El Parlamento Europeo avanza en el despliegue del euro digital. Su comisión parlamentaria de Asuntos Monetarios ha aprobado este martes —con 43 votos a favor, 14 en contra y 1 abstención— la reforma financiera para aplicar el euro digital, que la Eurocámara votará previsiblemente en el plenario del próximo julio. Después, se iniciarán las negociaciones con el Consejo de la UE —donde están representados los Estados— y se llevarán a cabo las pruebas necesarias antes de que el euro digital sea operativo. Pero esto no sucederá antes de 2029.

En realidad, el euro digital avanza a paso de tortuga. La Comisión Europea presentó la primera propuesta legislativa en el verano de 2023, hace ya tres años, pero los Estados no dieron su visto bueno hasta finales del año pasado.

Con el euro digital se podrán realizar pagos tanto con conexión a Internet como sin ella. En ningún caso sustituirá al dinero en efectivo u otros sistemas de pago, ya que coexistirán.

Esta reforma está impulsada por el Banco Central Europeo (BCE). El objetivo es ofrecer un sistema de pagos público y europeo, que no dependa de grandes proveedores de Estados Unidos. Según datos del BCE recopilados por la ACN, las redes Visa y Mastercard gestionan el 70% de los pagos con tarjeta en Europa. Un 20% de los pagos son operados por sistemas estatales que no funcionan en otros países de la UE. Y el 10% restante es procesado por redes de tarjetas como Discover o American Express, que también son empresas de Estados Unidos. El proyecto del euro digital ofrecerá a los ciudadanos de la UE un sistema de pagos alternativo a los de las compañías estadounidenses.

Habrá dos versiones del euro digital: una conectada a internet y otra que podrá funcionar sin. En este último caso, el sistema permitirá efectuar transacciones directas entre dispositivos móviles, sin pasar por una infraestructura que liquide el pago y que pueda registrar la operación. En el caso de la versión conectada a internet, el BCE actuará como intermediario y tendrá acceso al registro de transacciones, pero no podrá ver la identidad de los usuarios. Más adelante, cuando se apruebe la normativa, se fijará el importe máximo que cada persona pueda mover.

Con el euro digital se podrá pagar en tiendas, online o entre particulares sin sustituir los billetes y monedas. Coexistirá con el efectivo y con los métodos privados (tarjetas, Bizum, apps...). En principio, será así:

  • Disponible en la zona euro: ciudadanos y empresas lo podrán usar como una opción de pago más.
  • Pagos online y offline: se prevé que se pueda pagar con internet o sin.
  • Gratis para el usuario en los usos básicos: el BCE lo plantea como un medio de pago público y de uso general.
  • Alto nivel de privacidad: no sería anónimo como los billetes, pero el BCE considera que debería ofrecer más privacidad que muchos pagos digitales actuales, sobre todo en el uso offline.
  • No será una criptomoneda: el euro digital siempre tendrá el mismo valor que la moneda. Tampoco será un instrumento para invertir o especular. De hecho, el diseño prevé límites de saldo para evitar que se muevan grandes cantidades como si fuera un depósito de ahorro.