Hay momentos en que la indignación deja de ser una emoción y deviene una obligación cívica. Lo que está sucediendo hoy con Rodalies de Catalunya es un ejemplo claro. No se trata de una incidencia puntual ni de un episodio desafortunado dentro de un sistema que, en términos generales, funciona. Hablamos de un servicio estructural para más de 130 millones de desplazamientos anuales —según datos oficiales del Departament de Territori del 2023— que se ha ido degradando hasta convertirse en una caricatura de lo que debería ser una red ferroviaria propia de un país que aspira a competir en Europa.

La última confirmación institucional de que la “normalidad” no llegará hasta más allá de abril no es tan solo una pésima noticia logística. Es una confesión. El reconocimiento de que lo que hemos vivido estas semanas no era una situación transitoria, sino la expresión de una anomalía estructural. Y aún más grave es que ni siquiera aquella “normalidad” precaria, ya indigna, se puede garantizar a corto plazo. Esto no es un problema técnico. Es político. Y es, claro y sin rodeos, intolerable

Cuando un responsable público admite que la recuperación del servicio no se producirá hasta meses después de un colapso generalizado, lo que dice implícitamente es que, durante todo este tiempo, cientos de miles de personas se han desplazado con un sistema que no cumplía los estándares mínimos de fiabilidad. Y es totalmente legítimo plantear la gran pregunta: ¿con qué garantías se ha operado hasta ahora? Si la infraestructura requiere intervenciones urgentes, si se mantienen las limitaciones de velocidad y si las incidencias se multiplican, ¿cómo podemos aceptar con naturalidad que esto era asumible?

La resignación colectiva es el triunfo más perverso de la mediocridad. Nos han acostumbrado a celebrar que el tren “solo” llegue con veinte o treinta minutos de retraso. A considerar una suerte que la línea no quede cortada del todo. A aceptar como normal una información fragmentaria y a menudo errática. Y ahora, con un tono casi administrativo, se nos informa de que aquella dicha “normalidad” no llegará hasta pasado abril. Como si el tiempo fuera neutro. Como si estos meses no tuvieran un coste. Como si la productividad perdida no existiera.

Si la red requiere intervenciones urgentes y hay limitaciones de velocidad, es totalmente legítimo preguntarse ¿con qué garantías se ha operado hasta ahora?

Según Pimec, el mal funcionamiento de Rodalies genera pérdidas diarias superiores a los dos millones de euros en costes laborales directos, a los que hay que añadir unos tres millones más en costes de oportunidad. No estamos hablando de percepciones subjetivas, sino de millones de euros que se evaporan cada jornada laboral por culpa de una infraestructura que debería ser palanca de competitividad y es, al contrario, un freno persistente. En un contexto en el que las previsiones de crecimiento del PIB catalán para 2026 se sitúan en torno al 2,4%, según estimaciones de la Cámara de Comercio de Barcelona, mantener una red ferroviaria inestable es un contrasentido estratégico.

El Plan de Rodalies 2020-2030, actualizado en enero de 2026 por la Generalitat de Catalunya, prevé una inversión total de 8.037 millones de euros a lo largo de la década. Esta cifra, por sí sola, reconoce implícitamente años de desinversión acumulada. Pero aún más preocupante es el ritmo de ejecución. Informes recientes de la Cámara de Comercio de Barcelona señalan que, en la primera fase del plan (2020-2025), se han ejecutado 2.666 millones de euros de los más de 3.400 previstos. El retraso no es solo técnico. Responde a una lógica de desatención sistemática. Y cuando esta dejadez afecta a infraestructuras críticas, el coste no queda limitado a las vías, se infiltra en el sistema productivo y acaba, definitivamente, erosionando la confianza económica.

Fastidia constatar que, mientras exigimos a las empresas eficiencia, innovación y competitividad, la administración tolera una red ferroviaria incapaz de garantizar puntualidad y estabilidad operativa. Fastidia que se hable de transición ecológica y movilidad sostenible mientras miles de trabajadores optan por el vehículo privado por pura desesperación. Fastidia ver cómo el discurso institucional se protege detrás de la “complejidad técnica”, mientras la realidad diaria es un cúmulo de incidencias, anulaciones e incertidumbres.

I, sobretot, molesta la naturalidad con la que se comunica que la normalidad no llegará hasta dentro de meses. Como si fuera un dato más y no una constatación del fracaso de la gestión. Como si los ciudadanos tuvieran que recibir la noticia con comprensión y paciencia infinita. Como si no hubiera responsables claros detrás de cada año de infrafinanciación o ejecución insuficiente

Es necesario que esta indignación colectiva no se apague hasta que aquello que hoy es inadmisible deje de ser, definitivamente, la norma

Rodalies no es un servicio accesorio. Es una infraestructura crítica y capital del país. Sin una movilidad fiable no hay mercado laboral eficiente, ni cohesión territorial real, ni competitividad sostenida. La calidad de una economía también se mide en la puntualidad de sus trenes y en la confianza que sus ciudadanos depositan en los servicios públicos. Y hoy, esta confianza se ha perdido del todo.

El enfado no es una reacción exagerada. Es la respuesta proporcional a una situación cronificada. No podemos aceptar que el mínimo exigible se presente como un objetivo con fecha aplazada. No podemos tolerar que la “normalidad” sea una meta lejana y no una obligación inmediata. No podemos permitir que el coste de este desorden lo sigan asumiendo, día tras día, trabajadores y empresas.

Si queremos una Catalunya exigente consigo misma, la mediocridad no puede ser el estándar. Rodalies necesita ejecución rigurosa, calendarios vinculantes y una rendición de cuentas real. Necesita que la seguridad y la fiabilidad dejen de ser promesas y devengan condiciones no negociables. Y, sobre todo, necesita que esta indignación colectiva no se apague hasta que aquello que hoy es inadmisible deje de ser, definitivamente, la norma.