Balanza fiscal y déficit sanitario. Hechos relevantes

- Guillem López-Casasnovas
- Barcelona. Domingo, 1 de marzo de 2026. 05:30
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Oímos hablar de los "hechos relevantes" en boca de la Comisión Nacional del Mercado de Valores con motivo de la opa hostil que enfrentaba al Banc de Sabadell. Identificábamos en aquel término aspectos importantes sobrevenidos que obligaban, si era necesario, a reexaminar la posición de las partes. En la vida presupuestaria de estos días se me ocurre que han pasado dos hechos relevantes que merecen una mínima atención.
En primer lugar, el presupuesto de la Generalitat se ha acompañado esta vez de la estimación de las balanzas fiscales. Efectivamente, un recuento de lo que son los flujos de ingresos y gastos de Catalunya con la Administración del Estado sobre el territorio ofrece un buen marco general en el que el presupuesto de la Generalitat en concreto se inscribe. Aunque solo sea para coordinar lo que debe hacer una administración porque lo ha dejado de hacer otra, y recuperar una perspectiva global, macroeconómica, del conjunto de las actuaciones de todas las Administraciones que inciden sobre el país.
Estos datos, ahora publicados por el Govern socialista de la Generalitat, ratifican métodos de cálculo anteriores y avalan los resultados tradicionales de estimaciones pasadas. Sustraen los cálculos de debates ideológicos que algunos socialistas habían utilizado respecto a las estimaciones de gobiernos anteriores, así como de otros argumentos que ofrecían las cuentas territorializadas como sucedáneos de las balanzas fiscales. No sé qué equipo lo ha hecho ni quién lo ha asesorado, pero sí sé que avalan el método tradicional de todos los gobiernos anteriores de Catalunya. Esto espero que ponga fin, por un lado, a la pretensión de estimar las balanzas fiscales para todas las comunidades autónomas. No hay razón para hacerlo si los gobiernos de las dos Administraciones afectadas no lo piden. Y que yo sepa, solo Catalunya, su Parlament por mayoría, no solo lo pide sino que lo exige; tal es el sentido de pertenencia que hace que en los flujos fiscales se anteponga el todo, Catalunya, sobre las partes (la balanza fiscal entre Tarragona y Girona, entre comarcas ricas y pobres o, en el extremo, entre los Güell y los Sánchez). ¿Por qué razón Catalunya debería forzar la publicación de todas las balanzas fiscales de cada Comunidad; para poner en evidencia no solo su déficit, sino el superávit fiscal de tantas otras? Al fin y al cabo, si estos saldos son algo querido por el Estado en sus formas de nivelación territorial, bien estará si lo hace desde sus propios recursos y no detrayéndolos, forzosamente, de los nuestros.
Por otra parte, este nuevo ejercicio de cálculo podría frenar los intentos de minar la credibilidad de los saldos estimados, con ocurrencias diversas, como la no neutralización de los déficits públicos. Sí. Hay dos métodos teóricos de estimación de la incidencia fiscal; pero que atienda al impacto de la carga fiscal y del beneficio del gasto sobre el territorio, en sus efectos macroeconómicos agregados de arrastre de la actividad económica y sobre el bienestar de los ciudadanos, solo hay uno. Y se corresponde con el modo de entender mayoritario en Catalunya de que los ingresos pagados por los ciudadanos son también de la institución que representa a los catalanes; una reivindicación de balanzas fiscales que se remonta en el caso de Catalunya a hace más de un siglo.
Los presupuestos recogen un crédito presupuestario inferior a lo gastado en 2025. Esto quiere decir que la cifra de gasto sanitario para 2026 será inferior a la del año pasado
Un segundo hecho relevante en los presupuestos de la Generalitat que se han presentado estos días es que, por primera vez, se reconoce que son presupuestos que no incorporan todas las partidas de gasto. Se reconoce que existen partidas pendientes de imputación; es decir, gasto contraído y no pagado por falta de crédito presupuestario. En el pasado podíamos decir incluso que esta supuesta ilegalidad presupuestaria cogía a la intervención distraída, tal como ha recordado recientemente la Sindicatura de Comptes. Hoy sabemos que esta manera de procrastinar es ya oficial. De modo que, pese a lo que prometieron las conselleries de Salut y de Economia, que esta vez serían presupuestos realistas y afloraría todo el déficit de la sanidad, no se ha cumplido.
Efectivamente, se presentan unos presupuestos para 2026 que, si bien se dirá que son muy superiores a los del último ejercicio con presupuesto aprobado, el de 2023, recogen un crédito presupuestario inferior al ya gastado en 2025. Unas partidas inicialmente 1.300 millones de euros inferiores a las gastadas el año pasado, que si se añaden los compromisos ya formalizados para el año en curso, posiblemente nos situarían ante una infrapresupuestación de unos 3.300 millones. No es poca cosa.
¿Quién debe creerse con estas cifras los presupuestos que en cadena recibirán los centros, las tarifas de la concertación, el gasto nominal máximo autorizado o la virtualidad de un presupuesto cerrado para medicamentos y suministros sanitarios? El Parlament aprobará así, si es el caso, una cifra de gasto sanitario para 2026 inferior a la del año pasado, cuando es conocido el ritmo inequívoco que tiene el crecimiento del gasto sanitario. Otro "hecho relevante" para entender la dificultad que tiene la gestión de la sanidad en nuestro país.