Las granjas catalanas producen cerca de 8 millones de cerdos al año, pero los mataderos catalanes sacrifican casi 22,5 millones, según datos del Idescat correspondientes a 2024, el año antes de la declaración del foco de peste porcina africana (PPA) en jabalíes. O sea, la industria catalana del porcino sacrifica casi tres veces más cerdos de los que salen de las granjas de su territorio porque llegan de otras comunidades, sobre todo de Aragón.

La comarca de Osona es la tercera de Catalunya en número de explotaciones porcinas y cabezas de ganado, solo superada por la Noguera y el Segrià, pero dispone de una potente industria cárnica que desde hace años se ha enfocado a la exportación. Por eso, a raíz de la declaración del foco de PPA en jabalíes de Collserola el pasado noviembre, que supuso la imposición de barreras a la exportación a toda la provincia de Barcelona, los mataderos de Osona se quedaron sin sus grandes mercados asiáticos. Los industriales sufren las consecuencias, así como los granjeros, que han visto cómo caían los precios.

Pero, más que por la peste porcina, la caída del precio del porcino es por la "sobreproducción" en el conjunto del Estado español, según advierte Josep Puigdollers, presidente de la Llotja de Vic, de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Porcino Selecto (ANPS) y de Gepork, compañía dedicada a la sanidad y genética porcina. Apunta que la sobreproducción de cerdo blanco arrastra los precios a la baja. Pero esta no es la situación del cerdo ibérico, que "está ganando mucho dinero" porque faltan animales en el mercado.

Sobre el hecho de que la provincia de Barcelona esté cerrada a la exportación de porcino, Puigdollers precisa que el principal problema no es que no se puedan colocar jamones, lomos y piezas de calidad, sino que han quedado sin salida otros productos de baja calidad que iban a países asiáticos —como orejas, pies o intestinos— con poca salida en el mercado estatal y europeo.

El impacto no afecta a toda la industria de Osona por igual. Por ejemplo, indica que los elaboradores de "fuets y longanizas" no se han visto afectados porque el producto se consume sobre todo aquí, pero una situación distinta es la de los mataderos. A causa de la actual crisis, han suprimido una jornada de sacrificios a la semana. Y han aplicado despidos y expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE).

Fuentes de la industria del porcino, que piden anonimato, confirman las anteriores posiciones de Puigdollers y subrayan que, en el fondo, la actual crisis del porcino "no es un problema de la provincia de Barcelona, ni de la peste porcina, sino de la devaluación del precio de las piezas de carne", que no es un fenómeno únicamente del Estado español, sino europeo. La razón de esta devaluación es la sobreproducción, que "ha inundado el mercado de carne". Además, recuerdan que el sector compite con otras potencias del porcino, como Brasil, que produce a costes mucho más baratos y que vende a todo el mundo.

Sin embargo, asumen que para la industria del porcino de la provincia de Barcelona —centrada en Osona, si bien también hay importantes mataderos en el Bages y en la Anoia—, las barreras a la exportación impuestas por el brote de PPA han supuesto una drástica pérdida de márgenes comerciales y de competencia. Por ejemplo, impusieron barreras Japón —donde se destinan sobre todo piezas enteras de beicon, que suponen el 15% del peso del animal en canal—, Filipinas —beicon y otros productos— y, sobre todo, China —que adquiere lo que aquí se consideran subproductos del cerdo, como partes del aparato digestivo, pies, cartílagos, arterias..., que en el mercado español y europeo tienen escasa demanda—. Una salida para estos excedentes es transformarlos en harinas para piensos.

Los mataderos de la provincia de Barcelona, que dan trabajo a 7.000 personas, están perdiendo dinero con la actual crisis, que fuentes del sector calculan entre 12 y 15 euros por cerdo. Y los de Osona sacrifican entre 125.000 y 130.000 animales a la semana. Apuntan que alguno exportaba más del 60% de la producción, con China y Filipinas como primer destino. Evitan identificarlos, pero reconocen que no es lo mismo un grupo empresarial con mataderos repartidos por varias comunidades o países que otro que solo tiene presencia en la comarca, que son los que lo están pasando peor.

Estas fuentes aseguran que mataderos de Girona y Lleida continúan "en verde", como la mayoría de los del Estado, pero este no es el caso de los de Barcelona, precisamente por su dependencia de la exportación. A preguntas de ON ECONOMIA, los grandes grupos evitan pronunciarse y se remiten a las posiciones defendidas desde las patronales del sector.

En Osona hay grandes mataderos que pertenecen a importantes grupos cárnicos como Esfosa —propiedad de Costa Food (78,95%) y Embotits Subirats (21,05%)—, Le Porc Gourmet (Grupo Jorge) o Patel (Vall Companys), pero también otros controlados por familias locales como Mafriges (hermanos Puigvila) o Montronill (Castañé Sales).

Casa Tarradellas también es un destacado actor en el sector porcino: no tiene un matadero propio –hace años, controló una participación en Esfosa– pero sí varios negocios de engorde de cerdos. Informaciones aparecidas en la prensa lo han situado como el segundo grupo catalán en el segmento de la cría. Además, produce una amplia gama de productos derivados del cerdo para el mercado estatal, sobre todo fuets, jamón cocido y beicon. Y es socio de la familia Batallé, de Riudarenes (la Selva), un gigante de la ganadería y la carne, en la empresa Esporc.

Los industriales consideran que la administración catalana no está actuando con suficiente contundencia para erradicar la peste porcina. Esta semana se han confirmado los dos últimos positivos (375 desde noviembre) en jabalíes, motivo por el cual, en el mejor de los casos, si no se registrara ningún otro, las restricciones en la provincia de Barcelona no se levantarían hasta un año después, en agosto de 2027. Pero el sector es pesimista: creen que la PPA será una realidad durante 2027 y, probablemente, en parte de 2028.

Imagen de una batida de jabalíes para controlar la propagación de la peste porcina africana / ACN

Cuando se levanten las restricciones por la PPA, la recuperación tampoco será inmediata. Los industriales recuerdan el caso de Alemania, donde se detectó en 2020 un brote de peste porcina africana en jabalíes cerca de la frontera con Polonia, que acabó afectando a los cerdos de granja. En la actualidad, todavía no han recuperado un 25% de la actividad anterior al brote.

Aunque la PPA no afecta a las personas ni se transmite por el consumo de carne, la declaración del foco de Collserola ha impactado en toda la cadena de valor del porcino, especialmente en los ganaderos. Unió de Pagesos calcula que las granjas catalanas han acumulado pérdidas de 100 millones de euros solo en el primer semestre de 2026. Según sus datos, los agricultores han perdido de media 19,62 euros por cerdo sacrificado. La media del precio en la Llotja de Lleida se ha situado en 1,18 euros por kilo, cuando los costes de producción alcanzan 1,34 euros por kilo. La comarca de Osona tenía 609 explotaciones porcinas en 2024, que equivalen al 11,5% de toda Catalunya, según el último censo del Idescat.