Las personas que han recibido formación en ámbitos como la agricultura, la ganadería, la pesca, la silvicultura y la veterinaria, así como en ciencias naturales, químicas, físicas y matemáticas y en educación, presentan las tasas de paro más reducidas en el Estado. Estas cifras, que se sitúan por debajo de las registradas por aquellos que han optado por otras especialidades o se han quedado en la formación básica, reflejan las diferencias en el encaje laboral según el perfil formativo.
Los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, a partir de la encuesta de población activa del año 2025, ponen de manifiesto que la tasa de paro más baja se registra entre las personas formadas en agricultura, ganadería, pesca, silvicultura y veterinaria, con un 5,11%. Muy cerca se sitúan los graduados en ciencias naturales, químicas, físicas y matemáticas, con un 5,81%. Estos porcentajes contrastan con la media general y evidencian la buena inserción laboral de estos colectivos.
Las especialidades vinculadas a la mecánica, la electrónica y otras formaciones técnicas presentan una tasa de paro del 6,16%, mientras que los ámbitos de salud y servicios sociales y de educación se sitúan en el 7,43% y el 7,49% respectivamente. Negocios, administración y derecho registran un 7,61%, y las tecnologías de la información y la comunicación, un 7,78%.
Todas estas cifras se mantienen por debajo del umbral del 8% y reflejan una demanda sostenida de estos perfiles en el mercado laboral. En el lado opuesto, las tasas de paro más elevadas se concentran entre aquellos cuyo sector formativo es desconocido para el INE, con un 17,85%, y entre las personas que solo han recibido una formación básica, con un 14,08%. Los trabajadores del sector servicios y aquellos formados en arte, humanidades y lengua presentan también cifras elevadas, con un 12,27% y un 10,25% respectivamente.
Diferencias por género en las tasas de desempleo
En la mayoría de los sectores, la tasa de paro femenina es superior a la masculina, una circunstancia que refleja las desigualdades persistentes en el acceso al mercado laboral. No obstante, se observan excepciones en ámbitos como artes, humanidades y lenguas; ciencias sociales, periodismo y documentación; y salud y servicios sociales, donde las mujeres registran cifras de paro más bajas que los hombres. El análisis del INE por ramas formativas revela que la población de 16 años o más formada en tecnologías de la información y la comunicación presentó el año pasado la tasa de empleo más alta entre las diferentes especialidades, con un 81,72%. Esta cifra confirma la fuerte demanda que mantiene el sector digital y la capacidad de estos profesionales para integrarse en el mercado laboral.
El segundo lugar lo ocupan los trabajadores formados en agricultura, ganadería, pesca, silvicultura y veterinaria, con un 76,51% de sus titulados trabajando. El tercer lugar es para los especializados en negocios, administración y derecho, con una tasa de empleo del 73,26%. Completan las primeras posiciones los formados en mecánica, electrónica y otras formaciones técnicas, con un 72,57%, y los de ciencias naturales, químicas, físicas y matemáticas, con un 72,24%. En el extremo contrario, las tasas de empleo más bajas se encuentran entre aquellos que se formaron en sectores desconocidos o poco específicos, con solo un 22,95%, y entre las personas con una formación general y básica, que alcanzan el 39,16%.
Estas cifras ponen de manifiesto las dificultades de inserción laboral que enfrentan aquellos con menos cualificación o con perfiles formativos poco definidos. Por sexos, la tasa de empleo femenina fue superior a la masculina en algunos ámbitos concretos. Las mujeres registraron mejores cifras en ciencias sociales, periodismo y documentación; en mecánica, electrónica y otras formaciones técnicas; y en los sectores de industria y construcción. Estos datos sugieren más presencia femenina en áreas tradicionalmente masculinizadas, a pesar de que aún quedan importantes brechas por cerrar en la mayoría de los sectores productivos.
