Cristina Álvarez toma posesión de la presidencia de El Corte Inglés, un cargo que se une al de la presidencia de la Fundación Ramón Areces, que también pasa a ostentar desde este mismo instante. La decisión, formalizada en la sesión del consejo de administración celebrada el 26 de noviembre, refleja la plena confianza de los órganos de gobierno en su trayectoria y liderazgo, consolidando una transición marcada por el consenso y la continuidad estratégica.
La designación de Álvarez no es un hecho aislado, sino la culminación de un proceso de preparación y de una profunda vinculación con la compañía. La nueva presidenta, además de asumir las máximas responsabilidades ejecutivas, continuará al frente de la Comisión de Nombramientos y Retribuciones. A esta tarea se le suma, desde ahora, la presidencia de la Comisión de Seguimiento, desde donde ejercerá una supervisión directa y minuciosa sobre el avance del Plan Estratégico global.
Este plan, aprobado por todo el consejo de administración, define las grandes líneas de acción para los próximos años y será ejecutado bajo la dirección operativa de los directores generales Santiago Bau y Rafael Díaz. La doble función de Álvarez en estos órganos de control subraya el papel central que jugará en asegurar la coherencia entre la estrategia trazada y su implementación práctica en el día a día de la empresa. En sus primeras palabras como máxima responsable, Cristina Álvarez ha querido trasladar un mensaje de compromiso absoluto y de agradecimiento profundo.
Ha expresado su “más sincero compromiso e implicación” hacia el grupo, una entidad a la que, según sus propias palabras, ha dedicado “su vida profesional durante más de treinta años”. Esta trayectoria, que ahora la lleva a la cúspide del organigrama, le permite conocer desde dentro la complejidad, los valores y el tejido humano de la empresa. “Es un orgullo pertenecer a El Corte Inglés”, ha manifestado con énfasis, una declaración que va más allá del protocolo y que evoca el sentimiento de identificación con un proyecto colectivo de larga trayectoria.
Su visión, sin embargo, no se queda en el pasado ni en el reconocimiento sentimental. Álvarez ha señalado con claridad el camino a seguir, poniendo el acento en la necesidad de dinamizar el núcleo del negocio y de garantizar una inversión robusta y orientada al futuro. La presidenta ha destacado su firme “voluntad de contribuir al desarrollo de los negocios del Grupo y a la inversión”, revelando una cifra de gran impacto: para el próximo ejercicio fiscal 2026-2027, el grupo destinará la considerable suma de 650 millones de euros a su transformación y crecimiento.
Esta inyección financiera, una de las más sustanciales de los últimos tiempos, no será dispersa sino que responderá a unas prioridades bien definidas. El primer eje de actuación será la renovación constante de la experiencia comercial en el punto de venta, con la continuidad de los ambiciosos planes de remodelación de las galerías. El segundo pilar recae en el refuerzo de las raíces digitales y operativas de la empresa, con inversiones destinadas a potenciar las capacidades tecnológicas y a modernizar y expandir la red logística, un elemento crítico en la era del comercio omnicanal. Finalmente, el tercer frente abrirá nuevos horizontes, con la expansión y consolidación de los diversos negocios que conforman el ecosistema del grupo, asegurando una presencia versátil y adaptada a las nuevas demandas del mercado.
La llegada de Cristina Álvarez a la presidencia, pues, simboliza mucho más que un simple cambio en el cargo. Representa la cesión de un testigo dentro de una trayectoria de fidelidad a la empresa, la confianza en un liderazgo formado desde dentro y el lanzamiento de una etapa caracterizada por una apuesta valiente por la innovación, la transformación física y digital, y el crecimiento sostenible. Su reto, ahora, es guiar a este gigante de la distribución a través de los rápidos cambios del sector, manteniendo al mismo tiempo la esencia y el prestigio de una marca que es parte del paisaje cotidiano de millones de personas. El camino está trazado, los recursos asignados y la dirección, bajo su mando, ha comenzado a abrir nuevos rumbos con determinación y con la vista puesta a largo plazo.
