Estanflación, trending topic

- Rat Gasol
- Barcelona. Martes, 31 de marzo de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
Estanflación. Esta apunta a ser la palabra del año, para desgracia de todos. Una guerra que nadie ha pedido, objetivos que todavía hoy no nos han aclarado y miles de muertos civiles que son la consecuencia visible de un conflicto con intereses económicos que se omiten deliberadamente. Y una derivada que nos estalla a todos: energía más cara, costes al alza y una economía que flirtea con la recesión.
Estanflación. Una nueva entrada en nuestro glosario de imprescindibles. Las predicciones que muchos economistas ya ponen sobre la mesa y que presagian una tormenta de consecuencias demoledoras.
Porque lo más preocupante de todo esto no es que estas predicciones existan. El mundo va lleno de ellas, de predicciones. El drama es que todos los indicadores avalan este nefasto escenario.
La Comisión Europea, en sus previsiones de febrero de 2026, sitúa el crecimiento de la zona euro en torno al 1 %. No es un desplome, cierto, pero tampoco es ninguna recuperación. Es una anemia persistente que no genera confianza ni consolida nada.
Y, en paralelo, como una pesadilla, la inflación recupera el protagonismo que ya había tenido con el estallido de la guerra de Ucrania. Se consolida, se vuelve más persistente y más difícil de contener. No son tan solo la energía y los carburantes: son los servicios, los costes operativos y, en último término, los alimentos. Crecimiento débil y precios en aumento. Un diagnóstico de difícil tratamiento.
Esto se traduce en una realidad cada vez más difícil de evitar: un fuerte empobrecimiento de la población, inversiones que se congelan y nuevas iniciativas empresariales que no llegan a materializarse. Y no por falta de ideas o de capacidad, sino por un entorno que penaliza el riesgo y reduce márgenes hasta hacerlos incompatibles con cualquier apuesta a medio plazo. Y cuando este deterioro se propaga, el problema deja de ser individual para volverse estructural: la demanda se contrae, se aplazan decisiones y se daña el dinamismo económico.
Una guerra que nadie ha pedido y una derivada que nos estalla a todos: energía más cara, costes al alza y una economía que flirtea con la recesión
Cuesta, y mucho, no ser pesimista. Hagámonos una pregunta: ¿cuántas familias podrán asumir un nuevo encarecimiento de la cesta de la compra? Porque, desafortunadamente, ni las empresas recortarán márgenes ni los salarios se ajustarán a la gravedad de la situación. Esta es la cruda y terrible realidad. Y medidas como la reducción del IVA dejarán de ser soluciones para convertirse en simples parches que no detienen la sangría.
No estamos ante un problema coyuntural, ni tampoco ante un pico que se pueda amortiguar con medidas puntuales. Estamos ante un cóctel explosivo que se consolida y que obliga a mirar más allá del corto plazo.
¿Qué ocurre cuando las necesidades más básicas se encarecen de manera sostenida y los ingresos no acompañan? ¿Cuando pagar la factura de la luz, comprar un trozo de carne o comer verdura fresca deja de ser una opción para convertirse en una quimera?
Vivimos en un mundo en el que alguien, de un día para otro, toma decisiones que nadie ha votado ni consensuado. Decisiones que, guste o no, acabamos pagando todos sin excepción. Y eso se debería poder decir sin matices ni temor a posibles represalias.
España lidera el “no” a la guerra. Perfecto, me apunto. Pero, más allá del gesto, que elogio, ¿cambia algo?
España lidera el “no” a la guerra. Perfecto, me apunto. Nos apuntamos, me atrevería a decir. Pero, más allá del gesto, que elogio, ¿cambia algo? ¿Europa hace algo? ¿Quién detiene a Donald Trump, Benjamin Netanyahu o los ayatolás?
Terrible. Demolador. Y nosotros, a pagar. O hasta que podamos hacerlo. Porque hoy esto de trabajar ya no dignifica. Trabajos precarios que no permiten vivir ni acceder a una vivienda.
No hablamos de macroeconomía. Hablamos del día a día. De la vida cotidiana. De la realidad de muchos.
Es ir al supermercado y comprar menos. Es mirar el precio de la luz antes de poner en marcha la calefacción. Es dejar para más adelante una decisión, una compra, un proyecto, un sueño.
Que nadie se engañe. Solo se actúa cuando hay rédito político. Aunque, al final, todo esto acabe en esto: en un listado de buenas intenciones
Se habla mucho de los mercados bursátiles, de si el Ibex cierra en rojo o de si los accionistas reaccionan mejor o peor a los tuits de Donald Trump. Pero toquemos de pies en el suelo. ¿Cuántas familias dejan de dormir por estos titulares? ¿Quién de los que “supuestamente” lideran se preocupa realmente por lo que pasa en casa?
Que nadie se engañe. Solo se actúa cuando hay rédito político. Aunque, al final, todo ello acabe en esto: en un listado de buenas intenciones. Se trata de marcar perfil, de captar votos, de calentar sillas y arañar poder.
Y, como siempre, quien día pasa, año empuja. Hasta que ya no se pueda más.