El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial está poniendo sobre la mesa un debate que hasta hace poco pasaba desapercibido: el impacto ambiental de las infraestructuras que hacen posible su funcionamiento. Detrás de cada consulta a un chatbot, de cada modelo generativo o de cada aplicación de IA hay miles de servidores que consumen electricidad de manera constante y requieren sistemas de refrigeración avanzados para evitar el sobrecalentamiento. Según los datos recopilados por Euronews, Estados Unidos concentra actualmente más de 5.400 centros de datos, la cifra más alta del mundo, mientras que la Unión Europea supera los 2.200. Estas instalaciones, que alojan los servidores que procesan los datos y ejecutan los algoritmos de IA, son las grandes consumidoras de energía del sector digital.

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha alertado de que el consumo eléctrico de los centros de datos podría duplicarse en los próximos años. En 2024, estas instalaciones consumieron 415 TWh, el equivalente al 1,5% de la demanda eléctrica mundial. La previsión para 2030 es que esta cifra alcance los 945 TWh, impulsada principalmente por el despliegue de la inteligencia artificial y el aumento de la demanda de servicios en la nube.

Este incremento coincide con un contexto de temperaturas récord y una presión creciente sobre los recursos energéticos. Según la Agencia Estatal de Meteorología, julio de 2026 ha sido el mes más caluroso registrado en España, dentro de una tendencia sostenida de fenómenos meteorológicos extremos que afectan a la disponibilidad de agua y energía. El aumento de la demanda energética de los centros de datos se añade a las tensiones existentes en un contexto de cambio climático acelerado.

La sostenibilidad, un reto pendiente

Más allá del consumo eléctrico, diversos estudios internacionales han alertado sobre el uso intensivo de agua necesario para refrigerar los servidores y los equipos de alto rendimiento. Los centros de datos utilizan grandes cantidades de agua para mantener la temperatura adecuada de los componentes electrónicos, especialmente en climas cálidos. Un centro de datos puede consumir millones de litros de agua anualmente, lo que genera una competencia por recursos hídricos en regiones donde el agua es escasa.

Esta problemática ha situado la sostenibilidad de los centros de datos entre los principales retos asociados al crecimiento de la economía digital. La localización de estas instalaciones en zonas con recursos hídricos limitados o con temperaturas extremas puede agravar el impacto ambiental. Algunas empresas tecnológicas ya han empezado a adoptar medidas para reducir su huella hídrica, como la reutilización de agua o la ubicación de centros en regiones con clima más frío, pero la expansión de la IA podría dificultar la consecución de estos objetivos.

La IA no es la única responsable del aumento de la demanda energética. La industria tecnológica en conjunto, con la expansión del comercio electrónico, el streaming de vídeo, las redes sociales y los servicios en la nube, es una de las principales consumidoras de energía a escala mundial. La demanda de centros de datos se ha acelerado en los últimos años y se prevé que continúe creciendo a medida que la IA se incorpore a más sectores. El reto para la industria tecnológica es, por lo tanto, doble: garantizar el suministro energético para su expansión y reducir el impacto ambiental de su actividad. Para ello, las empresas del sector están invirtiendo en energías renovables, en la eficiencia energética de sus centros de datos y en tecnologías de refrigeración más sostenibles.

A pesar de estos esfuerzos, la magnitud del crecimiento previsto hace que la sostenibilidad continúe siendo un reto pendiente. El debate sobre el impacto ambiental de la IA es todavía incipiente, pero los datos disponibles indican que su expansión tendrá un coste energético e hídrico considerable. La planificación de las infraestructuras y la regulación del sector serán claves para minimizar el impacto ambiental y garantizar que la transición digital sea sostenible a largo plazo. La combinación del aumento de la demanda energética y las tensiones en los recursos hídricos hace que este sea uno de los retos principales para los próximos años. Las administraciones públicas y las empresas tecnológicas deberán trabajar conjuntamente para garantizar que el desarrollo de la IA no se haga a costa de la sostenibilidad del planeta.