El día que un fondo de inversión llama al taller
- Fernando Trias de Bes
- Barcelona. Domingo, 20 de septiembre de 2026. 05:30
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El propietario de una pequeña empresa industrial, una clínica veterinaria o un taller mecánico puede recibir hoy una llamada que hace pocos años habría resultado inverosímil. Al otro lado del aparato no hay un competidor de la comarca ni un proveedor interesado en captar a un nuevo cliente. Hay, nada más y nada menos, que un fondo de capital privado interesado en comprar su compañía y unirla a otras parecidas.
Aclaro antes algunos términos. En España, capital riesgo suele utilizarse como categoría general. Dentro están el venture capital, que invierte en empresas jóvenes con elevado potencial y mucha incertidumbre, y el private equity, que entra en compañías maduras, con ventas y beneficios demostrables. Entre ambos existe además el capital de crecimiento, destinado a empresas consolidadas que quieren expandirse. El private equity no busca necesariamente negocios conservadores. Busca negocios cuyo valor pueda aumentar mediante tamaño, profesionalización, eficiencia o adquisiciones.
La llegada de estos fondos a empresas cada vez menores responde a un ciclo de vida natural. Cuando un mercado crece, se segmenta. Ocurrió con el gran consumo. Por ejemplo, primero había yogures naturales únicamente. Después llegaron los sabores. Y, más tarde, aparecieron los desnatados, los biológicos, los bebibles, los proteicos, los infantiles y los enriquecidos. La fragmentación no redujo el mercado. Lo hizo mayor porque permitió atender necesidades más precisas.
Este proceso lo describí en mi libro Marketing Lateral hace muchos años, junto a Philip Kotler. Es el modo en que se desarrollan la mayoría de los mercados. El asunto es que lo que ocurría en consumo se trasladó luego a servicios, más tarde a la banca y, de forma inesperada, al sector de fondos de inversión privados.
El fondo de inversión ha bajado de la torre corporativa y ya llama a la puerta de la pyme
Los grandes fondos comenzaron concentrándose en operaciones internacionales y compañías de gran tamaño. Después surgieron especialistas en el middle market, el lower middle market, empresas familiares, sectores concretos y negocios locales.
Pero ahora la fragmentación es increíble: en 2024, el capital privado realizó 785 inversiones en España. De ellas, 623 se dirigieron a empresas con menos de cien trabajadores. Más de la mitad fueron operaciones inferiores al millón de euros. El fondo ha bajado de la torre corporativa y ya llama a la puerta de la pyme.
Detrás de muchas de estas operaciones aparece una estrategia llamada buy and build. El inversor compra una primera empresa, que funciona como plataforma, y le añade otras del mismo sector. Varios talleres pueden compartir compras, tecnología, administración, financiación, marca y captación de clientes. Lo mismo sucede con clínicas dentales, laboratorios, distribuidores, servicios industriales o empresas agroalimentarias. Cada negocio conserva parte de su actividad, pero el conjunto alcanza una escala que ninguno habría logrado por separado.
Esto llega en un momento en que las pymes están chocando con los límites de su tamaño. Y la IA acelera la cuestión. Los mercados son más globales, la tecnología exige inversiones continuas, la regulación se complica y atraer buenos profesionales resulta caro. Una empresa pequeña, por excelente que sea, tiene dificultades para financiar una expansión internacional, implantar determinados sistemas o negociar en igualdad de condiciones con proveedores y grandes clientes, por poner algunos ejemplos.
La transformación más profunda está llegando por abajo: miles de pequeñas empresas que formarán parte de algo mayor
A ello se añade la sucesión. La empresa familiar representa más del 92% del tejido empresarial español, pero muchas llegan al relevo generacional sin un sucesor dispuesto o preparado. Las alternativas clásicas eran vender a un competidor o cerrar. El capital privado introduce una tercera posibilidad: convertir una empresa familiar aislada en una pieza de un proyecto empresarial mayor.
Ahora bien, hay riesgos. Operaciones de este tipo pueden eliminar autonomía, homogeneizar negocios que vivían de su singularidad o concentrar demasiado poder en algunos sectores. Y, que nadie se engañe, un fondo tiene un horizonte temporal: compra para aumentar el valor y vender después. Sus objetivos pueden coincidir con los del empresario, pero no siempre. Los fondos entran para salir luego. No tienen vocación de permanencia.
En cualquier caso, una decisión reservada antes a grandes corporaciones ha llegado a compañías de catorce empleados. E incluso de menos de diez. Creíamos que la concentración empresarial se produciría cuando las grandes compañías compraran otras grandes compañías. La transformación más profunda está llegando por abajo: miles de pequeñas empresas que formarán parte de algo mayor.
Realmente, el mundo está cambiando.