La bolsa española ha iniciado la sesión de este jueves con un leve retroceso que la ha situado por debajo del umbral psicológico de los 17.300 puntos, en una jornada marcada nuevamente por la evolución de los precios energéticos y por la persistencia del conflicto bélico en Oriente Medio. A primera hora de la mañana, el Ibex-35 registraba una caída del 0,34%, hasta los 17.292 puntos, con la mayoría de los valores cotizando en terreno negativo. Los descensos más acusados en la apertura los protagonizaban IAG, con una pérdida del 1,5%; Grifols, que caía un 1,3%; y Puig, que se dejaba un 1,2%. El sector financiero también empezaba la jornada en negativo: BBVA cedía un 0,8%, mientras que el Banco Sabadell y el Santander retrocedían un 0,76% y un 0,68%, respectivamente.
En el lado opuesto, los valores que conseguían escaparse de las caídas en los primeros compases de la sesión eran Indra, con un avance del 0,74%; Inditex, que subía un 0,6%; Endesa, con un incremento del 0,5%; ACS, que se anotaba un 0,47%; y Naturgy, que progresaba un 0,4%. Este comportamiento mixto del selectivo refleja la incertidumbre que continúa predominando entre los inversores, pendientes tanto de la evolución geopolítica como de los datos macroeconómicos que se publicarán a lo largo de la jornada.
Los mercados europeos y asiáticos también cotizan en negativo
Los principales índices bursátiles del Viejo Continente han abierto la sesión con retrocesos generalizados. Londres cedía un 0,6%, París caía un 0,4%; mientras que Fráncfort ha experimentado una pérdida más moderada, un 0,1%. Esta tendencia negativa se extiende también a los mercados asiáticos, donde el Nikkei japonés ha cerrado la sesión con un retroceso del 1% y la Bolsa de Shanghái, por su parte, presentaba un descenso más contenido, cercano al 0,1%. Los inversores europeos mantienen la mirada puesta en los acontecimientos en Oriente Medio, pero también estarán atentos este jueves a la publicación de diversos datos macroeconómicos procedentes de Estados Unidos.
Entre los indicadores más relevantes que se darán a conocer a lo largo de la jornada figuran las cifras de renovaciones de subsidios por desempleo y los datos de construcción de viviendas. Estos referentes podrían ofrecer pistas sobre la evolución de la economía norteamericana y sobre las futuras decisiones de la Reserva Federal en materia de política monetaria. La apertura bursátil de este jueves ha coincidido con una nueva escalada del precio del crudo. El barril de Brent, de referencia para los mercados europeos, subía más de un 4% en los primeros minutos de negociación, hasta situarse en los 96 dólares. Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI), que se utiliza como referencia en Estados Unidos, se negociaba alrededor de los 90 dólares, con un repunte también del 4%. Estas cifras, sin embargo, quedan aún por debajo del máximo alcanzado durante la noche del miércoles, cuando el Brent llegó a perforar momentáneamente la barrera de los 100 dólares.
El incremento de los precios energéticos no se ha limitado al crudo. El contrato TTF de gas natural, negociado en los Países Bajos y que sirve de referencia para el mercado europeo, subía cerca de un 3% en la apertura de las bolsas, hasta alcanzar los 51,37 euros por megavatio hora. Esta nueva escalada se produce a pesar del anuncio de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) de poner en el mercado 400 millones de barriles procedentes de las reservas estratégicas de sus países miembros, la mayor liberación de la historia del organismo. Estados Unidos participa en esta operación con la liberación de 172 millones de barriles.
El conflicto en Oriente Medio intensifica la presión sobre el estrecho de Ormuz
La eficacia limitada de la medida de la AIE para contener los precios se explica, en gran medida, por la persistencia del conflicto en Oriente Medio y por las dificultades que enfrenta el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz, una vía navegable clave para el suministro energético mundial. Por este estrecho, que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, circula aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural comercializado a escala global, así como un volumen significativo de gas natural licuado y fertilizantes.
Las hostilidades en la región, desencadenadas por la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán y por las posteriores represalias iraníes, han generado un impacto directo sobre la seguridad de la navegación en el estrecho. Este jueves, las autoridades marítimas del Reino Unido han informado de nuevos ataques con misiles de origen desconocido en aguas del estrecho de Ormuz. Los proyectiles han impactado contra dos petroleros, que han tenido que ser evacuados a causa de los incendios declarados a bordo, y contra un buque portacontenedores, donde también se ha registrado un fuego, aunque de menor magnitud. Estos incidentes se suman a los ataques registrados este miércoles contra otras tres embarcaciones en la misma zona.
La paralización del tráfico marítimo obliga a reducir la producción
La inseguridad creciente en la estratégica vía de agua ha provocado una paralización del tráfico marítimo en la zona, lo cual ha obligado a los países productores del Golfo a reducir su producción de crudo y gas. Esta disminución de la oferta disponible, sumada a la incertidumbre sobre la duración del conflicto, está alimentando una espiral alcista de los precios energéticos que los mercados financieros ya descuentan con preocupación. Los ataques repetidos contra buques mercantes y la imposibilidad de garantizar la seguridad de las rutas marítimas añaden una prima de riesgo creciente al coste del crudo y del gas.
En este contexto de escalada bélica y tensiones geopolíticas, los inversores mantienen la prudencia y buscan refugio en activos considerados más seguros. En el mercado de deuda, el interés del bono español a diez años escalaba hasta el 3,414%, reflejando un aumento de la prima de riesgo exigida para los activos de renta fija de los países periféricos de la zona euro. En cuanto al mercado de divisas, el euro perdía posiciones frente al dólar y se intercambiaba a 1,1554 dólares por unidad, en un contexto de fortaleza de la moneda norteamericana como valor refugio.
