Nvidia: de la ley de Moore a la ley de Huang

- Antoni Olivé
- Barcelona. Viernes, 6 de marzo de 2026. 05:30
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La ley de Moore, formulada por uno de los fundadores de Intel en los años setenta, afirma que el número de transistores de un chip se duplica cada dos años, mientras que el coste del transistor no para de disminuir. El resultado es un crecimiento exponencial de la potencia de cálculo de los ordenadores y una reducción de su coste de fabricación y, por tanto, de su precio. Lo vivimos directamente al constatar que los ordenadores personales cada vez eran más potentes, más pequeños y más baratos. Intel ha sido protagonista de la etapa de la computación que se inició con la irrupción de los ordenadores personales. La simbiosis entre el sistema operativo de Microsoft y el microprocesador de Intel ayudó a popularizar los ordenadores personales. Durante muchos años, la palabra microprocesador ha remitido automáticamente a Intel.
Pero entre 2021 y 2025, en dólares, Intel ha pasado de facturar 79 billones a 52,8 billones, y de ganar 19,8 billones a perder 267 millones. La caída ha provocado que la administración Trump haya adquirido una participación del 10 % en la empresa, un movimiento con pocos precedentes porque el gobierno estadounidense, paladín del libre mercado, siempre ha sido reticente a intervenir en la economía comprando acciones de empresas. ¿Qué ha pasado, pues? Ha pasado que la ley de Moore ya no da más de sí. Aquel crecimiento exponencial de la potencia de cálculo se ha ralentizado. Durante décadas, cada nueva generación de microprocesadores era más rápida y no requería cambios en el software. El mismo código funcionaba más deprisa, gracias a diseñar transistores más pequeños. Era la época de las llamadas CPU. Esta situación consolidó un duopolio entre Intel y AMD. Pero a partir de 2010 hacer transistores más pequeños se volvió carísimo y físicamente complicado y, por lo tanto, las CPU ya no podían correr más. Cuando la ley de Moore dejó de funcionar, la industria cambió de estrategia y se pasó de la CPU (un núcleo muy rápido) a la GPU (miles de núcleos trabajando en paralelo). Este cambio coincidió en el tiempo con la irrupción de la IA y la consiguiente explosión de la demanda de computación, que solo las GPU de Nvidia podían satisfacer plenamente.
Nvidia, dirigida por Jensen Huang, el hombre del momento, ganó 120 billones de dólares el año pasado, muy por encima de los 4,4 billones que ganó hace tres años. La empresa vende el 90 % de los chips que se utilizan en los proyectos de IA y ha conseguido un margen bruto superior al 75 % en un producto que no deja de ser industrial.
La ley de Moore ya no da más de sí. Aquel crecimiento exponencial de la potencia de cálculo de los ordenadores se ha ralentizado
La administración Trump ha dado dos impulsos a Nvidia: por un lado, ha eliminado las restricciones a sus ventas de chips en China; por el otro, ha apostado por OpenAI en detrimento de Anthropic. Respecto al primer movimiento, Nvidia no podrá vender en China su producto estrella, el Blackwell, pero podrá vender allí el H200, el segundo chip más potente de la empresa. La propuesta no ha sido bien recibida por políticos de ambos partidos, que eran favorables al mantenimiento de las restricciones. Y, como con Trump las cosas nunca son gratuitas, el presidente dijo que el gobierno de EE. UU. se quedaría hasta con un 25 % de los ingresos, una contrapartida que, según los expertos, podría violar la legislación estadounidense. Respecto al segundo movimiento, solo cabe recordar que Nvidia acaba de invertir 30 billones de dólares en OpenAI.
El crecimiento en ventas y resultados de Nvidia, es decir, este tipo de ley de Huang, ¿se puede ralentizar como ocurrió con la ley de Moore? Los analistas concretan algunos riesgos: el coste de desarrollar la IA, el endeudamiento de las grandes tecnológicas para financiar este desarrollo, las restricciones en el suministro de chips, los costes de construcción de los centros de datos, el coste de la energía necesaria para explotar comercialmente la IA y los acuerdos circulares, un poco contra natura, entre los jugadores (tecnológicas como Meta que invierten en fabricantes de chips que son sus proveedores, como AMD; o fabricantes de chips como Nvidia que invierten en tecnológicas que son sus clientes, como OpenAI).
Huelga decir que el comportamiento errático del presidente Trump también añade su dosis de incertidumbre.