El mercado inmobiliario catalán ha comenzado el año con una caída significativa en el número de transacciones. Según los datos del Col·legi Notarial de Catalunya, durante el primer mes del año se autorizaron 7.743 operaciones de compraventa de vivienda en el país, una cifra que se sitúa por debajo de las más de 8.600 registradas en el mismo período del ejercicio anterior. Esta caída del 10,3% representa el descenso más grande de los últimos dos años y refleja una cierta ralentización de la actividad inmobiliaria al inicio del año, tal como ha señalado la vicedecana de la entidad notarial. A pesar de la caída en el número de transacciones, el precio medio por metro cuadrado no ha seguido la misma tendencia bajista. Según las mismas fuentes, el precio se situó en los 2.474 euros por metro cuadrado, lo cual representa un incremento del 10,9% en comparación con enero de 2025.
Esta evolución contrastada, con un descenso de las ventas, pero una subida sostenida de los precios, dibuja un panorama complejo para los compradores potenciales, que se encuentran con un mercado más caro a pesar de que con menos operaciones cerradas. En el ámbito de la financiación, la tónica ha sido diferente. Los préstamos hipotecarios para la adquisición de viviendas en Catalunya se incrementaron un 2,5%, hasta llegar a las 5.003 operaciones. Esta cifra sitúa a Catalunya como un mercado hipotecario de primer orden, ya que representa un 19% del total de hipotecas autorizadas en el conjunto del Estado. La vicedecana del Col·legi Notarial de Catalunya, Raquel Iglesias, ha explicado que estos últimos datos muestran una moderación en el crecimiento de los préstamos hipotecarios después de más de un año y medio ininterrumpidamente al alza, lo cual podría indicar que el ciclo expansivo del crédito hipotecario empieza a dar muestras de agotamiento.
Un mercado que refleja una cierta ralentización al inicio del año
La vicedecana de la entidad notarial ha ofrecido una lectura matizada de las cifras. Por un lado, observa que la caída en las compraventas de vivienda refleja una cierta ralentización de la actividad inmobiliaria al inicio del año, una tendencia que habrá que confirmar en los próximos meses para saber si se trata de un fenómeno coyuntural o estructural. Por otro lado, ha puntualizado que el precio por metro cuadrado de las viviendas continúa creciendo, lo cual indica que la presión sobre los precios no se ha aliviado a pesar de la reducción del número de operaciones cerradas. Esta combinación de menos ventas y precios más altos podría estar reflejando una selectividad más elevada por parte de los compradores, que continúan dispuestos a pagar precios elevados, pero solo para determinados tipos de viviendas o ubicaciones.
Por tipología de vivienda, los datos muestran comportamientos diferenciados. Durante el mes de enero, se completaron 6.176 compraventas de pisos, lo cual representa un descenso del 11,1% en términos interanuales, una cifra que sitúa esta categoría como la más castigada por la desaceleración del mercado. A pesar de la menor demanda, el precio medio de estas operaciones fue de 2.807 euros por metro cuadrado, un 10,6% más respecto al mismo mes del año anterior. Este encarecimiento del precio de los pisos, especialmente acentuado en las grandes ciudades y las áreas metropolitanas, podría estar contribuyendo a expulsar del mercado a una parte de los compradores potenciales con menor capacidad adquisitiva.
En cuanto a la compraventa de vivienda unifamiliar, la tendencia ha sido similar, pero con una intensidad menor. Se autorizaron un total de 1.566 transacciones, un 7% menos en comparación con enero del año anterior. Dentro de esta categoría, el precio medio se incrementó un 8,4%, elevándose hasta los 1.839 euros por metro cuadrado. Este comportamiento, con una caída de ventas menos pronunciada que en el caso de los pisos, podría reflejar un cierto refugio de la demanda hacia tipologías de vivienda que ofrecen más espacio y autonomía, una tendencia que ya se observó en los años posteriores a la pandemia y que parece mantenerse, aunque de manera más atenuada. En conjunto, los datos de enero dibujan un mercado inmobiliario catalán que entra en una fase de incertidumbre, con indicios de desaceleración en el número de operaciones, pero con unos precios que se resisten a bajar.