Josep Oliu, presidente de Banc Sabadell, deja el consejo de administración de Puig Brands, el gigante de la perfumería y la cosmética, que ocupaba desde hace 24 años. Su dimisión se ha producido seis meses antes de concluir su mandato, en un momento en que Puig negocia la fusión con la norteamericana Estée Lauder.
La salida de Oliu es voluntaria, acordada entre las partes. Era consejero dominical –en representación de accionistas– desde 2002. Precisamente, Puig lo ha comunicado un día antes de que, este martes, presente sus resultados trimestrales.
En la junta ordinaria de accionistas convocada para el próximo 29 de mayo, se reelegirá a Marc Puig como presidente –consejero ejecutivo, según la terminología de la compañía– y se nombrarán como nuevos consejeros a José Manuel Albesa –que el pasado marzo fue designado como consejero delegado de Puig– y Julie Van Ongevalle –presidenta de la compañía de tratamientos para la piel Opella–. También se dará cuenta de la dimisión de Oliu, según consta en el orden del día de la sesión.
Sin embargo, Oliu continuará como presidente del consejo de administración de Exea, el holding inversor de los Puig, del cual forman parte las cuatro ramas familiares. Mediante Exea, controlan su participación en el grupo de perfumería y en otras compañías. Oliu es el presidente desde 2007.
Puig y Estée Lauder continúan negociando una complicada fusión que, en caso de llevarse a cabo, daría lugar al segundo grupo más grande del sector, con una cuota de mercado del 15%, solo superado por el gigante francés L’Oréal. A favor de la fusión está el hecho de que se trata de compañías bastante complementarias, tanto en su cartera de productos –Estée Lauder está centrada en marcas de cosmética, mientras que Puig destaca en las de perfumería– como en la implantación territorial, donde la primera domina Estados Unidos y, la segunda, es fuerte en Europa. Pero las actuales dinámicas de los dos grupos, liderados actualmente por las terceras generaciones de las respectivas familias fundadoras, dificultan la operación.
De entrada, no sería una fusión entre iguales: Estée Lauder facturó el año pasado 12.300 millones de euros, más del doble de los 5.042 millones de Puig, si bien la norteamericana perdió 981 millones (básicamente en el plan de reestructuración, por el cual ha prescindido de 7.000 empleados) mientras la catalana ganó 594 millones. Una encadena tres años en caída de ventas, mientras que la otra aún escala.
El pasado marzo, el consejo de administración de Puig nombró a José Manuel Albesa como consejero delegado, si bien Marc Puig continuará como presidente ejecutivo. Así, el gigante perfumero catalán separa los cargos de presidente y CEO, que anteriormente había ocupado el mismo Puig.
La cotizada comunicó entonces que el nombramiento es “un paso decisivo en la evolución de la gobernanza de la compañía”, ya que va “en línea con las buenas prácticas para empresas cotizadas”. Las normas de buen gobierno recomiendan que las figuras de presidente y consejero delegado estén separadas, con funciones diferenciadas.