La segunda jornada de las Jornadas del Cercle d'Economia ha visibilizado un debate en torno a uno de los aspectos que, según los expertos, obstaculiza el crecimiento del continente. El salón de actos del Palau de Congressos de Catalunya ha sido el escenario de la charla titulada ¿Por qué cuesta tanto construir la Europa del ahorro y la inversión?, con la participación de Tomás Muniesa, presidente de CaixaBank, y David López Salido, director general de Economía del Banco de España.

El trasfondo del encuentro parte de una diagnosis compartida por la entidad organizadora del encuentro empresarial: Europa ahorra más que Estados Unidos, pero invierte peor, y el ahorro comunitario acaba huyendo hacia los mercados norteamericanos porque los mercados de capitales europeos están fragmentados, son poco profundos y dependen en exceso de la financiación bancaria.

La lentitud europea ante un mundo que va deprisa

Muniesa ha abierto el turno de intervenciones con un diagnóstico contundente sobre uno de los principales obstáculos estructurales del continente. Según el presidente de CaixaBank, la alta regulación impide que los mercados europeos dispongan de la agilidad que el mundo demanda. Muniesa asegura que Europa se comporta como una tortuga, incapaz de seguir el ritmo de un entorno global acelerado. La simplificación administrativa y la eliminación de trabas burocráticas se presentan, bajo el criterio del directivo financiero, como condiciones imprescindibles para recuperar la competitividad.

Tomás Muniesa ha aportado datos que ilustran el retroceso relativo de Europa en la economía global. Hace cuatro décadas, Estados Unidos y Europa acumulaban el 47% del PIB mundial, mientras que China solo representaba el 3%. En la actualidad, ha explicado, las cifras globales se mantienen en términos similares, pero con una redistribución desfavorable: Europa ha quedado por detrás de la potencia asiática. Esta pérdida de impacto, según el presidente de CaixaBank, no se compensa con el incremento de cuotas en otros mercados. El continente, según Muniesa, está perdiendo mucho impacto en el mundo y lo hace a un ritmo superior al de la aparición de nuevos espacios comerciales.

La asignación del ahorro como problema central

David López Salido ha coincidido con el diagnóstico general, pero ha añadido un matiz relevante. Para el director general de Economía del Banco de España, el problema no es que Europa ahorre poco, sino que la asignación de este ahorro es defectuosa. En sectores como la alta tecnología, la rentabilidad de las inversiones es mucho más alta en Estados Unidos que en Europa, lo cual explica en buena parte la fuga de capital hacia Wall Street. Esta diferencia de rentabilidad, ha argumentado, no es un accidente sino el reflejo de un ecosistema de innovación y de mercados de capitales más maduro en el lado norteamericano.

David López Salido, director general de Economía del Banco de España | Carlos Baglietto

Muniesa ha querido deshacer un tópico extendido en el debate económico. Según su visión, el problema fundamental para la economía y el tejido empresarial europeo no es el tamaño de las compañías, sino el acceso a la financiación. El verdadero reto, concreta, es que las empresas pequeñas puedan crecer e internacionalizarse sin que la estructura financiera del continente les ponga trabas. En este punto, ha identificado una debilidad estructural: las empresas emergentes que buscan capital para escalar se encuentran con un marco legal europeo que las penaliza. Además, ha añadido, el sistema bancario no se siente cómodo financiando activos intangibles, que son precisamente el corazón de las empresas tecnológicas y de innovación.

La industria de los fondos de pensiones, la asignatura pendiente

Una de las aportaciones más destacadas de Muniesa ha sido la comparación entre los ecosistemas financieros de ambos lados del Atlántico. En Estados Unidos, ha explicado, la inversión es muy diversificada gracias a una potente industria de fondos de pensiones que actúa como motor del ecosistema inversor.

Desafortunadamente, en Europa esta industria es muy pequeña, lo cual priva al continente del principal dinamizador del mercado de capitales. En este contexto, Muniesa ha defendido que los grandes patrimonios que quieren diversificar sus inversiones lo harán en más de una jurisdicción, lo cual sitúa a Europa y Estados Unidos en una rivalidad abierta para atraer estos flujos. Lo que debe preocupar, ha insistido, es cómo colocar a Europa en el mundo, y para ello se necesitan más fondos y menos burocracia.

Desde la perspectiva del Banco de España, López Salido ha propuesto una vía de actuación concreta. Si Europa quiere incrementar su productividad en relación con los fondos que hay en el mercado, ha afirmado, necesita identificar los sectores más dinámicos y, a la vez, estar dispuesta a asumir riesgos. Esta combinación no es sencilla en un entorno culturalmente poco inclinado a asumir riesgos y con un marco regulador que prioriza la protección del ahorro por encima de su movilización hacia proyectos inciertos pero de alto potencial.

La unión bancaria y la renuncia a soberanía

En el terreno de las soluciones institucionales, Muniesa ha defendido la unión bancaria como una pieza imprescindible. Sin embargo, ha admitido que la realidad es que todos los agentes económicos "son conscientes de que no acaban de creerse Europa". El riesgo, advierte, es que el continente sea tan lento en un mercado que va muy rápidamente que acabe cayendo en la inoperancia. Para tener mercados únicos, ha concluido, hay que renunciar a soberanía nacional en algunas áreas. Es una ecuación complicada, ha reconocido, pero a la vez es la única solución viable para que Europa no quede definitivamente desplazada del tablero global.

Tomás Muniesa, presidente de CaixaBank | Carlos Baglietto

López Salido ha añadido un elemento de optimismo condicionado al final del debate. La situación actual de Estados Unidos, ha apuntado, puede representar una ventana de oportunidad para que Europa atraiga talento e innovación. Sin profundizar en las causas concretas de esta circunstancia, el director general de Economía del Banco de España ha sugerido que los desequilibrios o las incertidumbres generadas al otro lado del Atlántico pueden ser aprovechadas por el continente para revertir, en parte, la fuga de cerebros y de capital que ha sufrido durante décadas. El aprovechamiento de esta oportunidad, sin embargo, exigirá las reformas estructurales que los mismos ponentes habían diagnosticado a lo largo de la sesión.