El mercado del metal precioso ha sido protagonista de una intensa actividad durante las últimas semanas, después de que la cotización de la onza de oro experimentara una escalada sin precedentes que la llevó a acercarse a los 5.600 dólares a finales de enero. Aquel repunte, que situó el precio en los 5.595,47 dólares el pasado 29 de enero, representó el punto álgido de una trayectoria alcista que se había observado desde hacía meses. No obstante, las tres semanas siguientes han sido testigo de una corrección a la baja de alrededor del 10%, que ha llevado al metal amarillo a estabilizarse en febrero en el entorno de los 5.000 dólares por onza. Esta evolución se inscribe en un contexto de fuerte volatilidad para el oro, que después de revalorizarse un 70% durante el conjunto de 2025, acumula en los primeros compases de este año un avance aproximado del 16%.
Los analistas de la plataforma StoneX Bullion consideran que no sería adecuado interpretar estas fluctuaciones equiparando el comportamiento del oro con el de acciones de alta volatilidad. A su juicio, las subidas registradas en los últimos tiempos no responden a un episodio de especulación irracional, sino que obedecen a un proceso de reajuste estructural del riesgo monetario a escala global. Desde esta perspectiva, el retroceso experimentado tras el máximo de enero no constituye un colapso del mercado, sino una corrección técnicamente saludable después de una serie histórica. Las previsiones para los próximos meses apuntan a un mantenimiento de esta elevada volatilidad, dado que el mercado se enfrenta a un cambio de régimen caracterizado por diversos factores estructurales: una bajada progresiva de la economía mundial, unos niveles de endeudamiento soberano que marcan máximos históricos, una creciente fragmentación geopolítica y una diversificación de las reservas por parte de los bancos centrales de numerosos países.
La plata ha seguido una pauta similar a la del oro, aunque con oscilaciones aún más pronunciadas. El metal blanco marcó a finales de enero su propio máximo histórico en los 121,65 dólares por onza, pero desde entonces ha experimentado una caída cercana al 34% que la ha situado en el entorno de los 80 dólares. A pesar de esta bajada, desde principios de año acumula una revalorización próxima al 15%, unos datos que reflejan la intensidad del movimiento alcista previo. Podrían ofrecer margen para nuevas compras de oro. La segunda etapa del repunte del oro se inició en 2024 y se aceleró a lo largo de 2025, impulsada por factores adicionales. Por un lado, las tensiones en Oriente Medio incrementaron la incertidumbre geopolítica y la búsqueda de activos refugio. Por otro lado, las luchas comerciales manifestadas en la imposición de aranceles por parte de diversas potencias económicas alimentaron la inseguridad en los mercados. A estos elementos se sumaron las preocupaciones persistentes en torno a la política monetaria y la sostenibilidad fiscal de numerosos países, especialmente de los más desarrollados.
La presión de la Reserva Federal
En este contexto, la presión política ejercida sobre la Reserva Federal para que recortara los tipos de interés a pesar de las persistentes tensiones inflacionistas, junto con los niveles históricamente altos de deuda soberana, revivieron las inquietudes sobre una posible devaluación del dólar. Este clima de desconfianza en la moneda norteamericana provocó fuertes entradas de capital en fondos cotizados de oro, así como un aumento notable de la demanda de lingotes y monedas físicas por parte de inversores particulares. La reciente volatilidad del mercado del oro, sin embargo, también ha puesto de manifiesto su sensibilidad a determinados acontecimientos concretos. La fuerte caída registrada a finales de enero coincidió con varios factores que actuaron en sentido contrario.
Por un lado, las amenazas lanzadas por el expresidente Donald Trump contra Irán generaron incertidumbre, pero no desencadenaron una huida hacia activos refugio como la que se había observado en episodios anteriores. Por otro lado, la decisión de la Reserva Federal de mantener los tipos de interés sin cambios enfrió las expectativas de una relajación monetaria inminente. A estos elementos se añadió la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la institución, un nombramiento que fue interpretado por algunos analistas como un posible cambio en la orientación futura de la política monetaria norteamericana. La combinación de estos factores desencadenó una oleada de ventas que corrigió parte de las importantes subidas previas, si bien la tendencia de fondo del mercado continúa apuntando, según la mayoría de los expertos, hacia un mantenimiento de los precios en niveles elevados durante los próximos meses.