Un análisis de la Universidad de Stanford, centrado en 127 países, ha puesto de manifiesto que el número de proyectos de ley relacionados con la inteligencia artificial (IA) ha pasado de uno en 2016 a 37 en 2022. Lo que demuestra que el interés en los gobiernos por la IA ha crecido y ha despertado los recelos de los legisladores por este asunto y sus repercusiones a nivel económico y social. El mercado de capitales es reacio a invertir en situaciones de inseguridad jurídica y pese al bum de la IA, el inversor tiene miedo al legislador. No saber a qué se enfrentará, cuando los países se plantean si deben o no poner límites a la IA, ha puesto freno a la inversión privada mundial en este sector. En el informe de Stanford se que se acaba de publicar este mes de abril, la inversión privada mundial en IA disminuyó en 2022 un 26,7% respecto a 2021, hasta los 91.900 millones de dólares, lo que supone el primer descenso registrado en la última década, según informa Efe.
Además, también descendió el número total de eventos de financiación relacionados con la IA, así como el número de empresas de IA recién financiadas. Pese a ello, la inversión privada en IA fue 18 veces mayor que en 2013, y los Estados Unidos y China lideran el desarrollo de los avances y la irrupción de nuevas empresas. En 2022, más de la mitad de los 91.900 millones de dólares destinados a esta área en el mundo tuvieron su origen en Estados Unidos, con un total de 47.400 millones, según este informe. China es el segundo con una inversión 3,5 veces menor que la de EE.UU. (13.400 millones), seguido ya de lejos por el Reino Unido, con 4.370 millones de dólares.
El área que mayor inversión acaparó fue el de la medicina y la salud, con 6.100 millones de dólares; seguido el procesamiento y la nube de datos, 5.900 millones de dólares y las empresas fintech, 5.500 millones. El bum de los chatbots (robots de conversación) ha empujado a las grandes tecnológicas a una nueva carrera competitiva, también con EE.UU. y China a la cabeza, en un mercado en el que se juegan millones de usuarios.
Entre estos avances, los que generan más dudas corresponden a la inteligencia artificial (IA) generativa, aquella que describe algoritmos que se pueden usar para crear contenido nuevo, incluidos audio, código, imágenes, texto, simulaciones y videos, y que se ha desatado con el sistema ChatGPT, de la empresa estadounidense Open AI. Estos modelos capaces de simular conversaciones humanas -que también desarrollan otras empresas como Google- están generando muchas dudas sobre la protección de datos. En la Unión Europea el debate llega justo cuando se está negociando la ley de inteligencia artificial para encontrar la fórmula de regular las dudas sociales, políticas y éticas que plantean estos sistemas con el Reglamento Europeo de Protección de Datos (GDPR).
A falta de una respuesta global, algunos países empiezan a tomar medidas. Italia ha bloqueado el sistema ChatGPT, y en España la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha iniciado de oficio actuaciones previas de investigación a OpenAI por un posible incumplimiento de la normativa española y europea. Mientras, Microsoft ya ha anunciado que invertirá 10.000 millones de euros (10.700 millones de dólares) más en OpenAI, proyecto al que destinó 1.000 millones de euros (1.070 millones de dólares), en julio de 2022.