La visita del Papa León XIV a Catalunya fue un éxito, desde la homilía en la catedral a la visita a Can Brians y Montserrat. La inauguración de la torre de Jesús de la Sagrada Familia fue el colofón perfecto, con un espectáculo magnífico, a la altura de la obra y el autor, Antoni Gaudí. Pero no puedo evitar que el sentimiento de orgullo se me mezcle con temor por las consecuencias de esta gran imagen que, como el 92, Catalunya y Barcelona han dado cuando el mundo nos miraba.

El turismo de masas es uno de los grandes problemas que sufre Barcelona. No solo el centro y algunas zonas turísticas, como los alrededores de la Sagrada Familia. Todos los barceloneses, y también los habitantes del área metropolitana, sufrimos las consecuencias, directas o indirectas, en forma de uso y deterioro de los servicios públicos o del encarecimiento y falta de oferta de vivienda.

La imagen de la Sagrada Familia coronada e iluminada en todas las televisiones del mundo traerá todavía más gente a Barcelona. No es que la ciudad y el monumento fueran precisamente desconocidos, ni necesitan promoción, pero seguro que lo que se vio el pasado miércoles hará que muchos turistas que no tenían nuestra ciudad entre sus prioridades, o que ya han venido hace años, nos visiten. Y eso es una mala noticia.

Esto no quiere decir que no me guste la imagen que hemos dado, al contrario. Tampoco quiere decir que piense que no se debería haber hecho la visita del Papa. Lo que quiere decir es que no necesitamos poner Barcelona en el mapa. El problema no es el Papa, hay un patrón: Copa América, la visita papal, salida del Tour de Francia... Barcelona ya está en el mapa, y lo que no me gusta es cómo está: como un destino de bajo coste, con sol, playa y cerveza barata. También es cultura, pero la mayoría de gente que visita la Sagrada Familia no sabe lo que ve realmente y, después de las fotos, selfies y posts en las redes sociales de rigor, se esfuerza por salir de allí e ir al Museo del Barça.

La tasa turística debería servir para combatir las externalidades del turismo, no para incrementarlas

Admito mis contradicciones, porque cuando veo la imagen que damos, me gusta. Pero las contradicciones que no entiendo son las de nuestras administraciones. El Govern pagó parte de la visita de León XIV, 1,6 millones de euros, y lo hizo con la tasa turística. Y aquí es donde veo la contradicción, por el uso y los objetivos de este gravamen, que debería servir para combatir las externalidades del turismo, no para incrementarlas.

Hace unas semanas, los autores del informe Fènix, que defienden la reducción del turismo de masas, apuntaban a la tasa turística como una buena herramienta para que los visitantes de Barcelona y Catalunya devuelvan lo que perciben en uso y desgaste de los servicios públicos. Y señalaban también un absurdo: que la tasa sirva para hacer promoción turística. ¿Cobras a los turistas para traer más turistas? Entonces quizás ingresarás más, pero te lo volverás a gastar en lo mismo.

Mientras tanto, el turismo de masas genera un déficit en el sistema, no solo por el uso y desgaste de servicios públicos y de la propia ciudad por parte de los visitantes, sino también porque el sector turístico paga salarios que no generan suficientes impuestos para pagar los servicios que reciben los trabajadores que los perciben. Por eso, el informe Fènix lo considera un sector subvencionado.

Es decir que una herramienta que tenemos para que un sector subvencionado deje de serlo y deje de generar un déficit en la economía catalana, la utilizamos para incrementar el fenómeno y, por lo tanto, hacer el agujero más grande. Entiendo que es muy fácil de vender por parte de nuestros políticos. Envían el mensaje de que la visita papal no nos costará un euro porque la pagan los turistas y que la tasa sirve para cosas que nos enorgullecen. Pero no es para lo que debe servir, ni es cierto que la paguen los turistas, porque si el dinero deja de destinarse a la mejora de los servicios públicos, sí que lo pagamos entre todos.

Ni la visita papal ni el Tour serían un problema si no alimentaran un modelo turístico basado en el volumen y el bajo coste

El problema de fondo es el modelo turístico, basado en el volumen y no en la calidad. Ninguno de los eventos mencionados sería un problema, más allá de la molestia puntual para los vecinos afectados, si no tuviéramos el Prat convertido en un aeropuerto low cost; si los hoteles, restaurantes y servicios para los turistas no compitieran en precio a costa de los salarios y condiciones laborales de sus trabajadores, o si para asumir el turismo de masas no tuviéramos que importar mano de obra, lo que tensiona nuestros servicios públicos, especialmente sanidad y educación, y el mercado de la vivienda.