La gran mayoría de los conductores que utilizan habitualmente las autopistas de peaje en el Estado lo hacen porque las perciben como la alternativa más rápida para sus desplazamientos. Así se desprende de un estudio impulsado por la Universidad Politécnica de Madrid y la Fundación Abertis que ha analizado las preferencias y los hábitos de conducción de los usuarios de estas infraestructuras. Según los datos recogidos, el 81% de los encuestados sitúa la velocidad y la conveniencia al frente de los factores que influyen en su decisión de pagar peaje. El informe se presentó en el marco de la ceremonia de entrega del Premio Cátedras Abertis España 2026, una jornada que reunió a expertos del sector para debatir sobre innovación, digitalización y los retos de futuro de las redes viarias. La muestra, formada por 1.667 entrevistas a conductores que circulan habitualmente por vías de peaje, ofrece un retrato detallado de las preferencias y las demandas de un colectivo que cada año genera millones de trayectos por la red de autopistas estatales.

Entre los argumentos que citan los conductores para justificar su elección, el ahorro de tiempo aparece en primer lugar, mencionado por el 63% de los encuestados. Este factor dobla en importancia la comodidad durante el trayecto, que solo es destacada por el 45% de los participantes. El tercer lugar del ranking lo ocupa la fiabilidad para llegar a la hora al destino, un aspecto que preocupa a tres de cada diez conductores consultados. Estas cifras ponen de manifiesto que el usuario medio de una autopista de peaje está dispuesto a pagar un precio más elevado por el billete a cambio de una reducción sustancial de los tiempos de viaje. La certeza de no encontrarse con retenciones imprevistas o con desvíos que alarguen el recorrido es un valor que los conductores aprecian cada vez más, especialmente en trayectos de larga distancia o en desplazamientos por trabajo.

Calidad y seguridad: las autopistas de peaje salen muy bien paradas

El estudio no solo indaga en los motivos de la elección, sino que también compara la percepción que tienen los usuarios de las autopistas de peaje respecto a las carreteras convencionales sin peaje. En prácticamente todos los indicadores de calidad y seguridad, las vías de pago obtienen una valoración muy superior. El 77% de los encuestados considera que el estado del firme es mejor en las autopistas de peaje, mientras que el 70% cree que están mejor mantenidas. En cuanto a la fluidez de la circulación, el 68% de los conductores percibe menos congestión en las vías de peaje que en las gratuitas. Y en cuanto a la sensación de seguridad, el 67% asegura sentirse más protegido cuando circula por una autopista de peaje. Este conjunto de percepciones explican por qué, a pesar del coste adicional, una amplia mayoría de usuarios opta por pagar cuando tiene que hacer un trayecto largo o importante.

Uno de los apartados del estudio que ha despertado más interés entre los expertos es el relativo a las demandas tecnológicas de los usuarios. Las cifras muestran un claro anhelo de más digitalización de los servicios asociados a las autopistas. El 85% de los conductores reclama recibir información en tiempo real sobre accidentes, incidencias u obras directamente en el vehículo, una funcionalidad que todavía no está generalizada en todas las vías. Por otro lado, el 75% de los encuestados apuesta por extender los sistemas de pago sin barreras a todos los vehículos, una tecnología que ya funciona en algunas autopistas, pero que todavía no se ha universalizado. Esta demanda de fluidificación del paso por los peajes es coherente con otro de los datos del informe: actualmente solo el 21% de los usuarios utiliza dispositivos electrónicos para abonar el peaje, pero el 74% afirma que usaría más las autopistas si dispusiera de un aparato gratuito de este tipo.

La penetración de la tecnología móvil en los hábitos de conducción es otro de los fenómenos que refleja el estudio. Siete de cada diez conductores usan aplicaciones para planificar sus viajes, una cifra que evidencia el cambio de comportamiento que ha supuesto la generalización de los teléfonos inteligentes. Las aplicaciones de navegación y tráfico se han convertido en una herramienta indispensable para evitar congestiones, conocer el tiempo estimado de llegada y comparar rutas alternativas, incluidas las de peaje. El uso habitual de estas aplicaciones, además, ha contribuido a hacer más transparente la decisión de pagar peaje. Los conductores pueden calcular con precisión el ahorro de tiempo que obtendrán si eligen la autopista de pago en lugar de la vía gratuita, lo cual ha incrementado la disposición a pagar en aquellos trayectos donde el beneficio temporal es sustancial.

Carriles reversibles y límites variables

En el ámbito de la gestión del tráfico, el estudio revela un amplio apoyo a medidas que hasta hace pocos años eran consideradas experimentales. El 69% de los encuestados valora positivamente la utilización de carriles reversibles, aquellos que cambian de dirección en función de las horas punta, como una herramienta eficaz para reducir los atascos. Por otro lado, el 66% apoya una implantación de límites de velocidad variables, ajustados según las condiciones del tráfico o meteorológicas. Estas medidas, que ya se aplican en algunas autopistas europeas, permiten optimizar la capacidad de la vía en cada momento y reducir el riesgo de accidentes en condiciones adversas. El apoyo mayoritario que reciben entre los usuarios españoles abre la puerta a una extensión de estas prácticas a la red de peaje estatal en los próximos años.

La sensibilidad medioambiental también se hace patente en las respuestas de los conductores. Siete de cada diez encuestados apoya el establecimiento de descuentos para aquellos vehículos que circulen con más de dos ocupantes, una medida que fomenta la reducción del número de coches en la carretera. Además, el 59% defiende que los vehículos menos contaminantes deberían pagar un peaje reducido, como incentivo para acelerar la transición hacia una movilidad más limpia. Estos datos indican que los usuarios de autopistas no solo valoran la rapidez y la seguridad, sino que también están dispuestos a asumir compromisos ambientales si van acompañados de ventajas económicas. La combinación de políticas de precios con objetivos medioambientales es, según los expertos, una de las líneas de futuro más prometedoras para la gestión de infraestructuras viarias.