pueden explicar?
M.F.: Mi trabajo es que Falguera brille. Queremos hacer un pregón comme il faut y no olvidarnos de nada. Lo que he escrito sobre todo es para ir a la filosofía de mi padre de estos comercios, que no hace falta que sean centenarios para ser de proximidad, pero que no somos solo lo que comemos o lo que bebemos, sino también dónde compramos. Y también rendir homenaje a estas mujeres tenderas que, aparte del trabajo de la tienda, cuando acababan también tenían el de casa. Como mi abuela, como mi madre, como mi bisabuela.
El pregón también quiere rendir homenaje a estas mujeres tenderas que, aparte del trabajo de la tienda, cuando acababan también tenían el de casa"
Sois cuarta y quinta generación de un comercio tradicional que es El Celler de Gelida, en la calle Vallespir del barrio de Sants. Vuestra elección, primeramente la de Antoni, finalmente la conjunta, entra en el marco de la Capitalidad europea del comercio local que ostenta Barcelona este 2026. ¿En qué situación está el comercio local, tradicional y de proximidad, ya que somos capital nosotros?
M.F.: Mi padre lo dice muy bien: Cuando hay comercios abiertos...
A.F.: ...por la calle puedes pasar tranquilamente saludando a la gente, no tienes ningún miedo. En cambio, cuando se cierran las persianas y queda toda la calle sin nadie, muchas veces no te atreves a salir. Me gustaría que Barcelona tuviera establecimientos de proximidad, pero también muchos establecimientos especializados. Que no encontremos las franquicias que encontramos en todas partes del mundo o en los centros comerciales. Para los barrios, el establecimiento especializado.
M.F.: Mi padre y mi madre hicieron un viaje por toda Europa precisamente para conocer ese comercio de especialidad, pero claro, lo más importante es que igual que vamos a ver museos en Barcelona, que también vayamos a ver tiendas. A mí me encanta el shopping, pero es que lo que no puede ser es que lo único que cambie de una ciudad a otra sea la lengua o la moneda, y no esta característica que al final también hace el carácter de los barrios y marca también el carácter de una ciudad como Barcelona. El Celler de Gelida es muy extremo, cumplimos ciento treinta y un años, a mi padre lo parieron literalmente en la tienda, a mi abuelo también, porque no había tiempo ni de ir al hospital. Explica por qué te gusta tanto Santa Marta y cuántos días trabajaban al año tus padres...
A.F.: ...la primera generación lo tuvo muy difícil porque bajaba con un carro de Gelida con el vino de producción propia y lo vendía en la tienda. La segunda, para mantener la tienda, el hijo tuvo que ir a trabajar al horno de al lado para mantenerla, que era vivienda y éramos los propietarios. La tercera generación, que fueron mis padres, lo tuvo muy difícil, porque durante la Guerra Civil, por ejemplo, nos requisaron el vino. El vino siempre nos ha ayudado, porque el vino se les picaba a los que lo cogieron y entonces mi padre estaba en edad militar y lo vinieron a buscar para que cuidara el vino, con mi tío; los dos se dedicaban a cuidar el vino.
¿Hicieron de bodegueros de campaña?
A.F.: Sí, pero gracias a eso, tenían el vino al alcance, y azúcar, y hacían un mostillo y se lo bebían. Entonces, para no ir al frente, en la revisión los encontraron como diabéticos. Y entonces no fueron al frente.
¿Y la relación con Santa Marta?
M.F.: Mis abuelos trabajaban 364 días al año. El único día que hacíamos fiesta, por eso mi padre tiene tanta devoción a Santa Marta, el único día que su madre hacía fiesta era el día de la patrona...
A.F: ...íbamos a un restaurante, porque Santa Marta es la patrona de los hosteleros, de los taberneros y de los restauradores.
El 29 de julio.
A.F.: Sí. Y además, tenemos la cofradía de Santa Marta, que este año hemos celebrado seiscientos años, y es la parte social de estos gremios, que hacen una serie de obras sociales que quedaría parado.
Volvamos al modelo de ciudad. Ustedes son los pregoneros y, en cierto modo, es un encargo del Ayuntamiento de Barcelona. Sin querer ponerlos en un compromiso, ¿hace lo suficiente el Ayuntamiento para defender el comercio tradicional?
A.F.: Desde hace unos años hay más atención; he visto reuniones en los ejes comerciales y esta gente lo hace desinteresadamente y se preocupa por el comercio. Hace muchos años que tengo amistad con el señor Jaume Collboni, y recuerdo que hacíamos reuniones y en un restaurante, a las once, a las doce, te dicen que quieren cerrar. Y entonces yo les propuse: "Si venís a casa, que tengo un txoko en la tienda, en el almacén, de allí no nos sacará nadie". Me quedé parado de que un funcionario a las dos y media de la noche estuviera aguantando allí que si las subvenciones, que si las luces de Navidad... Y le cogí una admiración porque no tenía esta idea de que trabajara hasta altas horas de la noche y sin ser alcalde ni antes que era teniente de alcaldía. Me sorprendió.
Todos hemos vivido el declive del comercio tradicional. Paseamos por nuestros barrios y vemos que allí donde había una bacaladería u otros tipos de comercios, incluso tiendas de juguetes que ya no hay, todo está sustituido, estandarizado, lugares de restauración en buena parte para turistas o franquicias. ¿Cómo podemos resolver esto?
A.F.: En este viaje que ha dicho Meritxell, fuimos por toda Europa mirando qué había. Nosotros éramos una tienda tradicional de venta de vino a granel, de hacer el vermut, una taberna como era antes. Vendíamos hielo por la mañana. Esto lo podía tener todo el mundo. Y entonces vi que existía la tienda especializada, quité todo aquello que era nuestro negocio y puse el vino embotellado con Denominaciones de Origen. Empezamos con la primera Muestra de vinos de Catalunya con Jaume Ciurana. Dimos apoyo a este tema porque, además, cada vez ha habido más calidad. Y también los licores tradicionales como las ratafias, el Aiguanaf Compost, el Aigua de Nòdes de la Vall d'Aran, los resolis del Vendrell, de todas estas cosas que no encuentras en ningún sitio. Hoy en día, busque una botella de Aromes de Montserrat por el mercado, porque con este pregón me gustaría que los bares y restaurantes de Barcelona tuvieran este tipo de licor, porque la gente que nos viene a ver quiere conocer lo que hay aquí. Por ejemplo, quedaría horrorizado de que se venden cuatro millones de botellas de un licor de hierbas alemán, en España, cuatro millones de botellas y, en cambio, no se vende ratafia, que es el mismo tipo de producto, o quizás todavía más natural y más de aquí, que te bebes el paisaje.
Se venden cuatro millones de botellas de un licor de hierbas alemán y, en cambio, no se vende ratafia, que es el mismo tipo de producto, más natural y más de aquí, que te bebes el paisaje"
El Celler de Gelida tiene garantizado el relevo generacional, pero uno de los factores que hacen que desaparezca el comercio tradicional es este, la jubilación de los padres con los hijos que no quieren continuar el negocio. A veces, precisamente ha sido la oportunidad de dar a los hijos unos estudios lo que hace que prefiera hacer otras cosas. ¿Cómo se garantiza que un negocio tradicional pueda continuar?
A.F.: Me parece que yo lo he hecho bastante bien, por el resultado. Esto es porque cuando íbamos de vacaciones, siempre los llevaba hacia un lugar de vino o un lugar de licores. Sabían que íbamos de vacaciones y, además, estudiábamos lo que vendíamos o lo que queríamos vender. Creo que hay muchos negocios familiares que a veces no se entiende por qué no continúan. También he dado un paso atrás en el momento preciso, porque le dije a Ferran, que es ahora el jefe, le dije: "Mira, antes de que esperes que yo me muera, te dejo el coche sin ningún rasguño, lleno de gasolina, a ver hasta dónde llegas tú". Para mí es eso, saber retirarte, porque la ilusión que ahora tiene la juventud ya no la tengo yo. Y después, que mucha gente que no sabe de qué trabajar y tiene un hobby, yo le diría que insista con aquel hobby, que ponga una tienda especializada en aquel tema. Fíjese, la tienda más antigua de Barcelona es una tienda especializada y que vende cirios. En el barrio había quince o veinte tiendas que nos dedicábamos a lo mismo y todas han cerrado menos nosotros.
M.F.: Y la quinta generación, sobre todo mi hermano, que ha cogido más este talante de tendero de mi padre, también se ha ido modernizando, porque no solo es la venta asistida en el barrio, que también, sino que también estamos vendiendo a todo el mundo. Y uno de los trabajos que hacía mi padre, que hacía incluso las cartas de vinos en El Bulli, ahora lo estoy haciendo yo en el resto de la península; ahora me voy a trabajar a América. O sea que desde Sants vamos un poco al mundo. Y también, pues, a mi madre, que hacía tanto de relaciones públicas y es tan buena comunicando, lo hago yo a través de las redes. Nos hemos ido adaptando a los tiempos.
Hablemos un poco de la fiesta de la Mercè, aparte del pregón, ¿qué momento o qué espectáculo esperan especialmente para la Mercè de este año?
M.F.: Tengo niños de nueve y once años, un niño y una niña, y tengo muchas ganas, como el año pasado, como cada año, de ir a ver los castells, ya sea el día 24 en la Mercè, ya sea el domingo. Nos encanta esta sensación de hacer piña, que también es un poco la esencia de nuestro pregón.
Volviendo al pregón, ¿ya tienen previsto cómo será el acto?
M.F.: Sí, pero nos han dejado muy libres en muchas cosas. Lo intentaremos hacer lo mejor que podamos, aunque claro, estaremos nerviosas porque es un momento muy surrealista.
A.F.: Y también estamos mirando a ver si podemos dar alguna sorpresa. Como no lo tenemos seguro, no podemos hablar de ello, pero el verano me lo he pasado a ver si podemos destacar con algunas cosas más.
M.F.: Diremos, sin hacer mucho spoiler, que al final será un pregón que se podrá oler, que se podrá degustar, que se podrá palpar.
Para terminar, sí que les querría poner en un compromiso. Para ustedes, que son de Sants y muy arraigados al barrio, ¿qué fiesta mayor es mejor, la de Sants o la de Barcelona?
M.F.: Yo fui pregonera de las fiestas de Sants hace quizás quince años o así.
A.F.: Y yo he sido organizador de las fiestas. Pero a lo largo de los años hemos visto que la gente que nos viene a la fiesta mayor de Sants no es nuestro cliente. Entonces aprovechamos para hacer vacaciones. Y me sabe mal, eh, porque quiero revivir la fiesta mayor, pero vemos que no es nuestro público. Nuestro público está de vacaciones y aprovechamos también para hacer las vacaciones.
M.F.: A mí me encanta pasear con mis amigos, que todos son del barrio, y con mis hijos. En la calle Vallespir, nos conocemos todos e intentamos hacer fiesta como todo el mundo.
¿Hacer fiesta y hacer barrio es también hacer comercio de proximidad?
M.F.: Sí. Siempre digo que en Sants es the new Soho. O sea que a dar ejemplo.
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