El mercado del petróleo vive este jueves una jornada de fuertes tensiones alcistas. El barril de Brent, de referencia para los mercados europeos, roza la cota psicológica de los 100 dólares después de dispararse más de un 8% en pocas horas. Este repunte sitúa el crudo en cotas que no se registraban desde los primeros compases de la guerra en Oriente Medio, un conflicto que continúa marcando inexorablemente la evolución de los precios energéticos a escala planetaria y que ha dado un vuelco completo a los pronósticos que apuntaban a una estabilización del mercado durante los próximos meses.

La misma tendencia al alza se constata en el West Texas Intermediate (WTI), el crudo de referencia en Estados Unidos, que cotiza alrededor de los 94 dólares por barril después de alcanzar máximos que lo han llegado a acercar a los 95. Este estallido alcista tiene lugar en un contexto de profunda inquietud entre los operadores del sector, que ponen en duda la eficacia de las medidas adoptadas por los organismos internacionales para minimizar la crisis de oferta y que observan con creciente preocupación cómo la escalada bélica en Oriente Próximo no solo no se detiene, sino que abre nuevos frentes de incertidumbre cada día que pasa.

El repunte de los precios se produce en un momento particularmente delicado para la economía global, que aún no se ha recuperado completamente de los efectos de la inflación energética de los últimos ejercicios. Las bolsas europeas han recibido la noticia con caídas generalizadas, mientras que el dólar se ha apreciado como activo refugio ante la incertidumbre que genera este nuevo capítulo de volatilidad en los mercados de materias primas. Los analistas financieros advierten que si los precios se mantienen en estos niveles durante un período prolongado, las consecuencias para el tejido productivo y para las economías domésticas podrían ser significativas, especialmente en aquellos países con mayor dependencia de las importaciones energéticas.

Una inyección de reservas histórica no logra calmar a los inversores

Los esfuerzos de la comunidad internacional para contener la escalada de precios no han dado, de momento, los frutos esperados. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) anunció ayer la movilización coordinada más elevada de reservas estratégicas de crudo desde su fundación. Los 32 miembros del organismo liberarán cuatrocientos millones de barriles procedentes de sus depósitos de emergencia, una cifra sin precedentes en la historia de este organismo, creado durante la crisis del petróleo de 1973 y que no había tenido que afrontar un reto de esta magnitud en sus décadas de existencia. Este volumen extraordinario de crudo abocado al mercado pretendía contrarrestar los efectos del bloqueo energético derivado de las hostilidades en Oriente Medio, donde las infraestructuras petroleras han sido objeto de ataques y donde las principales rutas de navegación han visto interrumpido el tráfico de petroleros en varias ocasiones.

No obstante, lejos de tranquilizar a los inversores, la medida ha puesto de manifiesto la gravedad de la situación. Los analistas consultados subrayan que el anuncio de la AIE evidencia el grado de excepcionalidad de la coyuntura actual, lo cual acentúa la incertidumbre y revierte en un ambiente de nerviosismo que acaba alimentando nuevas subidas en un círculo vicioso del cual es difícil salir sin un cambio significativo en las condiciones geopolíticas de la región.

La decisión de la AIE, aunque histórica en términos cuantitativos, ha sido recibida con escepticismo por buena parte de los operadores, que recuerdan que medidas similares en el pasado tuvieron efectos solo temporales sobre los precios. Además, el hecho de que se haya tenido que recurrir a este mecanismo de emergencia es interpretado por el mercado como una señal de alarma sobre la fragilidad real del suministro global, lo cual introduce un elemento adicional de preocupación entre los grandes consumidores industriales.

Los expertos coinciden en señalar que las inyecciones de reservas, por masivas que sean, constituyen una medida paliativa con efectos limitados en el tiempo. La atención de los mercados se centra ahora en la capacidad real de reponer la normalidad en las rutas de suministro, especialmente en puntos neurálgicos como el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del crudo mundial. Esta estrecha vía de agua, que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, es considerada la ruta energética más importante del planeta, con un volumen de tráfico que supera los veinte millones de barriles diarios, equivalentes aproximadamente al 20% del consumo mundial.