Hace unas semanas se celebraba la edición 2026 del Foro de Davos en Suiza, acontecimiento que reúne a los principales dirigentes políticos, económicos y empresariales del planeta, para analizar y debatir sobre la situación actual y el futuro socioeconómico del mundo. En el marco de este se presentaron una serie de informes que toman un interés especialmente relevante en momentos de gran incertidumbre y cambio como el presente, en los cuales todo está en revisión. Los días pasados desde la cumbre han permitido analizar sosegadamente dos de estos informes: uno sobre riesgos y el otro sobre cooperación en el ámbito global.

Seguramente, el informe más conocido de Davos es The Global Risks Report, que publica el World Economic Forum (WEF) y del que este año se ha presentado la edición 21ª. Analiza 33 riesgos, en tres momentos diferentes: presente-2026, corto plazo-2028, y largo plazo-2036. Se basa en las respuestas de unos 1.300 expertos de universidades, empresas, sector público, organizaciones internacionales y sociedad civil, que se complementan con las aportaciones cualitativas de 161 colaboradores más.

En el Informe se habla de “la segunda mitad de una década turbulenta”, y, de hecho, los que responden a la encuesta consideran negativas las perspectivas a corto y a largo plazo, lo que obliga a repriorizar riesgos y acciones. Un 50% de los expertos anticipa un panorama turbulento o tempestuoso en los dos próximos años, porcentaje que ha crecido significativamente en comparación con ejercicios pasados, y un 57% en los próximos diez años, mientras que un 40% en el primer caso y un 32% en el segundo apuntan inestabilidad con riesgos moderados para 2026. Ciertamente, este año marcará un punto de inflexión, el inicio de un nuevo y complejo orden mundial, con un panorama multipolar que se está imponiendo, en el que el débil multilateralismo está colapsando y en el que la confrontación sistémica y la creciente fragmentación sustituyen progresivamente a la cooperación. Se trata de un contexto más frágil e incierto, con más proteccionismo comercial, una menor transparencia, un respeto más reducido por las normas y los acuerdos, y unas cadenas de suministro más inestables, que obligan a gestionar en medio de unas turbulencias continuas, impulsadas por medios como el comercio, las finanzas y la tecnología.

En el informe 2026 se apunta que actualmente el panorama está dominado por riesgos geopolíticos y geoeconómicos, que son los que más suben en un horizonte de corto plazo, destacando, también, los de tipo social, mientras que bajan en prioridad, y de manera significativa, los relativos al medioambiente. Estos últimos riesgos, no obstante, son los que predominan en un horizonte de largo plazo, seguidos de los tecnológicos, que se aceleran y que ofrecen oportunidades y beneficios en muchos ámbitos (infraestructuras, salud, educación…), pero, también, impulsan nuevos riesgos en otros (mercado laboral, información, armas…)

En el informe 2026 se apunta que actualmente el panorama está dominado por riesgos geopolíticos y geoeconómicos, que son los que más suben a corto plazo

Dentro de este panorama, el principal riesgo global del 2026, según el WEF, es la confrontación geoeconómica, indicado por un 18% de los que responden, subiendo dos posiciones en comparación al ranking del año anterior, anunciando una volatilidad más elevada que desestabiliza empresas y sociedades. Este riesgo, además, encabeza los riesgos a corto plazo, en un horizonte de dos años, y se considera a la vez causa y consecuencia del vacío y la vulnerabilidad asociados al deterioro y fragilidad del multilateralismo, con negativos efectos económicos y sociales en el ámbito mundial (problemas con cadenas de suministro, concentración de recursos y tecnologías estratégicos, escasez de recursos naturales, crisis económica…). Hay que añadir que dentro de las estrategias geoeconómicas se está produciendo un uso creciente de instrumentos políticos y económicos variados, que van desde restricciones de capitales e inversiones a la disrupción de las redes de abastecimiento, pasando por nuevas dinámicas en sanciones y regulaciones, incertidumbre en el comercio y tensiones arancelarias. Se puede hablar de una relativa correlación entre la confrontación geoeconómica —y, hasta incluso, el peligro de conflictos militares— y las disrupciones de las cadenas de suministro, disrupciones que alcanzan en el presente sus máximos niveles en décadas. El segundo riesgo global actual es el conflicto armado entre estados, señalado por un 14% de los que contestan. A relativa distancia de los anteriores hay que mencionar los fenómenos meteorológicos extremos, la polarización de la sociedad, y la información errónea y desinformación, señalados, respectivamente, por un 8%, un 7% y un 7% de los que responden. Cabe decir que, mientras que la preocupación por el primero se ha reducido respecto al año anterior, la atención por los otros dos se mantiene. En el top-10 aparecen dos riesgos tecnológicos: las consecuencias adversas de las tecnologías de inteligencia artificial y la inseguridad cibernética. Por otra parte, crecen los sectores considerados estratégicos desde el punto de vista de la seguridad nacional, como la inteligencia artificial, los semiconductores, las tierras raras, la tecnología cuántica o la biotecnología.

Se puede mencionar que hace dos años, cuando se analizaban los riesgos globales, se anticipaba que de cara al 2026 los cuatro más importantes eran, por este orden, la información errónea y desinformación, los fenómenos meteorológicos extremos, la polarización de la sociedad y la inseguridad cibernética.

En el caso de España, el Informe del WEF identifica que los cinco principales riesgos son actualmente, y según importancia, la polarización social, la escasez de talento y/o mano de obra, los insuficientes servicios públicos y protecciones sociales, el endeudamiento (público, pensiones…) y la falta de oportunidades económicas o paro.

A corto plazo (2 años), los principales riesgos globales hacen referencia, como en la edición pasada, a cuestiones sociales (polarización, desigualdad, coste de la vida, derechos humanos, inmigración, política, agitación social…). Se ha de señalar que la fragmentación y la división escalan dentro de las sociedades animadas por factores tecnológicos, con herramientas como la inteligencia artificial, y hay que llamar la atención sobre el deterioro del Estado de derecho y el impulso de manifestaciones y protestas sociales en diversos países, lideradas por jóvenes, además de destacar una opinión cada vez más favorable al nacionalismo económico. Según orden de importancia, en el ranking de riesgos a corto plazo destacan la confrontación geoeconómica, la información errónea y desinformación, la polarización de la sociedad, los fenómenos meteorológicos extremos, y el conflicto armado entre estados. Cabe decir que, en comparación con el informe de 2025, se observa un ascenso de la atención a corto plazo por los riesgos de índole económica, como la recesión económica, la inflación, el estallido de la burbuja de activos, y las disrupciones en infraestructuras críticas.

Como decía el primer ministro canadiense, Mark Carney, hay que actuar juntos porque “si no estás en la mesa, estás en el menú”

A largo plazo (10 años), sin embargo, las preocupaciones se centran, sobre todo, en aspectos medioambientales, en los cuales un 40% de los que responden espera un panorama tempestuoso y un 33% un contexto turbulento, destacando los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de diversidad y el colapso de los ecosistemas, el cambio crítico en sistemas terrestres, y la escasez de recursos naturales, que son los que encabezan el ranking de riesgos globales, igual que en la edición anterior. A estos se pueden añadir los riesgos de tipo tecnológico, como la información errónea y desinformación, las consecuencias adversas de las tecnologías de inteligencia artificial y la inseguridad cibernética.

Tradicionalmente, la cooperación había sido la vía para responder a muchos de los diversos riesgos mundiales mencionados, medio que en la coyuntura actual está en cuestión. Otro informe presentado en el contexto de Davos 2026 analiza la evolución de esta con detalle. Se trata de The Global Cooperation Barometer, en su 3ª edición, elaborado por el WEF en colaboración con McKinsey & Company, que se basa en dos encuestas (799 participantes de 81 países y 171 expertos) y 41 indicadores, y que mide el progreso de la cooperación global. Concluye que, a pesar de la compleja situación actual, los desafíos y las oportunidades no pueden ser abordados individualmente, por lo que la cooperación sigue siendo vigente y básica en la nueva era global, aunque de forma diferente al pasado, desarrollando nuevos enfoques que tengan presentes sus fundamentos (diálogo, consenso…). Según el Informe, el nivel de cooperación general se ha mantenido bastante estable este año en relación con los años anteriores, mostrando una importante resiliencia, pero hay dinámicas diferentes en los cinco pilares o ámbitos en los que se estructura el Barómetro: la colaboración en innovación y tecnología y la relativa al clima y al capital natural suben -en el primer caso con relevantes novedades y en el segundo a niveles récords-, mientras que la cooperación en comercio e inversiones se estanca, igual que en salud y bienestar, y continúa cayendo la colaboración en paz y seguridad. Un 85% de los encuestados describe el estado de la cooperación en el 2025 como “menos cooperativa” o “mucho menos cooperativa” en comparación con el año anterior, pero en general todavía se aprecian oportunidades. Cabe destacar que la cooperación se está adaptando al nuevo contexto con vías alternativas más flexibles y específicas, como el minilateralismo o plurilateralismo, es decir, la cooperación entre grupos más pequeños de países que tienen vínculos económicos y encuentran valor en colaborar.

Para concluir, en este contexto multipolar, o más bien oligopolar, uno puede recuperar algunas de las tan aplaudidas palabras del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el mismo Foro de Davos el pasado 20 de enero, y concretamente la propuesta que hacía: frente a la ruptura actual y los retos y oportunidades futuras las potencias medianas y los países intermedios tienen el poder de construir un nuevo orden, una tercera vía, una red de conexiones vía comercio, inversión y cultura, que integre nuestros valores (derechos humanos, desarrollo sostenible, solidaridad…). De hecho, como decía el mismo ministro canadiense, hay que actuar juntos porque “si no estás en la mesa, estás en el menú”.