La guerra en Oriente Medio ha vuelto a recuperar el fantasma de la crisis energética y la inflación en Europa y en España. Aunque la dependencia del gas de Qatar y del petróleo de Arabia Saudí que ya no circulan por el mundo porque han cerrado el estrecho de Ormuz es reducida en los países europeos, la subida de precios ya se está haciendo sentir. Hasta dónde llegará esta crisis depende también de lo que dure la guerra y los economistas no se atreven a hacer pronósticos a largo plazo. En lo que sí que coinciden es en que la forma de combatir la dependencia de los países productores de combustibles fósiles es acelerar la transición hacia las renovables y la electrificación del transporte y de la industria, como ya sucedió después de la guerra en Ucrania.
Desde el pasado 28 de febrero, el petróleo ha subido un 38% y el barril brent ha llegado a superar los 100 dólares y, antes de que esta subida se refleje en las gasolineras, estas ya han repercutido un 26,5% el precio del diésel y un 14,2% el de la gasolina. El gas ha ido más allá y ha subido hasta un 61%, aunque empezó aún más disparado. España consigue protegerse de este aumento del gas en los precios de la luz gracias al aumento en renovables, aunque todavía un 15% de la electricidad que se produce provienen de los ciclos combinados y cogeneración hechos con gas natural. Por ahora, el precio de la luz se acerca a los 80 euros por MWh, que es bastante superior a los 50 de media de marzo del año pasado.
Un estudio reciente estimaba que en España el precio del gas afecta en un 15% del tiempo al precio de la luz, seis veces menos que en Italia y bastante por debajo de la mitad de Alemania y Holanda.
"Y eso que desde el apagón todavía se usa más el gas", apunta la economista experta en economía Mar Reguant, que prevé que "el precio de la electricidad subirá, pero venía de estar muy barato" y que lo hará "especialmente el próximo invierno" si no se ha detenido la guerra. La primavera es un período de precios bajos de electricidad, por la alta disponibilidad de renovables, con más horas de sol, y porque el consumo doméstico no es tan elevado porque no se usan ni aires acondicionados, ni calefacciones ni ningún tipo de climatización.
El aumento de los precios del petróleo y del gas también tendrán un impacto en la inflación, todavía lejos del 10,8% que se llegó a alcanzar en los meses posteriores a la invasión de Ucrania. Un estudio de Funcas prevé que el IPC llegue al 3,6% en marzo y supere el 4% los meses posteriores, pero también que empiece a bajar a partir del mes de junio. El mercado de trabajo por ahora no se resiente de todo esto.
Pero la crisis económica "puede ser incluso peor que la de la invasión de Ucrania si el estrecho de Ormuz continúa cerrado", dice Reguant. Ahora bien, no cree que sea así. "El problema es que el petróleo y el gas que pasan por allí son entre el 30% y el 40% del PIB de algunos de los países. Si se queda cerrado, puede ser un golpe muy fuerte para todas estas economías. No sé si esto es viable, en algunos casos el 90% de las exportaciones pasan por allí", alerta.
El economista experto en energía Albert Banal-Estañol, de la Universidad Pompeu Fabra, cree que el impacto "no será tan fuerte como el de la invasión en Rusia porque no dependemos tanto de aquellos combustibles como dependíamos en Europa del gas ruso". Pero el problema de precios impactará y "hay que saber cuánto dura la guerra para ver el impacto de la crisis.
Las empresas energéticas, dice "saldrán ganando", sobre todo las que producen, porque "si el petróleo se vende más caro y a ti no te cuesta más producirlo, son todo ganancias". Un efecto similar puede impactar en las renovables y el gas, que también darán más rendimientos. Reguant cree que "algunas empresas como las renovables saldrán ganando más" que otras, y en cuanto a las gasolineras no cree que ganen mucho, pero pueden beneficiarse mucho si "empiezan a subsidiar los precios". Por ahora, el ejecutivo español todavía no ha anunciado las medidas para combatir la crisis energética, pero la ministra Sara Aagesen ha reconocido que quitar el IVA a la electricidad está sobre la mesa y el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha dado a entender que por ahora no habrá intervención de los precios de los combustibles, pero sí que habrá ayudas fiscales a sectores como el transporte o el campo, más afectados.
La crisis energética, coinciden los expertos, hará más rentables algunas perforaciones de petróleo que hasta ahora no lo eran. Y la producción de Venezuela, por ejemplo, se puede ver beneficiada, alerta Banal-Estañol. "Las empresas que ya tienen gas o petróleo comprado lo pueden vender más caro antes de que lo tengan que pagar más caro", dice Banal-Estañol sobre los intermediarios.
En lo que coinciden Banal-Estañol, Reguant y gran parte de los expertos en energía de Europa es que la forma de protegerse de la geopolítica es apostar más por las renovables. "El viento y el sol no entienden de geopolítica", resume con ironía Banal-Estañol, refiriéndose al hecho de que la energía eólica y la fotovoltaica no dependen de otros países ni de la situación de los productores de petróleo y gas, que disparan la volatilidad de los precios.
Para Reguant, de hecho, la liberación de reservas de petróleo aprobada por la Agencia Internacional de la Energía no solo va en contra del camino a hacer la transición renovable, sino que también es "desmesurado" por magnitud y "precipitado". "Primero, que no es lo que tenemos que hacer. Basta ya de extraer petróleo cuando sabemos que perjudica el cambio climático. Pero, por otro lado, es una cantidad desmesurada, porque no sabemos cuánto durará el conflicto. Como economista, no creo que esta medida cumpla el principio de prudencia", reflexiona. "Además, parte de estas reservas están en el mismo Golfo, no será fácil sacarlas de allí", concluye.
Tanto Reguant como Banal-Estañol apuntan que, dentro de las energías renovables, la tecnología que debería salir más reforzada de esta crisis son las baterías de almacenamiento. Con ellas, el exceso de producción de electricidad diurna se puede guardar y reutilizar por la noche, de forma que se estabilicen los precios y aún sea menos necesario usar el gas para hacer electricidad.
Banal-Estañol reconoce que "Europa ha dado algunos pasos atrás en descarbonización" y cree que es "el momento de volver a acelerar". Hace unos días, más de 100 empresas eléctricas pidieron a las instituciones europeas mantener unos mercados de carbono fuertes para favorecer la soberanía energética europea. Mientras tanto, la electrificación de la industria y del transporte intenta avanzar con muchos obstáculos por la falta de convicción de los mercados y algunas limitaciones tecnológicas.
El giro de Estados Unidos de Trump hacia el "drill, baby drill" y el entusiasmo por el petróleo, dice Reguant, no son significativos allí porque "nunca se han creído el giro a las renovables, son un país productor de petróleo y gas". "Ni siquiera la apuesta por las renovables de Biden tenía nada en contra del petróleo", completa. Reconoce que puede "influir en otros países" pero recuerda la iniciativa de la última COP de algunos países europeos, China y otros para crear un club de la energía al margen de Estados Unidos y con una más fuerte apuesta por la descarbonización.
