Las instituciones leridanas y los principales agentes económicos y sociales de la demarcación de Lleida, agrupados en la alianza estratégica territorial G10, trabajan para convertir su zona de influencia en un motor de la bioeconomía, la transición energética, la gestión forestal y la innovación industrial. Para conseguirlo han identificado las prioridades más inmediatas e impulsarán diversos proyectos para que, a través de la bioeconomía, Lleida se convierta en el motor de la descarbonización industrial, de la transición energética y de una producción alimentaria sostenible.

La inversión global prevista inicialmente es de 200 millones de euros, que requerirán la colaboración público-privada. De hecho, el 38% de los recursos deberían provenir de las administraciones central y autonómica, según han avanzado este martes en la jornada el Horizonte Lleida 2050 y una Cataluña sostenible, celebrada en el Colegio de Economistas de Cataluña e impulsada por la Fundación Horizontes 2050 y el Patronato de Promoción Económica de la Diputación de Lleida con la colaboración de las Cámaras de Comercio de Lleida y Tàrrega.

De entrada, el G10 ha detectado seis proyectos que deberían alcanzarse a más tardar en 2035. Se trata del despliegue de tres áreas de actividad económica especializada en bioeconomía en Alcarràs, Balaguer y Montoliu de Lleida, con una inversión de unos 42 millones de euros, de los cuales 14 millones deberían ser aportados por las administraciones. También de la creación de un entorno de experimentación tecnológica y regulatoria (sandbox) para acelerar biotecnologías y reducir riesgos de innovación, por 20 millones de euros, con una importante contribución pública de 15 millones. Un tercer proyecto sería la promoción de un espacio de pruebas de industria 4.0 en el Parque Agrobiotech para impulsar la fabricación avanzada y sostenible, que solo requiere unos 3 millones de euros de recursos público-privados. 

Una oportunidad para Cataluña

En clave no tan industrial, la Fundación Horitzons 2050 que preside Antoni Gelonch quiere fomentar la creación y retención de talento en las tierras de Lleida. Por ello, está en conversaciones con la Generalitat para poner en marcha un centro de formación en economía verde y una oficina de atracción de talento para garantizar capital humano cualificado. A este proyecto, las administraciones autonómica y local deberían destinar 10 millones de euros y se prevé captar 4 millones más de inversores privados. 

Asimismo, las instituciones leridanas reclaman un modelo de gestión multifuncional de los bosques públicos para activar biomasa, madera estructural y créditos climáticos. Con la previsión de 25 millones de dinero público y 80 millones más de la iniciativa privada.

Los programas de agricultura regenerativa y sistemas de monetización de externalidades positivas necesitarán unos 4 millones de inversión y también se deberá fomentar el despliegue de conectividad NB-IoT vía satélite para optimizar la gestión hídrica y la agricultura de precisión, con un coste de 12 millones de euros.

Los representantes de la iniciativa han valorado que algunos de los proyectos se han incluido en el Pacto Nacional para la Industria (PNI) que el Gobierno ha pactado con sindicatos y patronal con el horizonte de 2030, que, en conjunto, tiene un presupuesto de casi 5.000 millones de euros. "Se trata de diversificar la economía radicada en Lleida a partir de los recursos naturales de que dispone el territorio para captar inversiones industriales y crear puestos de trabajo cualificado", han asegurado. En cuanto a los inversores, "todos serán bienvenidos, locales y foráneos, siempre que apuesten por las inversiones de impacto", pero con el compromiso de que deben arraigar en el territorio y que la cadena de valor de su proceso industrial debe contar con los proveedores locales, porque se trata de sacar adelante "un modelo que resalte las materias primas que tiene el territorio", han insistido.

La bioeconomía es un elemento clave para esta transformación, porque se fomenta la descarbonización como un factor de competitividad de los sectores económico e industrial, "pero no solo de Lleida sino, por extensión, de toda Cataluña". "Es una oportunidad para Cataluña", han remachado los impulsores.